«Ir al teatro también es una fiesta»

Luis Merlo vuelve con una comedia que invita a la reflexión. / F. G.

Tras superar un problema de salud recientemente, el actor regresa a las tablas en Vitoria con 'El Test', una comedia sobre la amistad, el dinero y la condición humanaLuis Merlo Actor

LAURA ALZOLA VITORIA.

Se hizo popular en televisión, pero Luis Merlo (Madrid, 1966) es un actor de teatro que ha vivido el escenario como algo cotidiano desde niño. Debutó con Salomé, dirigida por Mario Gas, y lleva tres décadas sobre las tablas. En 'El Test', un montaje dirigido por Jordi Vallejo, dos matrimonios se reúnen a cenar y acaban debatiendo acerca de la siguiente pregunta: ¿Qué prefieres, 100.000 euros ahora o un millón dentro de diez años? La comedia, con la que Merlo debutó ayer y repite hoy en Vitoria, es una obra que analiza, entre carcajadas, la condición humana. Tras varias semanas recuperándose de una insuficiencia respiratoria que le ha mantenido alejado de los escenarios, Merlo anunciaba su regreso a las tablas, precisamente, en el Teatro Principal de la capital alavesa.

- Se sube al escenario tras recuperarse de un gran susto. ¿Cómo se encuentra?

- La recuperación es total, afortunadamente. Y no puedo agradecer lo suficiente las muestras de cariño que he recibido de la gente. Me emociona enormemente sentir ese calor, notar que la gente está ahí. Aunque no sé qué he hecho para merecerlo, la verdad. Hay actores que viven mirándose a sí mismos y otros que lo hacen, digamos, mirando por la ventana. Es decir, viendo a los demás, aprendiendo, observando. Yo soy de los segundos. Quizá por eso no era muy consciente hasta este susto de que hay tanta gente pendiente de mí, de que me encuentre bien, de mi salud y mi felicidad. Es una sensación muy especial volver al escenario.

- ¿Es 'El Test' una obra que hace que el público reflexione y se ría al mismo tiempo?

- Creo que sí. La obra te hace pensar en la dicotomía, en qué harías tú. En qué supone la decisión de tomar los 100.000 euros o esperar diez años para obtener un millón. En qué pierdes si haces una cosa y qué ganas si haces la otra. Para mí la verdadera comedia hace reír y pensar. Siempre digo que 'El Test' me recuerda a las obras de Yasmina Reza. Sobre todo a 'Arte', donde un cuadro en blanco es una excusa, de alguna manera, para hablar de la amistad. En 'El Test', con la excusa del test, salen cosas, en clave de comedia, que poco a poco van acumulándose en el espectador, dejando poso. Y la verdad es que te juro que hace tiempo que no tenía tantas satisfacciones en un escenario.

- ¿El humor es inteligente siempre?

- Yo siempre digo que el filósofo del siglo XX, bueno y también del siglo XXI, es Woody Allen. Porque te hace pensar mientras te ríes y te hace gracia. Jordi Vallejo, que es asombrosamente maduro para ser tan joven, ha conseguido precisamente eso. Que te estés matando de la risa pensando en lo que significa la farsa. Pero sin hacer teoría. Cuando el teatro hace teoría yo prefiero el libro. El teatro es una cosa que está viva y que cada uno interpreta de una manera u otra. En el teatro teórico te van presentando las ideas, con menos espacio para dramatizar. Sin embargo este tipo de teatro, la comedia, te va haciendo pensar mientras te ríes.

- El eje de la obra está basado en un test real adaptado al mundo adulto.

- Sí, existe un test real que consiste básicamente en darle a un niño una golosina y decirle que si aguanta sin comérsela, en un cuarto de hora recibirá otra. ¿Y cuál es la golosina favorita de los adultos? El dinero.

«Un manipulador»

- ¿Cómo es su personaje en esta obra?

- Pues es un manipulador, que como todo buen manipulador se pasa todo el rato haciendo reír al mundo. Porque un manipulador que se descubre a sí mismo, no es sino un tonto. Enseguida se sabe en la función que yo soy el que tiene el dinero y el poder del dinero. Eso hace el dilema aún más real y la obra más poderosa.

- En la obra su personaje es quien dice poder esperar una década. Si a usted le planteasen este dilema, ¿qué elegiría?

- Claro que él puede esperar. De hecho, esa es su capacidad oculta. Él sabe esperar como toda la gente que está metida en el mundo de los negocios, que si quisieran todo aquí y ahora, mostrarían una debilidad. Yo en mi vida personal no sé cómo respondería. No lo sé. Aunque, la verdad, cuando vives cosas como la que me ha ocurrido ahora, descubres que te importa el aquí y ahora, que no somos más que esto. Si se acaba la salud en un momento determinado, uno se da cuenta. Pero yo también soy alguien que planifica, que tiene la suerte de trabajar y piensa en el futuro. Entonces, no lo sé. Y esa es la verdad para todo el mundo, creo que nadie sabe qué elegiría en ese dilema. Lo curioso de esta obra es que jugártela es esperar diez años. Cuando normalmente arriesgarte significa hacer algo aquí y ahora, con poca reflexión, de manera inmediata. Pero no, en este caso, no. Y eso genera muchas dudas con las que el público se identifica.

- ¿Es una comedia de carcajada o de media sonrisa?

- De carcajadas limpias. Y luego tiene unos giros argumentales que hacen que el público exclame. Yo nunca había estado en el escenario con el público exclamando. Eso hace que todo adquiera una dimensión muy interesante, muy apetecible. La obra también consigue que los actores tengan que salir a tope, precisamente para obtener esa conexión.

- ¿Cómo invitaría al público de Vitoria a acudir a la función?

- Les diría que el teatro también es una fiesta. Además de la que tendrán en la calle, claro. Ellos hacen del Teatro Principal una fiesta. Les diría que es un privilegio para mí trabajar con Antonio Molero, Itziar Atienza y Maru Valdivieso. Y les diría que me alegro de volver una vez más a Vitoria, donde ya estuve de pequeño viendo actuar a mi abuelo Ismael Merlo, en el mismo teatro.

Fotos

Vídeos