El Correo

El rescate de los otros mercados

Las persianas bajadas en los puestos son una constante en los mercados privados de Logroño JAVIER GOICOECHEA
Las persianas bajadas en los puestos son una constante en los mercados privados de Logroño JAVIER GOICOECHEA
  • Las seis ‘plazas’ logroñesas ven como poco a poco se cierran sus puestos ante la falta de relevo

  • Clientela envejecida, la falta de reformas y la competencia de las grandes superficies ahogan a un sector que va a menos

Estamos acostumbrados a escuchar de boca de políticos y economistas que «hay que generar confianza en los mercados», que hay que «ser atractivos para generar inversiones». Los números y las estadísticas sonríen a España, donde el año pasado el PIB nacional creció en un 3,2%.

Pero , ¿cómo están los ‘otros mercados’? Esos que en vez de manejar datos macroeconómicos, como la prima de riesgo o bonos de deuda, se apañan con un filete de merluza o con un contramuslo de pollo. La respuesta es que para ellos no hay tanto optimismo. Los mercados, los tradicionales, languidecen. La falta de relevo generacional y una clientela cada vez más mayor están haciendo que los lugares que antaño fueron el núcleo del pequeño comercio se conviertan en galerías de persianas bajadas y en las que cada vez se oye menos aquello de: «¿quién es el último?».

Logroño da cabida a seis mercados. San Blas, la plaza de abastos, es el único de titularidad pública, mientras que los cinco restantes, Múgica, Milicias, Patricia, Murrieta y El Corregidor, son privados. Aunque independientemente de su titularidad, todos coinciden en que el número de puestos abiertos se va reduciendo paulatinamente sin que nadie encuentre la manera de revertir la situación.

El siguiente en echar el cierre será Eduardo Pérez, el pescadero del mercado de Múgica, que bajará su persiana para siempre después de estas Navidades. «Es triste», afirma, pero también reconoce que está «cansando» y que ya «no hay razones para aguantar». En su caso no es la jubilación lo que dejará a Múgica sin el único pescadero que quedaba en el mercado, sino la falta de clientela. Por suerte, su hermano, también del gremio del pescado, ya le tiene un hueco preparado en su pescadería.

Eduardo achaca su cierre a la falta de actividad. A la vez que va colocando el género que espera vender esa mañana explica que en barrio «hay mucha gente mayor que vive sola, y que no es lo mismo que te compren para uno solo que para una familia».

Que la media de edad de los clientes de las plazas es alta es una realidad. Y a eso hay sumarle que, desde 2008, los españoles hemos reducido el número de compras de productos frescos en los negocios tradicionales en un 28,6%, según el Informe del Consumo Alimentario elaborado por el ministerio de Agricultura.

Con la marcha de Eduardo Pérez de la plaza de Múgica quedarán allí, únicamente, cuatro puestos abiertos. Siete se mantienen en el de Patricia, y le siguen Murrieta con ocho y Milicias con nueve. El que mayor afluencia tiene, tanto en comercios como en afluencia de público, es El Corregidor, que tiene abiertos veinticuatro de los 42 que podría albergar.

La principal diferencia entre El Corregidor y el resto de mercados reside en el tamaño de los puestos. En general, las cuadrículas reservadas para cada puesto son más grandes, lo que les permite exponer el género de una forma más adecuada a las nuevas formas de consumo. También hay que tener en cuenta que es el último que fue reformado. El resto de plazas también han tenido intenciones de reforma, pero bien sea porque el propietario de los puestos que los alquila a los comerciantes no quiere invertir –como ocurre en el de Patricia– o porque son los dueños los que no ven que esa sea la solución, la realidad es que estos espacios se han mantenido en el tiempo tal y como están.

«No se puede competir contra una gran superficie desde un puesto que mide dos metros cuadrados», explica Manuel Montaña, el pollero del mercado de Patricia, que también afirma que el futuro de los mercados de barrio tienen que pasar «sí o sí» por la especialización. Según Montaña, las grandes superficies nunca podrán igualarles en calidad. «Yo la carne que vendo hoy la he deshuesado por la mañana. En los supermercados viene envasada y tratada y eso hace que, aunque la carne pueda ser la misma en origen, el resultado ni se le parezca», cuenta. También apunta a la elección del producto, para este comerciante no se presta la misma atención «cuando se compra una ternera a la semana que cuando se compran cien».

«Acuérdate de que te debo 5,80 de ayer», le dice una clienta a Sonia Rodríguez, que atiende el puesto Frutería María en el mercado de El Corregidor, mientras busca en el monedero para pagar.

Aquí los clientes conocen el nombre del tendero, y viceversa. La confianza sigue siendo una de las características más importantes de las plazas. «Hay veces que te piden, por ejemplo, unos kiwis y les dices la verdad, que igual los de esa remesa están un poco verdes y que es mejor que se lleven otra cosa», relata Sonia, mientras otra clienta se acerca para preguntar a cuánto están los tomates.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate