El Correo
Lección de eficacia en Valdebebas
/ Gesto cómplice de Sergio Rodríguez, entrenador debutante, hacia su banquillo. ROBERTO PADILLA

Lección de eficacia en Valdebebas

  • Sergio Rodríguez tuvo el debú soñado: se apoyó en un trío de veteranos y luego supo cambiar el ritmo del partido (0-4)

  • La UDL marcó de todas las maneras: tras un error del rival, a la contra, de cabeza y de penalti

Empieza bien la era post Pouso en la UD Logroñés. A expensas de saber si será su sustituto definitivo, Sergio Rodríguez se estrenó como entrenador del primer equipo con una contundente victoria en uno de los feudos más complicados del grupo: el Di Stéfano. Una lección de efectividad le valió a los blanquirrojos el triunfo más convincente del curso. El triángulo Miguel-Caneda-Pazó fue decisivo. El portero lo paró todo; los centrales, además, marcaron.

El cambio de entrenador en el equipo riojano se notó sobre todo en el ánimo. No es por tirar por tierra todo el gran trabajo de Carlos Pouso en los dos últimos dos años y medio, pero cuando se produce un cambio de entrenador, los futbolistas siempre recuperan la motivación. Sin complejos, el Logroñés saltó a jugarle de tú a tú al Castilla, con una presión alta iniciada por Mendi y Chevi en punta, y arrebatándole el balón al equipo blanco.

Sin embargo esa presión y ese dominio de la pelota solo duró los primeros minutos. No es que la UDL se echara atrás, pero los locales que habitualmente aburren (literalmente) a sus rivales con el balón en posiciones estériles, se adueñaron de la posesión. Pero sin profundidad, y por lo tanto, sin hacer daño, en parte también por el buen hacer de la zaga, que evitó que Miguel tuviera que esforzarse.

El que sí que se tuvo que esforzar fue Carlos Abad, para repeler un buen disparo de Espina desde la frontal, minutos antes del primer gol. Era el minuto 25, Muneta botó un córner a la izquierda de Carlos Abad. El meta pasó de héroe a villano, al repeler al centro y sin contundencia el balón con los puños. El balón fue a caer ante César Caneda, que medio cayéndose tras el salto remató cruzado el 0-1.

El gol hizo recargar la tan necesitada moral de los futbolistas blanquirrojojs (ayer de azul). La UDL recuperó algunos metros ante un filial que comenzó a perderse, y en poco más de diez minutos habían sentenciado el choque. Nueve minutos después del primer tanto, tras una buena triangulación en la línea de creación entre Muneta, Chevi y Paredes, éste último centró casi desde el córner al interior del área. En el primer palo pero cerca de la frontal esperaba el iniciador de la jugada, Muneta, que soltó un zapatazo y coló el balón por toda la escuadra. Y con el Castilla completamente ‘grogui’, tres minutos después Adrián Pazó hizo el tercero con un cabezazo impecable sin oposición, a placer, para sentenciar el partido.

El 0-3 espoleó al Castilla, que reaccionó tímidamente antes del descanso. Miguel le ganó el mano a mano a Sergio Díaz, sacándole el balón estirando la pierna diestra, en un aparada más típica de balonmano o fútbol sala en la última acción de una primera mitad de ensueño.

Tras el paso por vestuarios, se preveía un acoso y derribo del filial blanco, más por vergüenza y rabia, que por posibilidades reales de remontada. El primero en intuirlo fue Sergio Rodríguez, que hizo a su equipo retroceder metros. El técnico dispuso de dos líneas de cuatro muy juntas, en apenas tres metros, ante el acoso madridista, que salió completamente volcado sobre el área defendida de Miguel.

A pesar del resultado, parecía que se le iba a hacer larga la segunda mitad a la UD Logroñés, sobre todo como el Castilla lograra anotar. Sin embargo, en el primer contragolpe visitante en el segundo acto, el partido se cerró del todo. Chevi centró desde la derecha, para que Espina no tuviese más que empujarla, sin oposición. Sin embargo, sobre la línea Achraf repelió el balón con la mano, decretando Muñiz Ruiz penalti y expulsión del ‘dos’ blanco. La pena máxima la transformó Espina, lanzándolo a media altura, a la derecha de Carlos Abad, que se venció al lado contrario.

Con el 0-4, el partido se convirtió en un lento pasar de minutos para todos. El Logroñés acaparó algo más de balón y ganó metros, más por comodidad, que en búsqueda del quinto. Por su parte, los locales, más por vergüenza que otra cosa, buscaron anotar el llamado tanto de la honrilla. Pero ni por esas, puesto que la mayoría de remates blancos iban sin fe y al limbo; y los dos con peligro los repelió bien Miguel.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate