El Correo

El vermú más clásico del Moderno

La terraza del Moderno, cno una clientela a la antigua usanza
La terraza del Moderno, cno una clientela a la antigua usanza / D. O.
  • A la cita no faltaron las principales fuerzas vivas del siglo pasado en la ciudad: el alcalde, un coronel, un obispo y hasta un cardenal

  • El centenario café de Logroño conmemoró la efeméride con una sesión de fotos de época

Los ociosos caminantes de calle Portales no daban crédito cuando al llegar a la intersección con la calle Martínez Zaporta giraban la cabeza y se encontraban con una estampa de otra época. La plazuela se quedaba pequeña con tanto curioso intentando hallar una explicación a la presencia de tanta chistera y coches clásicos. Alguno debió pensar que Garci andaba por Logroño rodando su próxima película y otros barruntaban que se trataba de una suerte de carnaval anacrónico.

Nada de eso. La justificación de ese viaje en el tiempo estaba en el homenaje que el Café Moderno rindió a su propia memoria con motivo del centenario del local. Para dar testimonio de lo que significa la persistencia de un negocio durante la friolera de cien años –la mayoría de autónomos darían un riñón por tener garantizados doce meses de viabilidad– sus propietarios quisieron evocar el nacimiento del café en 1916 e inmortalizarlo con una sesión de fotos de época.

Ninguna de las fuerzas vivas (entiendan la ironía) del Logroño de entonces faltaron a la cita. Allí estaban el alcalde, un coronel de Aviación y representantes del clero, entre ellos un obispo y hasta un cardenal, compartiendo café y vermú con la gente de a pie. Todos, ataviados acorde a la época: chalecos, tirantes y sombreros de todo tipo para ellos y pamelas y cancanes para ellas. Hubo quien fumó en pipa sin estar enfadado y niños capaces de matar el aburrimiento sin tablets ni Peppa Pig.

Para inmortalizar el momento llegaron del siglo XXI dos fotógrafos, Abel Alonso y Fernando Díaz, que tomaron instantáneas desde el salón y la terraza. Les costó lo suyo a los retratistas que nadie mirase a cámara. Lógico, tanta maquinaria debía ser cosa de brujería. Al final lo lograron y los primeros clientes del Moderno hablaban de lo cotidiano de la época: que si el Conde de Romanones no estaba a la altura del Gobierno, que si la teoría de la relatividad que Einstein había publicado en marzo era una sarta de locuras, que si la Primera Guerra Mundial no había quien la parara y que si el fútbol era un deporte sin futuro por más que fueran creándose equipos por toda España.

Fuera del local amenizaba la escena la Bandaluse Big Bang, con un recorrido por las principales piezas musicales de los últimos cien años. Y siguieron las fuerzas vivas apurando su vermú mientras aguardan a que dentro de otros cien años regrese alguien del futuro a retratarles.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate