El Correo

Iker Ortiz de Zárate sentía «fascinación y miedo» con los cabezudos y el Gargantúa

Iker Ortiz de Zárate, en el parque de La Florida durante unas fiestas de Vitoria.
Iker Ortiz de Zárate, en el parque de La Florida durante unas fiestas de Vitoria. / I. O de Z.
  • El director, actor y dramaturgo vitoriano rememora «la visión mágica de los Faroles», la música de sus primeras fiestas de Vitoria y los sabores de los mantecados y las nubes de algodón de las barracas

Las artes escénicas en la capital alavesa están unidas a un puñado de personas. Uno de los nombres asociado al teatro alavés y uno de los más destacados es el del vitoriano Iker Ortiz de Zárate y su escuela y laboratorio de nombre Ortzai que bulle en el Casco Viejo de la ciudad. A sus 46 años, Ortiz de Zárate ha echado la vista atrás para recordar las fiestas de su infancia, las de los años 70 y 80, que aparecen reflejadas en la imagen que acompaña a esta información. En ella, el pequeño Iker, de apenas tres o cuatro años, ya tenía su particular forma «serena» de vivir las fiestas de La Blanca.

«Mis recuerdos de las fiestas de la Virgen Blanca, y ese mi modo de vivirlas hoy, están ligados al parque de La Florida y a cuanto ha pervivido en el tiempo: la serenidad alegre de los conciertos de la Banda Municipal en el kiosko, participando de la emoción con que asisten a ellos las personas sentadas en torno a él, bajo la sombra de los castaños de indias, es un auténtico privilegio de Vitoria-Gasteiz», rememora este director, actor y dramaturgo vitoriano.

Pero no sólo eso, ya que esas fiestas de su niñez le vienen recuerdos del «colorido de los gigantes, la mezcla de fascinación y miedo que producían los cabezudos y el Gargantúa, con su enorme boca y sus ojos giratorios», recuerda. Sus fiestas también incluían «la visita a la Virgen Blanca, en San Miguel, rodeada de flores; la belleza de los Faroles». En este punto, Iker narra que «uno de mis primeros recuerdos infantiles de las fiestas es la visión mágica, entre los barrotes de la balconada y flanqueado por las rodillas de las personas adultas que lo contemplaban desde allí, de su llegada a la plaza de la Virgen Blanca y el cántico, al unísono, de la Salve». Con especial emotividad recuerda «las borlas del kaiku bailando de un lado a otro, el rosario de la Aurora y el desayuno posterior, reencontrando a las personas conocidas al son de txistus y tamboriles...»

Para Iker Ortiz de Zárate las fiestas de Vitoria «eran días en los que se respiraba la alegría, días en que venían los primos de San Sebastián quedando siempre admirados del ambiente de la ciudad.» «Otro de mis primeros recuerdos está ligado a la imagen de un dantzari descendiendo por Los Arquillos hacia La Unión. Caminaba decidido, de blanco inmaculado con su txapela roja, y los mayores comentaron lo guapos que estaban vestidos así y la prestancia de quienes animaban con las danzas y la música las fiestas».

Sonidos, imágenes y sabores, como las de «los mantecados de la Heladería Italiana en la calle Dato, las nubes de azúcar, la visita a las barracas, los globos y las pompas de jabón en los puestos ambulantes son otros de mis primeros recuerdos. También la bajada y la subida de Celedón, en un tiempo en que niños y personas mayores podían acudir tranquilos a la plaza a compartir ese sentimiento de felicidad difícilmente explicable en un ambiente verdaderamente festivo, amable y solidario, lejos del modo en que hoy se ha privado a esos niños, ancianos y personas con limitaciones motrices de participar de ese acontecimiento único que deben conformarse con ver en televisión ante el abuso de quienes han tomado la plaza (esperemos que hasta que la educación y el amor por la ciudad lo corrija) con un afán de forzada euforia que nada tiene que ver con la alegría serena y sincera que, revisando las viejas fotografías de las fiestas de la Virgen Blanca, se aprecia en los rostros de quienes aguardaban al casero de Zalduondo unos años atrás», indica. Ante este torrente de sentimientos encontrados, Iker Ortiz de Zárate desea a todos los vitorianos y visitantes «¡Felices Fiestas de la Virgen Blanca! Jai zoriontsuak guztioi!».