El Correo

Los arquitectos destacan el valor urbanístico de Los Ángeles

El reconocimiento tendrá lugar el lunes a las 17.00 horas.
El reconocimiento tendrá lugar el lunes a las 17.00 horas. / AVELINO GÓMEZ
  • El colegio profesional de Burgos colocará una placa en su iglesia para recordar la catalogación dentro del movimiento moderno Docomomo

Los cambios urbanísticos que ha vivido el entorno, sin ningún tipo de protección arquitectónica, o el hecho de que algunas construcciones formen parte de una instalación fabril cerrada hace años, hacen que en ocasiones pase inadvertido el valor urbanístico de todo un barrio como el Poblado de Los Ángeles, incluida su iglesia. En ella ha querido poner el foco el Colegio de Arquitectos de Burgos, que el lunes celebrará en Miranda el Día Internacional de la Arquitectura colocando una placa en un templo que forma parte del registro de equipamientos modernos de la fundación Docomomo, entidad que vela por la documentación y conservación de la arquitectura del movimiento moderno.

La construcción, inaugurada en 1958, fue diseñada por el artista Alejandro Almarcha, con un proyecto firmado por Eusebio Calonge. En ella destacan dos volúmenes, su nave única y la torre con un frente acristalado;pero también algunas ideas y soluciones modernas combinadas con otras más tradicionales. Entre las primeras Docomomo destaca en su catálogo «la limpieza volumétrica de los dos cuerpos y su conexión, la severidad del espacio interno o el frente abierto de la torre, que actúa como transparente del presbiterio» y, entre las segundas, «el peso simbólico de la torre, que se yergue como imagen reflejada de la chimenea de la fábrica».

La colocación de la placa en ese templo sí catalogado pretende ser un acto testimonial que se completará con una visita a su interior y a un poblado creado a modo de «ciudad jardín» y que también es digno de un reconocimiento. Aunque carezca de catalogación «todo es un conjunto, todo se hizo a la vez, con el mismo fin y criterio». Algo que ahora puede pasar desapercibido por la sustitución de esas construcciones por casas y chalets de nuevo diseño. «Es algo habitual cuando no hay una norma que lo proteja. Al final, cada uno con su propiedad hace lo que le gusta o considera más oportuno y eso conlleva la pérdida de la idea inicial», valoró la arquitecta mirandesa Cristina Barrón.

No será posible incluir en el recorrido las instalaciones de la antigua Fefasa, al no obtener autorización para ello de los administradores concursales de la papelera que en su última época formó parte de la multinacional sueca Rottneros. «Teníamos mucho interés, pero no ha podido ser», reconoció.

Aún así tienen claro que tratarán de completar el recorrido por un barrio en el que este año han querido poner el foco para «hacer un reconocimiento a todo el conjunto, a una forma de hacer arquitectura y urbanismo; aunque la placa se pondrá en la iglesia porque es la única que forma parte del registro Docomomo», explicó.

Se trata, más allá de dejar constancia del reconocimiento por escrito, de dar visibilidad a lo que se hizo y a lo que queda; aunque pase inadvertido para la mayoría, como en el caso de los dos edificios de Eduardo Torroja (uno de los cuatro ingenieros que más influyeron en el desarrollo técnico y estético del hormigón) que se conservan en el interior de las instalaciones de la papelera. «Era un ingeniero con mucha sensibilidad arquitectónica», destacó.

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