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Una mujer mira a la calle en un centro de atención a víctimas de malos tratos.
Una mujer mira a la calle en un centro de atención a víctimas de malos tratos. / EL CORREO

«Todos somos posibles fuentes de ayuda»

  • Sanitarios y ciudadanos deben prestar atención a la vida social de la posible víctima para acabar detectando el maltrato y ayudar

  • Psicólogos y criminólogos ofrecen pautas para descubrir a la víctima de violencia de género y asesorarle

Desde fuera todo parece más sencillo sobre violencia de género: ¿por qué no les dejan?, ¿por qué no denuncian? La realidad lo complica. En vísperas de la celebración del día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el próximo viernes, a menudo se oye la frase «tolerancia cero». También se demanda a la sociedad implicación para visibilizar un problema que sufren miles de mujeres en este país y en La Rioja.

«Todos somos posibles fuentes de ayuda. El problema está en que si una mujer se aísla por su situación y nos limitamos a tratar con ella poco más que en el ascensor un ‘hola, ¿qué tal?’ es muy difícil ayudarle. Lo que se puede hacer es una función de acompañamiento, porque son ellas las que tienen que romper», apunta José Luis Jalón, doctor en Psicología de la Dirección General de Justicia e Interior.

Pero, ¿y cómo hacerlo?, ¿cómo detectar que alguien está siendo maltratada? «En cuanto a los sanitarios, si aparece una mujer con una sintomatología de tipo ataques de ansiedad, cambios de humor, tristeza... en vez de ser directos en las preguntas se debe tratar de valorar el contexto de la persona con cuestiones como: ¿sales?, ¿haces actividades fuera de casa?, ¿y en casa qué tal? Y ahí, según sus respuestas, se perciben detalles», explica Bárbara Romo, jurista y criminóloga de la Oficina de Asistencia a la Víctima del Delito (OAVD), que junto a Jalón está ofreciendo formación a profesionales médicos de Atención Primaria y Especializada para posibilitar ese descubrimiento del problema en sus propias consultas.

A menudo las contestaciones de la víctima varían en función del momento en el que se encuentra. «La violencia funciona como un círculo, con unas fases de calma o de estallido. Y cuando están post-estallido va a ser más dada a contar su situación que cuando lo está en fase de calma o luna de miel que se llama», detalla Romo, «pero como los médicos suelen tratar en diversas épocas con la víctima está bien que vayan generando ese acercamiento para que les acabe contando lo que le ocurre».

Atención a detalles

Como ciudadanos hay otras opciones para descubrir quién es víctima. «Tenemos que plantearnos, por ejemplo, por qué hay mujeres que nunca van a las cenas de madres del colegio, o por qué nunca pueden salir con sus amigas, o por qué cuando está su pareja delante pasan a una sumisión total: esa es la detección que hay que hacer para llevar a cabo el posterior acompañamiento», subraya Jalón. Y va más allá. «El mayor detalle que puede haber para detectar a la víctima es su historia de socialización: casos que no tienen amigos; personas que han sido amigos íntimos que pasan a ser enemigos de la noche a la mañana; mujeres que no tienen vida social; quien describe una historia de afecto con sus padres traumática donde no se ha sentido querida por ellos y muchas veces el maltratador busca eso». Para alcanzar esa información, «lógicamente tenemos que pasar tiempo con ellas, porque el tema de la socialización es el mayor factor de riesgo que tiene una mujer para caer en la violencia».

Cuando hay más implicación con la persona «hay que ser más cuidadosos, no intentar forzar porque puede ocurrir el efecto contrario y que se alejen», reconoce Romo. Es decir, «no ser muy directo con las cuestiones porque la víctima está en un estado de vulnerabilidad tan alto que se va a sentir invadida». Además, es preciso evitar, tanto profesionales sanitarios como amistades, hablar mal del maltratador con ella. «Es mejor cosificarlo y referirse a él de una manera muy aséptica, no cayendo en el insulto ni en los juicios de valor porque quizás tiempo después, cuando la víctima se calma, se lo acaba contando a él y eso se vuelve en contra».

Y es que el maltratador es «bastante probable que le esté mandando mensajes como ‘no hagas caso a tus amigas, a tu familia, te van a poner en mi contra’ ‘ves cómo te dicen que soy malo», añade Romo. «En esos casos, siempre que no sean temas de mucho riesgo, lo más adecuado es invitar a la mujer a un servicio, como el nuestro u otros, para que se le oriente y escuche con total confidencialidad y que lo acabe contando, que es lo importante», apunta la jurista y criminóloga de la Oficina de Asistencia a la Víctima del Delito.

Cómo actuar

Entonces, ¿no se debe denunciar externamente? «Si ella no quiere es mejor remitirle a otros servicios previos que le preparen para dar el paso de denunciar. Otra cosa es que sea algo muy grave o con implicación de menores en los que hay que tomar medidas de denuncia. O por ejemplo si estamos en nuestra casa y escuchamos malos tratos continuos de los vecinos sería conveniente llamar a la Policía para que vea la situación y sea quien valore la intervención», concluye Bárbara Romo.

En cifras, desde enero hasta el 31 de octubre, la Oficina de Asistencia a la Víctima del Delito del Gobierno de La Rioja ha atendido a 512 casos de violencia de género y doméstica, de los cuales 387 han sido de género.

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