«El humor, con respeto, es sano siempre»

Peña, caracterizado como Dios en la obra que hoy llega al Principal.
Peña, caracterizado como Dios en la obra que hoy llega al Principal. / PENTACIÓN ESPECTÁCULOS

Interpretó a Mauricio en 'Aída' y ahora estrena en el Principal 'Obra de Dios', una comedia que revisa los diez mandamientos Mariano Peña Actor

LAURA ALZOLA VITORIA.

Mariano Peña ha regresado al teatro, donde dio sus primeros pasos como actor. Tras protagonizar el musical 'Priscilla', llega hoy a Vitoria con el montaje 'Obra de Dios', una hilarante comedia escrita por David Javerbaum y dirigida por Tamzin Townsend, que reinterpreta y cuestiona en clave de humor los diez mandamientos y algunos pasajes de la Biblia.

- ¿Cómo se decidió a interpretar esta obra?

- He estado haciendo muchísima tele pero siempre me apetece volver a mis orígenes, el teatro. El gusanillo ya me había picado pero lo hizo otra vez con el musical Priscilla. Siempre pensé que me apetecía volver al teatro, eso sí, siempre que hubiera una función que me gustase. Que el montaje tuviese algo especial, que me cautivase. No me motivaba hacer una función de teatro clásica. Sin embargo, cuando me llamó la maravillosa Tamzin Townsend, me convenció. Dijo que había un montaje en el que solo me veía a mí. Le agradezco que insistiera porque es una obra muy divertida, muy atrevida, que rompe con lo establecido.

- Se atreven a hacer humor con la Biblia.

- Sí, yo siempre lo comparo con Inglaterra. Allí también se ríen de la reina, aunque parezca algo intocable. Es humor, se entiende que lo es. Parece que aquí con la Iglesia no puede meterse nadie y sin embargo nosotros en esta obra nos reímos. Hay que ir abriendo camino. Siempre con humor, con respeto y por supuesto sin ofender. No pretendemos violentar, ni agredir. Sino que la gente piense y pase un rato agradable. Nos hacemos las preguntas que todos nos hicimos de pequeños. Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso y poblaron el planeta, vale. Pero si tuvieron tres hijos varones, ¿cómo siguieron ellos? O por ejemplo, al arca de Noé se subió una pareja de animales de cada especie, vale. Pero, ¿cómo se las arregló Noé para coger un mosquito macho y uno hembra? Cosas así. O, ¿cómo pudieron viajar juntos un león y un pingüino? Esas preguntas que nadie te sabe responder de pequeño, contestadas siempre en clave de humor. Porque, esto sí lo digo en serio, a la Iglesia Católica le falta un poco de eso, de sentido de humor.

- ¿Ha sido un reto volver al teatro con un monólogo?

- Evidentemente, ha sido como meterse a la plaza con seis toros. Un reto importante. Aunque muy bien arropado, con dos actores maravillosos como son Chema Rodríguez y Bernabé Fernández, fantásticamente dirigido por Tamzin Townsend y con una gran producción como Pentación pero al final estás tú solo ahí toreando, haciendo de Dios. Era un reto muy goloso, aunque como el cerdo, agridulce (se ríe).

Un Dios que tiene trampa

- ¿Le ha resultado difícil meterse en el papel de Dios?

- Para aprenderme el texto sí he tenido que trabajar mucho, muchísimo. Tanto es así que quise poner mi grano de arena y junto a Tamzin hicimos una adaptación del guión e incluir mis bromas, mis chistes y mis giros. Después, para hacer este Dios, es verdad que hay que ser imaginativo, pero tengo que reconocer que en este caso tiene trampa. Porque es un Dios muy humano, muy terrenal y cotidiano. Y a parte, como no tiene rostro ni figura se mete en el cuerpo de Mariano Pena para hablarle al público. O sea que, en ese aspecto, juego con ventaja. (Se ríe).

- Es una obra hilarante. ¿Se ríe aún después de tantas funciones interpretando al personaje?

- Llevamos un mes de gira, estrenamos en Huelva, mi tierra. Evidentemente cuando cuentas un chiste veinte veces, no te suena igual, no te hace tantísima gracia como la primera vez. Pero cuando el público se ríe lo que sí tienes que hacer es poner en marcha la maquinaria, tengas el día que tengas. Una vez que quienes te miran se ríen, te lo pasas bien tú, eso está clarísimo. Tienes que entrar en un estadio extraño del humor, salir al escenario con ganas de pasarlo bien. Es como cuando sales de fiesta, la predisposición ya está ahí. Si sales a malas, difícil lo tienes. Las penas se quedan en el camerino.

- ¿Siente el teatro como un refugio tras nueve años en un mismo papel de televisión?

- La verdad es que Mauricio es un personaje tan, tan, tan popular que donde quiera que voy soy reconocido y admirado. La gente me adora, algo que yo nunca entenderé con un personaje tan políticamente incorrecto como éste, que tenía todas las papeletas para ser antipático y caer mal. No sé qué ha pasado, pero yo estoy encantado, tengo que decirlo. Con este panorama el teatro no es un refugio pero sí es cierto que más que refugio fue una buena oportunidad de cambiar de aires después de que se acabara la serie 'Aida'. Aunque la sombra de Mauricio sea alargada. A mí me encanta el teatro.

- ¿Es el protagonista de esta obra, al igual que Mauricio en Aída, un Dios algo políticamente incorrecto?

- Esta función ironiza un poco al Dios de la Biblia, ese que nos han contado. De alguna manera sí, es un protagonista políticamente incorrecto desde el momento en que es un Dios que reconoce y confiesa sus errores, lo es. Porque estamos acostumbrados a ese Dios severo, serio y no a uno divertido, alegre, dicharachero, simpático, muy humano. Reconocer errores ya me parece una virtud preciosa en el ser humano, pero que lo haga Dios ya es sublime. Decir que no es infalible ya es políticamente incorrecto. Revisar los mandamientos lo es.

- ¿Cómo mandaría a los espectadores a ir a ver 'Obra de Dios'?

- Les diría que no es necesario demasiado esfuerzo o conocimiento. Que todos hemos escuchado las historias de la Biblia, las de Noé, Abraham, Isaac. Entonces lo divertido es escuchar estas historias desde otro punto de vista. Y, por supuesto, alegrarse escuchando la respuesta a esas preguntas que uno se hacía, yo también, de pequeño. Siempre en clave de humor. El humor siempre es sano y si es sobre la religión a mí me parece que mucho más.

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