El Correo

El Robusta vuelve a quedarse a un pasito

Gerun deja el balón sobre el aro ante la defensa de Mike Carlson.
Gerun deja el balón sobre el aro ante la defensa de Mike Carlson.
  • Slezas desde la pintura y Sergi Pino desde el perímetro evitan el amago de remontada que comandó Garrido en el tercer cuarto

  • El cuadro riojano acusa los problemas para cerrar el rebote y el Retabet lo aprovecha para seguir arriba

Un pasito, solo uno. Con eso sueña desde hace semanas Antonio Pérez, porque es lo que le está faltando a su equipo para estrenar su casillero de victorias. Cinco jornadas se han esfumado ya y el Calzados Robusta no se quita de la mente que ha tenido opciones de sacar mucho más de ellas. Por pequeños detalles se le va la vida a este equipo, que espera como agua de mayo un triunfo que le catapulte en la moral y, sobre todo, en el juego.

No se arrugó el cuadro riojano ante un equipo que cuenta las horas para regresar a la liga ACB, un Retabet.es al que le bastó corrección para seguir partiéndose la cara por comandar la clasificación al final del ejercicio. Los guipuzcoanos se encontraron con más balones en la pintura de los que a buen seguro espera tener Porfi Fisac. Porque lo que ayer condenó al Clavijo fue algo tan fundamental como el rebote. Si le das al rival una bola extra en cada ataque se te pone crudo alcanzarle en el marcador. Si ese rival, además, es de los poderosos del grupo, el mal rato lo tienes asegurado.

Porque el Robusta mantuvo anoche la sensación de que podía ganarle al GBC. Durante treinta y nueve minutos estuvieron intercambiando golpes riojanos y guipuzcoanos y solo en el último minuto empezaron a sonreír los vascos.

Buena culpa de ello la tuvo Quique Garrido, que no dudó en echarse al equipo a sus espaldas tras el paso por vestuarios, cuando el Retabet ponía ya la directa hacia el triunfo. Doce puntos se embolsó el veterano base para mantener vivos a sus compañeros, cuya falta de acierto en los instantes decisivos impidió completar la épica.

Le sigue faltando al Clavijo un pívot que domine la pintura en defensa cuando le toca descanso a Olumuyiwa. Gerun empezó atinado en ataque, con acierto desde la media distancia, pero Slezas le sacó los colores bajo su propio aro. El lituano aportó desde el poste con ganchos dignos de enseñarse en los campus veraniegos. No se complicó la vida. Recibía, reculaba un par de pasos y se le elevaba allí donde el tapón era imposible para posar la bola en la red.

Amargo reencuentro

Pero no fue Slezas el verdugo del Robusta. Tampoco Sergi Pino, tan peligroso desde el perímetro como enfilando el camino hacia el aro. El sicario de los riojanos tenía un rostro conocido, el de Mike Carlson, que este verano se mudó a Donosti con aspiraciones de ascenso.

Por el Palacio saben bien de lo que es capaz el bueno de Mike cuando tiene una tarde atinada, al igual que cuando el ala-pívot falla tres tiros seguidos no hay psicólogo que le haga remontar el vuelo. Pero la de anoche fue una de las citas en las que Carlson recluta socios para su club de fans. Con veinte puntos (tres triples de tres intentos incluidos) fue demasiado para un Robusta que sigue buscando la sonrisa. Ni eso evitó que el norteamericano recibiese mimos de su antigua afición tras el partido.

Porque no todo es negativo en el entorno riojano. Cinco derrotas consecutivas merman a cualquiera, pero peor sería no tener opciones en ninguno de esos partidos y el Robusta no da precisamente un sainete sobre el parqué. Los de Antonio Pérez compiten, pero les falta esa pizca de acierto en los momentos decisivos. Esos pequeños detalles que, a poco que se concatenen, harán de este equipo un hueso duro de roer para cualquiera que le plante cara.

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