El Correo

La trastienda de la vendimia

Un vendimiador vuelca el cesto de uva sobre elremolque con la estampa de Haro al fondo.
Un vendimiador vuelca el cesto de uva sobre elremolque con la estampa de Haro al fondo. / R. SOLANO
  • La Denominación refuerza los controles sobre la producción antes de aplicar una nueva certificación de calidad en una cosecha «atípica»

Un inesperado cúmulo de circunstancias, algunas de ellas labradas en el pasado, pero con evidentes consecuencias en el presente. En palabras de los agentes del sector vitivinícola consultados por este medio, ésa es la causa de la inaudita imagen que se ha generalizado en muchos puntos de la Denominación de Origen Rioja y que ha generado infinidad de lecturas. Muchas de ellas contrapuestas. Desde miembros de cooperativas que tratan de demostrar con campañas de comunicación a pie de calle la «excelente» calidad de la uva que se exige tirar al superarse los límites de producción establecidos, hasta quienes sostienen que muchos de estos miles y miles de racimos abandonados ahora en el campo entraban hasta ahora en la red del vino no calificado.

Entre uno y otro extremo, infinidad de interpretaciones y opiniones. Todas las que puedan llegar a imaginarse. Pero, a la hora de elaborar un diagnóstico mucho más global, en la radiografía final parecen tener cabida muchas de ellas.

Una de las cuestiones que se ha puesto, en concreto, sobre la mesa alude directamente a la inminente aplicación del certificado de calidad ISO 17.065 solicitada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja para adaptarse «a las exigencias del nuevo marco legal vitivinícola» definido en el marco de la Unión Europea y que ha puesto veto, entre otras posibilidades, a la de cubrir el exceso de unas fincas con cartillas de otras donde no se había completado el rendimiento amparado.

El Ministerio de Agricultura, informaba a través de un comunicado, delegó en el Consejo «las competencias para la verificación del pliego de condiciones antes de la comercialización (...) durante un periodo provisional de un año, que podría ser prorrogable en caso necesario». Éste era el primero, una vez obtenido el visto bueno de una veintena de bodegas para participar en una experiencia piloto previa a la aplicación de la norma en 2017. Y el Consejo Regulador asumió el control de la campaña «antes de la comercialización del producto, actuando como organismo de control» por resolución de la Dirección General de la Industria Alimentaria.

«Al aceptarse ese ejercicio de autocontrol», apunta el directivo de una bodega de la Denominación, «los controles se han reforzado para cumplir con las exigencias recogidas en el certificado de calidad y eso ha dejado al descubierto la situación de sobreproducción que se venía advirtiendo desde hace años ya».

¿Tanto como para generalizarse en muchos pagos la retirada de uva a vertederos improvisados o roturarse en los propios renques de las viñas?

Ahí es donde todas las fuentes consultadas por este periódico coinciden en que esta medida de autocontrol ha coincidido, paradójicamente, con una de las campañas más «sorprendentes y singulares de la historia». Nadie esperaba que se disparasen los niveles de producción como lo han hecho. Se advertía que llegaba una gran campaña, «pero en ningún caso un ‘cosechón’ como éste».

Curioso ese apunte porque es realizado incluso por explotadores de pagos donde se trabaja con limitación del rendimiento y se llevan a cabo aclareos y poda en verde, allá en el mes de agosto. En estos casos, se aplicó el mismo cálculo de número de racimos por peso medio para mantenerse dentro de la norma. «Pero los racimos han acabado pesando muy por encima de lo normal». Hay técnicos que hablan de «cuajado excesivo» para justificarlo, al presentarse el fruto con mayor número de granos que en campañas precedentes. De ahí que incluso en esas viñas se haya producido un incremento «inesperado» de la producción. «Reducido pero palpable», apuntan.

La Rioja no parece ser la única denominación donde se ha detectado este comportamiento de la vid. «Se va a demostrar muy generalizado en todas las denominaciones del país. En muchas ya se habla de una sobreproducción imprevista para este año». El Consejo riojano, de suyo, ya aceptó en agosto la necesidad de incrementar en un 11% y hasta el 118% los rendimientos en tinta, una medida que no supone la ampliación del volumen de uva amparada, sino que otorga a las bodegas la opción de ingresar un 11% para poder realizar selección antes de destinar ese margen de incremento a vinos no calificados, de mesa.

Menor aceptación, aun no negando la existencia de situaciones de esa índole, parece tener la teoría que habla de la aplicación de un modelo de explotación agraria que tiende, precisamente, al incremento de los rendimientos. No se considera una situación generalizada. Ni mucho menos. La mayor parte de los enólogos defiende abiertamente que «la inmensa mayoría de los viticultores están concienciados de ello y tienden a realizar todas las prácticas que se les sugieren para controlar la producción de sus viñas».

En ese sentido las fuentes consultadas coinciden en definir a los proveedores de «profesionales con una gran capacitación» para el desarrollo de su función en el ámbito del vino. «Ahí es donde se ha avanzado mucho en estos últimos años».

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