La crisis precipitó el cierre de 154 oficinas bancarias, un tercio de las que había en 2008

Protesta de los trabajadores del Bankia en 2012 a las puertas de la sede central de Logroño/
Protesta de los trabajadores del Bankia en 2012 a las puertas de la sede central de Logroño

Bajo el discurso oficial de una apuesta por la adaptación del sector al entorno digital queda la pérdida de uno de cada tres puestos de trabajo

DANIEL ORTIZ

Hay quien dice que no existe mayor mentira que la que subyace en los números. Una premisa que se cumple cuando las cifras se emplean para maquillar cierto malestar pero que no puede ser aplicada cuando los guarismos certifican la decadencia de un sector que a nadie le es ajena.

Pocos hay al menos, servidor no lo conoce que se nieguen a reconocer que la época de vacas gordas es cosa del pasado en el entorno bancario. Cuentas de resultados al margen, cualquiera puede constatar en un paseo de diez minutos que allí donde en plena burbuja inmobiliaria había una sucursal bancaria ahora, en muchos casos, no queda más que un nuevo comercio hostelero o una pegatina con Se traspasa escrito en caracteres fluorescentes.

LAS CIFRAS

284
sucursales (83 de bancos y 201 de cajas de ahorros) se mantienen abiertas al público en La Rioja a día de hoy
700
trabajadores del sector financiero han perdido su empleo en la región a lo largo de los últimos ocho ejercicios

Lo que las cifras oficiales corroboran es que la crisis se ha llevado por delante una de cada tres sucursales financieras en La Rioja. Actualmente solo mantienen su servicio 284 de las 438 que funcionaban a pleno rendimiento en 2008, lo que representa una caída del 35,16% en el número de oficinas operativas. De entonces a esta parte, lejos de extender tentáculos, las cajas de ahorro han echado la persiana a 111 locales (el 35,6%) y los bancos han clausurado 43 sucursales (el 34%), según los datos de la Asociación Española de Banca (AEB) y la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA).

Contextualizando estos datos se puede concluir que la crisis ha azotado a La Rioja con más virulencia que a las comunidades de su entorno. Solo Aragón ha tenido que cerrar más sucursales en términos relativos (cuatro de cada diez), mientras que País Vasco (con un 25% menos de oficinas) y Navarra (29,5%) han capeado mejor la depresión. Si bien es cierto que Castilla y León presenta un índice de cierre de sucursales similar al riojano (el 35,6%), las provincias limítrofes, Burgos y Soria, rebajan ese porcentaje al 28,15 y el 32,7%, respectivamente.

En clave nacional el tsunami financiero se traduce en la clausura de más de 14.000 oficinas a lo largo de estos últimos siete años, con mucha mayor virulencia en el sector de las cajas de ahorros (con 10.729 oficinas menos, el 43%) que en la banca privada (3.307 sucursales cerradas, el 21%).

Contracción y ajuste

Por parte del sector las entidades han justificado esta tendencia a la apuesta por la modernización de la banca, que pasa ineludiblemente por la gestión telemática. Si los clientes cursan menos trámites desde la oficina no es necesario tener tantas sucursales abiertas al público. Además de este hecho, los dos grandes sindicatos (UGT y CC OO) coinciden en valorar dos elementos fundamentales para explicar el persianazo: el estallido de la burbuja inmobiliaria y los ajustes laborales para cuadrar la cuenta de resultados.

LAS CLAVES

El entorno
De las regiones limítrofes solo Aragón ha visto cerrar más oficinas, con un 39% durante ocho años
La causa, según la banca
Forma parte del proceso de modernización en la atención al cliente, que ahora es más telemática
La causas, según los sindicatos Viene motivado por el pinchazo de la burbuja, que ha servido para exigir más a las plantillas

«Cuando se liberalizó el suelo, en los tiempos de Aznar, las cajas de ahorro protagonizaron una expansión bárbara, pasando de 75.000 empleados en todo el país a casi 130.000», explica Ramón Malo (responsable de Sector Financiero en CC OO), quien señala que «ahora estamos en una dinámica de contracción que nos sitúa en los niveles de los años 80». Por su parte, Urbano Beriaín (UGT), subraya que «ahora los bancos quieren concentrar su atención al público en oficinas grandes con especialistas de distintos ámbitos y se ha incrementado muchísimo la presión sobre las plantillas».

Tanto que, en una dinámica similar a la experimentada por los espacios físicos donde las entidades prestan su servicio, la nómina de empleados en el sector tampoco se ha librado de la reestructuración. En 2008, según la AEB, 607 personas integraban las plantillas de las entidades bancarias en La Rioja, mientras que de los datos de la CECA se desprende que por entonces trabajaban en las cajas de ahorros en torno a 1.700 empleados.

En la actualidad la Asociación Española de la Banca habla de 435 empleados en la región (un 28,4% menos) y en las cajas trabajan alrededor de 700 empleados (-36,4%), lo que arroja un total de 1.100 trabajadores del ámbito financiero. Con todo, las plantillas de ambos sectores quedan reducidas en una media del 35%, lo que implica que uno de cada tres empleados han perdido su puesto de trabajo en los bancos riojanos durante los últimos ocho años.

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