El Correo

«Nos queremos integrar en la sociedad; huir del aislamiento»

  • La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días celebró ayer en Logroño una sesión de puertas abiertas para darse a conocer

Al común de los mortales, cuando se le pide que explique qué sabe de los mormones apenas pasa de la descripción de dos jóvenes con traje que llaman puerta por puerta para dar a conocer el Evangelio. Para erradicar estas dudas y, de paso, mostrar su flamante nueva sede en Fardachón, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días celebró ayer una jornada de puertas abiertas.

Guiados por Saulo Franco (presidente de Estaca, el equivalente a un obispo católico, para el norte de España) los invitados fueron conociendo sala a sala las dependencias y la filosofía de la única iglesia (o ‘capilla’, como ellos la conocen) de la región, en la que viven alrededor de 360 mormones.

La nueva instalación, edificada a partir de los propios fondos de la organización religiosa, presenta algunas particularidades respecto al resto de credos. Por ejemplo, la primera estancia que encuentra el visitante es el ‘Centro de historia familiar’, en el que cualquiera (sea miembro de la iglesia o no) tiene acceso a microfilms de partidas bautismales para completar su árbol genealógico «con antepasados de hasta el siglo XVI».

Otra singularidad es su gran pila bautismal, de dimensiones más propias de una piscina, pues el bautismo se realiza en su credo por inmersión. Los asistentes pueden presenciarlo en una balconada y, para no perder detalle, hay instalado un espejo inclinado sobre el techo.

No obstante, otros de los elementos distintivos de la iglesia torcieron el gesto a varias de las mujeres que se acercaron a conocer de cerca esta instalación. La segregación sexual está más que presente en su institución: la sala para mujeres está equipada con máquinas de coser («tienen un peso activo muy grande dentro de la organización», explicaba Franco) y los adolescentes también aprenden el evangelio en salas separadas.

«Defendemos la castidad hasta el matrimonio porque imprime valores y disciplina a los chicos», explicaba el jefe de Estaca, quien también destacó la vocación de servicio comunitario de su organización: «Nos queremos sentir integrados en la comunidad, nuestra convicción es huir del aislamiento».

La visita finalizó en el gran salón sacramental, en el que cada domingo se celebran las reuniones de la feligresía, en las que «cualquier miembro puede tomar la palabra durante la celebración» y el sacramento no se produce con vino, sino con agua: «Así la iglesia puede llegara todo el mundo», subrayó Franco.

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