El Correo

UNA DIVERSIÓN A GOLPE DE MÚSICA

UNA DIVERSIÓN A GOLPE DE MÚSICA
  • Bailar es una actividad que esconde un ejercicio físico pero también es sin duda una expresión artística que tiene hueco en el tiempo de ocio de los mirandeses

Sentir la música y disfrutar de ella pero no solo desde un punto de vista pasivo. Ésta es una predisposición con la que los pies son capaces de tomar vida propia o con la que aparece una cadera, en teoría oculta, entre el tronco y las piernas. En definitiva se trata de dejarse llevar, de permitir que el cuerpo sea participe de un ritmo, con la diversión como telón de fondo.

Esto es lo que consiguen los amantes del baile. Todo un mundo en el que los hay de muchos tipos: de salón, latinos, sevillanas, urbanos y un largo etcétera. Una extensa lista, de una actividad que no solo se mantiene sino que crece en la ciudad, donde numerosas disciplinas artísticas se pueden aprender en diversos espacios. De esta manera, se continúa difundiendo una forma de ocio, que los profesionales sostienen que está destinada a todo tipo de personas. No existe eso de no saber bailar, defienden, de una manera unánime.

Una de las profesoras que más tiempo lleva dando clases en Miranda es Karmele Pascual. En la actualidad enseña sevillanas, flamenco y bailes de salón dentro de las iniciativas de la Asociación de Amas de Casa. Una actividad de la que habla con pasión, sin complejos y de la que afirma convencida que «el baile es un arte y al mismo tiempo es una medicina para el espíritu». Una manera de limpiar la cabeza de las preocupaciones del día a día, explica Karmele, que tiene claro que por si fuera poco, supone un «ejercicio muy sano».

Ella no es la única profesional que enseña a bailar a todas las personas que se acercan hasta esta asociación para poder disfrutar de la música. Anna Moreno también imparte clases en las Amas de Casa, en concreto de salsa y de bachata. Como Karmele, también defiende que es un entretenimiento «para todas las edades», puesto que añade que bailando «todo el mundo es capaz de divertirse». Un factor este último, que es uno de los propósitos que persigue Anna en sus clases, al margen de otros como el ejercicio o el propio de aprender a bailar.

Respecto al tema de las edades para comenzar a dar los primeros pasos, desde el Estudio de Danza de Motserrat Comerón explican que en sus aulas hay cabida desde los cuatro años en adelante. Toda una horquilla en la que Montserrat, su responsable, explica que hay sitio para todo tipo de alumnos, puesto que como ella misma afirma: «Cada persona tiene su estilo».

Dentro de toda esta variedad en las personas que se acercan a aprender cualquier estilo en concreto, aparece el género masculino, aunque sigue siendo una minoría respecto a las mujeres que dan el paso. Para tratar de explicarlo no hay mejor testimonio que el de Felipe Estébanez, que en la actualidad forma parte de Estilo Swing y que enseña los fundamentos de este estilo. «A los hombres no sigue costando», lamenta Felipe, quien confiesa que él mismo también tenía la sensación de que jamás sería capaz de dejarse llevar al son de la música.

Ese miedo a dar el paso, a superar las barreras del ridículo hace que muchos de los que se ponen a ello lo hagan empujados por ellas. «Las chicas son las que arrastran a sus parejas», apunta Felipe, aunque hay estilos musicales como los que tienen que ver con las danzas urbanas que seducen más a los jóvenes. Esto es lo que se ve en el Estudio de Montserrat, pero en los estilos más tradicionales como los bailes de salón o el propio Swing, donde la pareja se impone, los hombres sienten un reparo casi por naturaleza. «Parece un tema tabú porque tienen el lema de que eso es para mujeres», advierte Anna.

Al igual que lo que defiende Felipe, Karmele también explica que en muchas ocasiones son las mujeres las que arrastran a los maridos hasta la clase de baile. De hecho, la profesora confiesa que a sus alumnas las lanza el siguiente mensaje: «Encargaros de traerlos, que ya me encargaré yo de dejarlos aquí». Una afirmación en la que juega un papel importante que sean capaces de dar ese primer paso, para dejar atrás prejuicios. Unas ideas preconcebidas que se mantienen hoy en día en algunos casos, aunque Karmele sí que aclara que «he notado un aperturismo en cuento a los hombres».

Elemento social

Al margen del ejercicio, de la diversión o del papel masculino en el baile, todos los profesores señalan a esta actividad como un elemento sociabilizador. Y es que por una parte, bailar supone un entretenimiento que puedes realizar con tu pareja. Una diversión y ejercicio común, en la que poder gastar el tiempo de ocio. En definitiva «algo compatible», apunta Karmele.

Pero esta actividad va mucho más allá que la relación que se pueda mantener entre dos personas. Por ello Felipe apunta al «componente social» que hace que entorno a una actividad como es bailar, se monte todo un mundo de relaciones. Una conclusión que va estrechamente ligada a conocer los fundamentos de un estilo puesto que «la gente normalmente va a clase para luego poder bailar y conocer gente», zanja Felipe.

En el caso de las Amas de Casa también sirve para que los alumnos de sevillanas puedan asistir a alguna feria en la que poder disfrutar de lo aprendido. Pero sobre todo, como dice Anna, la música y el baile es un elemento más para «conocer gente con un poco de risoterapia».

Esto, el ampliar el círculo de amistades, es algo que también secunda Montserrat que también incluye en este factor sociabilizador las competiciones que se realizan. Un elemento que va más allá de una mera necesidad de ser bueno o malo, sino que supone un aliciente, para los más jóvenes pero también para los mayores de poder «subirse al escenario» y mostrar todo lo aprendido en las clases.

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