Prólogo a la «obra coral» de La Blanca

Concierto de la Gasteiz Big Band y Sole Giménez, que cerró el acto. / Jesús Andrade

La actriz Ainhoa Santamaría desgrana recuerdos en un pregón que destacó el papel de los 'secundarios' de la fiesta

JORGE BARBÓ

Para ella, La Blanca tiene algo de superproducción. Y, bien visto, razón no le falta. Hay vestuario -tirando a poco variado, pero la mar de apañado-, un escenario fantástico que no necesita efectos digitales y un porrón de extras que, como en aquella de ‘300’ braman -¡Uah! ¡Uah!- preparados para la gloria. Por detrás de Celedón y la mismísima Virgen Blanca, incluso por detrás de Vitoria y los vitorianos, la actriz Ainhoa Santamaría se empeñó en reservarse un discreto papel secundario en el reparto de esa gran peli pendiente de estreno, mañana en la gran pantalla de la Virgen Blanca. Pero ayer ella fue la protagonista. La ‘maxizada’ -si funciona con los Oscar, ¿por qué no con los Max?- intérprete fue la encargada de ofrecer el pregón que sirve de preludio de inicio de fiestas. No defraudó.

El maquillaje de actriz curtida en las tablas fue capaz de disimular su nerviosismo. Y ese aplomo que gasta, esa seguridad, en apariencia tan natural y, en el fondo, labrada a puro de horas y horas de ensayo, le bastaron para templar los ánimos. La intérprete de ‘La Estupidez’ se enfrentó ayer a todo un papelón. Y eso que en la obra que le sirvió para alzarse con el Max tenía que meterse en la piel de cinco personajes. «¡Claro que estoy nerviosa, esto impone mucho!», reconocía ayer a este diario minutos antes de salir al escenario de una concurrida Plaza de España.

En su pregón, que comenzó a preparar, con todo el mimo del mundo -vaya si se notó-, «hace un mes», Santamaría comenzó evocando recuerdos de infancia asociados a la fiesta. De las tardes con su abuelo en las barracas y «ese vinito dulce con canutillos que tomábamos con mis padres» a su etapa de adolescente, en ese momento en que, como le pasa a todo el muno, la inocencia se disuelve como un azucarillo en un katxi de cerveza. «Es una de las épocas de tu vida en la que vives con más intensidad las fiestas y de la que guardas un mejor recuerdo», reconoció. «No sé si habrá cambiado algo en estos 16 años que llevo fuera de la ciudad, pero en mi época se decía que en Vitoria-Gasteiz sólo se podría ligar en Nochevieja, Carnavales, San Prudencio, Santiago y, cómo no, La Blanca», abundó, siempre desde el respeto. En efecto, Ainhoa, por aquí, en lo que toca -ejem- a las cosas del querer, la vida sigue igual.

El alcalde coloca el pañuelo de fiestas a la actriz. / Jesús Andrade.

Orgullo de ciudad

A pesar de llevar tantos años fuera del terruño, la actriz dejó clarísimo que destila orgullo de ciudad allá donde va. «Me hincho como un pavo cuando mis compañeros me hablan de su paso por Vitoria-Gasteiz», reconoció, al tiempo que alabó la programación teatral que descorre el telón en la ciudad. «Me encanta y es de agradecer que Vitoria contrate lo que otros ayuntamientos se niegan a contratar, para que sus ciudadanos puedan disfrutar de textos novedosos que les hagan pensar y crecer», aseguró la intérprete, que, no obstante, aprovechó la ocasión para deslizar alguna diminuta pulla. «Lo que no quiere decir que no piense que hay muchas cosas que mejorar. ¡Cómo no lo voy a pensar dedicándome a una profesión que ha tenido que sobrevivir a la crisis con un escasísimo apoyo institucional!», criticó. Sus dardos fueron bastante más sutiles, desde luego menos afilados, que aquellos que disparó, apuntando al centro de la diana, en la ceremonia de los Max, cuando tildó de «barbaridad» el IVA cultural del 21%.

«Me hincho como un pavo cuando mis compañeros me hablan de su paso por Vitoria» Orgullosa

«Me encanta que aquí contraten obras que otros ayuntamientos se niegan a estrenar» Satisfecha

En su extensa y aplaudida intervención, la actriz también reservó un espacio para una interesante reflexión sobre cómo durante La Blanca, la fiesta laica y la celebración religiosa -«que para muchos vitorianos tiene también mucha importancia»- se funden de forma natural. También se acordó de los ‘personajes secundarios’ de «esta obra coral» que dan empaque al guión, de los vendedores ambulantes a la Policía Local, de la «gente de la farándula» a los cabezudos, de los blusas -«me han dicho que este año el paseíllo será un poco distinto», deslizó sobre el agrio enfrentamiento abierto entre las cuadrillas- a los hosteleros, a los que pidió «paciencia para atender la idiosincrasia popular». Todos, preparados para el estreno de la «obra coral» que es La Blanca.

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