Celestino González: «Nos hemos corrido unas juergas maravillosas»

Celes aún tiene ganas de fiesta y cuerpo para aguantar. / J. ANDRADE

La cuadrilla de Blusas y Neskas Veteranos celebra este 8 de agosto su 40 aniversario con el incombustible Celestino González Barrio y su nuevo bastón a la cabeza

SARA LÓPEZ DE PARIZA VITORIA.

Tiene 93 años y hoy es su gran día. El suyo y el de todos los blusas y neskas veteranos a los que la edad y sus achaques no les impiden disfrutar de las fiestas a lo grande. Burgalés de nacimiento, pero vitoriano de corazón, Celestino González Barrio encarna a la perfección el espíritu de un blusa entregado a las fiestas en honor a su patrona. Este 8 de agosto, por primera vez, tendrá que salir acompañado de un bastón en el que apoyarse, el único punto negativo de la jornada: «Esta vez no saldré con la fuerza y el ímpetu de otros años, antes saltábamos sin cesar. Nos hemos corrido unas juergas maravillosas...»

El que fuera concejal aquél 1977 en el que miembros de la Corporación decidieron izar la ikurriña por primera vez en la fachada del Ayuntamiento, recuerda con nostalgia los tiempos en los que los años no pesaban. «Cuando todavía estaba estudiando en los 'Coras' salía de blusa con mis compañeros en la cuadrilla Los Garcitos. Éramos unos 15 y le pusimos ese nombre en honor a un chaval de Villabuena al que llamábamos El Garcito porque era el graciosillo del grupo», rememora.

Entonces contaba con apenas 18 primaveras y estaba de moda la canción del avión. «¿Dónde estará el avión? ¿Dónde estará el avión? Cantábamos por la calle Dato durante los paseíllos y buscábamos por debajo de las mesas y en los escaparates... Teníamos chispa y nos divertíamos mucho», confiesa y se le iluminan los ojos todavía un poquito más al entonar la letra. «¿Has sido muy juerguista tú, Celes?», le pregunta la plumilla tras la solicitud previa de tuteo. «¡Uy, lo pasábamos en grande! Salíamos a la noche, pero no como se hace ahora, estábamos hasta que se acababa la verbena, a las dos o tres de la madrugada y luego nos íbamos a tomar sopa a alguna sociedad», cuenta sosteniendo el descafeinado.

«Bebíamos vino y zurracapote, porque lo llevábamos en garrafas grandes y se mantenía fresco. Entonces no había frigoríficos», añade. Eso sí, las salidas nocturnas nunca le impidieron cumplir con las tradiciones diurnas, «éramos muy fieles a las dianas a las nueve de la mañana, no faltábamos nunca», subraya. Los toros eran otro de los actos marcados en la agenda, y a Celestino la afición le viene por parte de su tía. «Comprábamos tiques por un duro en el bar Bujanda y cuando tenías los necesarios te daban el abono para todas las corridas. También pagábamos por ir al desencajonamiento de los toros que se hacía antes de las corridas, estaba muy de moda por aquél entonces», cuenta.

El pañuelo bordado

Este histórico blusa tiene una opinión clara sobre que no haya toros y que el paseíllo se haya convertido en kalejira. «Nos han quitado algo tradicional de nuestras fiestas, antes había cuadrillas que se llamaban los del 6 o los del 7 por el tendido en el que se sentaban», pone como ejemplo. Tampoco le gustó nada el reciente rifirrafe entre la Comisión y la Federación de blusas y neskas. «Es un mal asunto y lo que tienen que hacer es entenderse entre ellos, sentarse a arreglar las cosas y unir, no separar. Me da miedo que la situación se enquiste y esto sea como el Alarde de Irún», confiesa.

Conflictos aparte, Celes prefiere recordar los buenos momentos con las abarcas puestas. «La creación de la cuadrilla de veteranos en 1977 fue una idea muy feliz. Servía para reunir a los que, pese a los años, tenían el gusanillo por salir en fiestas y desde el Ayuntamiento, yo como concejal, y la comisión de Enseñanza, decidimos entregarles el Celedón de Oro», explica echando la vista 40 años atrás. Precisamente, uno de sus mejores recuerdos es cuando la cuadrilla le homenajeó en el 2009 y le regalaron un pañuelo rojo con su nombre bordado que muestra orgulloso.

Hoy volverá a reunirse con sus amigos mientras que el resto de las fiestas las pasa con su familia. «Suelo salir todos los días con mis hijos y los nietos al centro, tomamos algún pintxo, vemos el ambiente, el paseíllo... lo pasamos muy bien», asegura. Además, reconoce que el ambiente y la actitud de la gente es lo que más le gusta de La Blanca. Sin embargo, si tuviera que quedarse con único momento de los seis días de fiestas elegiría la ofrenda de flores a la Virgen que cada día 8 realizan los blusas veteranos por su emotividad, además este año espera que sea más especial si cabe por el 40 aniversario que celebra su cuadrilla.

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