El Correo

Un mundo repleto de variedades

Un mundo repleto de variedades
  • El Centro de Estudios Micológicos T. Mariano Losa reúne en su muestra anual más de 280 especies

Ir caminando por el monte, metido en un bosque e ir viendo las diversas especies de setas que hay en él. En esta situación, mucha gente no sabría diferenciar ninguna de las variedades con las que se tropieza, otros tan solo serían capaces de distinguir con seguridad algunos ejemplares, pero solo unos pocos se mostrarían convencidos de qué especies son la mayoría de las que se encuentran bajo el manto de las hojas.

Para tratar de acercar un poco más el mundo de la micología al aficionado de la recolección, el Centro de Estudios Micológicos T. Mariano Losa ha realizado sus jornadas desde el pasado viernes hasta la de ayer. En total, tres días en los que se ha podido aprender por parte de los asistentes algo más de las setas del entorno de la ciudad, con la exposición micológica como punto fuerte celebrado en el Conservatorio.

El presidente de la asociación organizadora, Luis Abadía, se mostró «muy satisfecho» por el resultado final de la búsqueda realizada en los últimos días y que permitió esta típica iniciativa de otoño. Una labor de última hora, imprescindible para poder presentar una muestra con diversidad de especies, algo que en esta temporada no era nada fácil. De hecho, el resultado final se consiguió pese a que el punto de partido era complicado, por lo escaso de las precipitaciones en las últimas semanas y las altas temperaturas.

Un condicionante capital para este mundo como es el climatológico, que hizo pensar en que llegar a las 150 especies sería una variedad suficiente teniendo en cuenta los condicionantes. Pero al final, este número se ha superado con creces, porque consiguieron «más de 280 especies», resumió Abadía, que aclaraba que otros años, en mejores condiciones, se superaban los 300 tipos de setas en esta muestra.

Para poder reunir todas las conseguidas, la agrupación micológica se ha tenido que mover, para tratar de suplir la escasez. «Yo he traído desde Zamora», explicó el presidente, aunque la mayoría han sido recolectadas en los montes próximos a Miranda. Lugares sombríos «desde la zona de Otxandio hasta la de Izarra, Altube y Gorbea», enumeró Abadía, quien confesó que estos últimos sitios han sido especialmente fructíferos en esta temporada.

Al ser preguntado por las rarezas localizadas, Abadía se mostró convencido al coger al Buchwaldoboletus Hemichrysus. Un boletus recogido en Zamora cuya característica es que «sale sobre madera», mencionó Abadía, como el aspecto que hace diferente a esta variedad.

Al margen de las más raras, en la muestra también se pudieron ver algunas más conocidas por el gran público. Especies más comunes en las cestas de los mirandeses que han tenido suertes dispares este año, puesto que por ejemplo Abadía advirtió de la mala temporada de los níscalos, aunque con las abundantes lluvias de este fin de semana aclara que todavía pueden salir. Por el contrario, Abadía señaló la buena campaña de boletus que se ha podido disfrutar. En especial indicó momentos como «finales de septiembre y principios de octubre», en los que hubo buenos momentos para poder conseguir llenar la cesta.

Todavía ahora se están cogiendo, aunque el presidente aclaró que ellos no pudieron coger demasiados por la gran presión que tiene en la actualidad este hongo. Un factor que hace que se siga planteando el factor de los cotos, limites o las tasas para la recolección. Un debate que parece que va a menos y en el que desde el Centro de Estudios Micológicos, su presidente argumenta que es partidario de aplicar cobros «para aquellas personas que tengan un fin lucrativo». Pero más allá de cobrar por coger setas del monte, Abadía afirma que a él le parece una buena medida la tomada en la diputación de Álava de coger «dos o tres kilos por persona y día». Una legislación encaminada, en su opinión, a concienciar a las personas a no llevarse más de lo necesario, sin tocar el bolsillo de antemano.

Esta última idea, la de concienciar, es uno de los puntos de partida de las asociaciones micológicas. Una tarea en una ciudad en la que, como confiesa Abadía, hay mucha afición a coger setas, pero el interés baja en cuanto al estudio. «Nosotros somos unos frikis», ironizó Abadía, quien confesaba que en su caso si ve «una seta de un centímetro que nunca he visto me llena totalmente». Una posición, la de ir más allá de la simple recolección que comparten en la actualidad 42 personas que pertenecen a este centro de estudios.

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