Un tesoro con más luz que nunca

La procesión del Rosario de los Faroles congregó a miles de devotos durante todo su recorrido. / Jesús Andrade

Tras la suspensión de 2016 por la lluvia, miles de vitorianos expresan su devoción en la procesión del Rosario de los Faroles

Sara López de Pariza
SARA LÓPEZ DE PARIZA

Tan sólo cuatro horas bastaron para que la plaza de la Virgen Blanca cambiara su imagen de manera radical. Del éxtasis festivo en la Bajada de Celedón a la devoción más profunda. El Rosario de los Faroles, una de las procesiones más arraigadas entre los vitorianos llenó de sentimiento religioso, como cada noche del 4 de agosto, el centro de la ciudad en homenaje a nuestra patrona. Los integrantes de la cofradía de la Virgen Blanca iluminaron la oscuridad con un total de 270 faroles y las carrozas, en un emotivo recorrido con el silencio como protagonista.

Después de lo que sucedió el pasado año, cuando la procesión tuvo que ser suspendida por la amenaza de lluvia y los fieles se vieron obligados a recluirse en la iglesia de San Miguel para rezar el Rosario, este 2017 las ganas de mostrar el patrimonio artístico e histórico que alberga la cofradía eran mayores si cabe. «La ilusión de este año es muy importante y especial. Nos alegra mucho poder mostrar las novedades como las luces led o la carroza renovada ante todos los vitorianos ya que ha supuesto un esfuerzo económico muy importante para nosotros», subrayaba el abad, Ricardo Sáez de Heredia, en referencia al sistema de iluminación que se ha instalado en la mayoría de elementos y a la carroza del quinto Misterio Gozoso que ha sido restaurada por los artistas Mikel Delika y Javier Fernández.

La procesión pasó junto a la Catedral Nueva de Vitoria.

Esta colección excepcional a nivel mundial, la única completa junto al Rosario de Zaragoza, causó un año más impresión entre todos los devotos y curiosos que no quisieron perderse el que está considerado como uno de los momentos más mágicos de las fiestas de La Blanca. También quedó patente el relevo generacional ya que 16 entregados niños y adolescentes fueron los encargados de portar los incensarios y los velones que representan a los fundadores de la cofradía.

Presencia de autoridades

Como marca la tradición, la procesión comenzó el recorrido a las 22.00 horas en una plaza de la Virgen Blanca expectante y continuó con normalidad ante miles de fieles por las calles Prado, Becerro de Bengoa, San Antonio, Florida, Ortiz de Zárate, Fueros, General Álava, y de vuelta por San Antonio, Becerro de Bengoa, Prado y la plaza de la Virgen Blanca para finalizar en la calle Zapatería, como no podría ser de otra manera en un enclave tan espectacular como el Museo de los Faroles.

Entre lágrimas mudas de muchos vitorianos y el silencio roto únicamente por el rezo del Santo Rosario, procesionaron también un buen puñado de autoridades. No quisieron perderse la cita el alcalde de la ciudad, Gorka Urtaran; el teniente de alcalde, Peio López de Munain; la diputada de Servicios Sociales, Marian Olabarrieta y, cerrando la comitica, el abad, Ricardo Sáez de Heredia, entre otros.

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