Vitoria se mete en su burbuja festiva

Los Blusas y Neskas sacaron músculo preparando La Blanca en un día en el que la ciudad volvió a mostrar su antigua alma rural

Repasamos las principales actividades del día / Urtxi Lezámiz
Francisco Góngora
FRANCISCO GÓNGORA

El Día de Santiago, una fiesta de guardar en la capital alavesa documentada al menos desde 1483, es el prólogo de las feria de La Blanca y lleva la firma de los blusas, que ponen la sal y la pimienta. Pero en realidad es todo el pueblo de Vitoria el que sale a la calle a celebrar. Con el día que salió tan perfecto en temperatura -cielo encapotado, gotas escapadas y resol en algunos momentos- fueron pocos los que cogieron el coche para irse al monte o la playa , así que no había manera de dar un paso en algunos momentos en las calles del Centro, el Casco Antiguo y el Ensanche.

El tradicional espacio festivo se ha hecho pequeño para aguantar la embestida de tanto vecino, en cuadrilla o sin ella, vestido de uniforme vitoriano, esto es, pantalón de mil rayas, camisa blanca y blusa, ellos, y traje de neska, con pololos incluidos, ellas. Es un acto de reafirmación identitario, un rito de comunidad que tiene lugar cada 25 de julio.

Flores en Santa Isabel

El que quiere vivir el día con intensidad tiene que madrugar. La misa de los Blusas, a las 8, con asistencia de la Cofradía de la Virgen Blanca y coros a cargo de la Manuel Iradier puso la iglesia de San Miguel a rebosar. La primera explosión festiva, con poca pólvora, se produjo a las 9 con las Dianas que sirven para repartir juego musical por todas las calles. Y a las 9.30 comenzó un acto íntimo y minoritario en el cementerio de Santa Isabel en el que se hizo una semblanza de los blusas fallecidos en 2017, Paco Gorostiza, Manolo Aberásturi y Anton Iturbe, los tres muy comprometidos con la fiesta. José María Bastida, ‘Chapi’ se encargó de resumir cómo desde el segundo año del Día del Blusa, allá por 1946 había un acto de recuerdo y homenaje para todos los fallecidos. Pero al principio se visitaban las tumbas de Mariano San Miguel, Zapa y el alcalde Lejarreta que impulsó a las cuadrillas. También las del becerrista Valentín Chiquirrín que mató el primer novillo de la primera parodia cómica. Ante la cruz central del cementerio se puso una corona de flores y una neska de Belakiak recordó a tres de su grupo, Roberto, Paquiqui y Manolo.

Tras la concentración en repulsa por las agresiones sexistas en la plaza de España, este espacio festivo y el circuito creado para la segunda carrera de barricas se llenó de gente. En una esquina esperaba Asun Gorospe, que recordaba que el Día del Blusa siempre procuraba marcharse de Vitoria para no recordar una víspera de un 25 de julio el fallecimiento de su marido. «Es la primera vez que veo esta actividad. Hay muchas chicas», se anima Gorospe que también forma parte de la junta de los Blusas Veteranos.

Barricas por borricos

En efecto, el cambio de las barricas por los borricos ha democratizado la participación de blusas y neskas, permitiendo un mayor número de corredores y muchas más chicas. Hay menos riesgos que con los animales aunque se producen algunos sustos cuando, exhaustos, los participantes dejan ir solos a los toneles hacia las vallas, cuando no se atropellan entre ellos. Le falta a esta carrera la gracia de aquellos nombres eternos ‘Indurain’, ‘Juan de Bobón’, ‘Duque de Feria’...Hasta ahora los toneles van sin denominación.

Para que la melancolía no destroce a algunos, los de Batasuna se han encargado de pasear a diestro y siniestro al burro ‘Tamames’, el campeonísimo de las carreras antiguas. Ahora, retirado, es un blusa más que no se corta cuando le ponen un plato de ensalada en la mesa. ‘To pa mí’, piensa.

A medida que transcurre la mañana los vitorianos se animan y sobre las 12 cuesta ver algún espacio sin gente. Las charangas de las cuadrillas van poniendo la banda sonora de la jornada. ‘Ya viene los blusas’, ‘Celedón’, pero también música caribeña. El Señor Santiago puede estar contento. Su día es uno de los más musicales del año.

La Cuesta de San Francisco, con actividad desde las 7 de la mañana por los miles de cabezas de ajos y ristras que han colocado para suventa vendedores procedentes de toda España, aporta esa alma rústica que Vitoria se resiste a abandonar. La plaza de los Fueros emana aplausos y muchos gritos de ánimo. Las cuadrillas compiten en dos modalidades, soka tira y recogida de mazorcas. La cuerda está, pero en vez de maiz se opta por estacas más ligeras. En la plaza de la Virgen Blanca tiene lugar la distribución del Txori-pintxo solidario a beneficio de la asociación Ascudean para dependientes.

El protagonismo blusa se hace extensivo a cualquier actividad. En el kiosko del parque de la Florida, Mikel Delika es el encargado de dirigir a la Banda Municipal como manda la tradición.

Productor sin producto

Otro ritual que ha encontrado un espacio adecuado en el campus unido por la calle Fueros como cordón umbilical al centro de la fiesta es la feria agrícola y ganadero. Hay una multitud ávida de comprar. Segundo Meabe, el pastor de Gujuli, tiene que mediar entre sus compradores de los mejores pasteles vascos porque no hay números en la cola y alguien se cuela. La bronca entre la gente sube de tono. Los productores se quedan sin nada que vender en muchos casos.

Mientras los animalistas pasan con sus pancartas proabolición de estas ferias una madre le dice al niño que quiere ver más animales. «Cariño, que no hay osos». Es difícil concienciar a un niño con los ojos como platos al ver los terneros o las ovejas. La alternativa son los viejos tractores alaveses.

A las 16.15 se confirma que no hay ningún problema en la ida de las cuadrillas de blusas. Estíbaliz Canto, la concejala de Cultura, respira tranquila. «Muy puntuales y muy rápidos». Demasiado. Dos neskas se disculpan por no llegar a la hora. «Es que nos ha pillado el toro». ¿Qué?

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