El Correo

Tarde de silencios y una sola oreja para Castella

Tarde de silencios y una sola oreja para Castella
  • Buena entrada en La Ribera, un lote deslucido para Diego Urdiales, dos toros devueltos y un sexto de triunfo

El público de La Ribera, ‘maomente’, es aplaudidor hasta la extenuación. Quiere pasarlo bien. Aplaude por no picar, aplaudió al quinto cuando muriendo reculaba a tablas y aplaudía la reunión rehiletera... antes de que algún palo se fuera al suelo. Aplaudió los bajonazos y riñonera de Castella, el bajonazo de Diego al tercero, inicios de lances y muletazos que acababan en un rebujo...¡Una bendición de público! Aplaudió hasta a la tropa de bueyes que maneja Carlos Irisarri. A los toros con una debilidad que siempre es enemiga de la bravura, les pitaron. Esencialmente al tercero y suplente cuarto. Fueron demasiados los que salieron al ruedo y llegaron a la pelea como cansados de vivir ¡Qué manera de claudicar y que fiasco de encierro!

El primero de Urdiales hubiera lucido más en tercer lugar. Tuvo cosas positivas. Verónicas y media de cartel y derecheando con altura se fue a los medios templando, con seguridad y consintiendo, derechazos ligados. Normalidad al natural y final con circular reunido. Quitó por delantales al segundo e inició el muleteo en el tercero tratando con suavidad y dando coba a Bullicioso con su especial clasicismo. El corto viaje del toro y su falta de entrega tocaba la sarga en naturales, impedía ligar y obligaba a perder pasos ya que el astado se paraba bajo las axilas. El riojano estuvo firme, trasteó con doblones y mató.

Quitó por Chicuelo en el cuarto y al inválido, y bonito, rechazado lo lidió antes de que diera limpia vuelta de campana sobre el cuerno derecho. El segundo suplente, que conocía Bilbao y ha pasado las fiestas en Logroño, no tuvo mal aire y acudía pronto al toque. Diego le dio un buen fajo por el derecho. Hubo largura y relación, cite lejano y claudicación de Saltador. Siguió por ese lado templando y llevando lejos. El toro no se reunía y protestaba hacia afuera. Templó pases y no logró acoplarse del todo. Con la zurda buscó terrenos, anduvo suelto sin conseguir que el toro humillara pero sin apuros. Mató de media lagartijera.

Castella sorteó a Valdivia, sexto y el mejor de la tarde. Tuvo emoción, embestía como un tejón, dejaba estar y obedecía al primer toque. El francés ofreció momentos con desmayo por los dos lados y bajó especialmente la diestra con velocidad y emoción. Al natural empapó en la muleta y resolvió hasta una zancadilla del bóvido. Remató su toreo encimista con desmayados pases de la firma y remató estatuado entre pitones. Terminó repitiendo series de un natural, el de pecho y el de la firma y tras molinetes y doblones mató de riñonera entre aclamaciones. El toro mereció más y mejor.

Con el segundo, sin fuerza, lanceó entre aplausos y el muleteo fue sin relieve con algunos buenos por el izquierdo. Desarme con palmas, e infame bajonazo.

Buen quite por chicueleras en el tercero y se devuelve al titular cuarto tras un calvario de caídas. Lanceó bien al reserva y tras los estatuarios de prólogo hubo un derecheo sucio por los muchos rodillazos del toro. Desarme, cabeceo defensivo...El toro era como un bocoy de carne. Sin alma y sin sabor.

Al francés le dieron una ovación tras un bajonazo escandaloso de los que ya no se echan cuenta en las plazas por parte de los espectadores ocasionales y disfrutones. El resto, si hay, optan por el silencio ya que en boca cerrada no entran moscas.

No importa demasiado el conjunto cornudo pero hay que cuidar la comodidad y el buen trago sin el que no acudiría casi nadie a la plaza. Al fín de cuentas, los toros es una fiesta. Cruenta pero no cruel. Como fiesta, se programa en los días festivos y fiesta quiere decir disfrute. Unos lo ejecutan de una forma y otros de otra. Gracias a los no «taurinos».

Lo peor es el aburrimiento, debiera estar castigado por reglamento, lo anodino o cansino y que toque al lado, en el tendido, un bípedo de los que saben más de toros que latín un fraile viejo.

El público ha respondido mejor de lo esperado y peor de lo que merecían los carteles...en la pared. Logroño, sus calles chiquiteras, que son más de tres, y sus terrazas han estado llenos y con alegría. Es una señal que congratula con la vida normal y va contra los que se empeñan en pregonar que somos más pobres que una rata en una iglesia. Mientras haya para vino...el pan se compra. Ayer en taquillas de La Ribera, me crucé con el alcalde de Arnedo donde tiene todo a punto para su feria novilleril . El último jalón taurino de La Rioja con el que hemos de volcarnos de cuerpo presente.