Jantour

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Restaurantes

Desde Rusia con sabor

Una de las creaciones de Dmitrii Modestov./LUIS MICHELENA
Una de las creaciones de Dmitrii Modestov. / LUIS MICHELENA

DAVID DE JORGE

Vivimos tiempos de estrechez mental, y aunque nos vendieron la moto de que el conocimiento y las tecnologías harían de nosotros hombres libres y prósperos, tengo la sensación de que tanto megabyte y cacharrito teledirigido nos está convirtiendo en personajes de novela de Aldous Huxley. Cualquier día nos levantan el ‘uasap’ y nos da el flato, lo políticamente correcto está a la orden del día y no hacen gracia ya ni los chistes de Eugenio, pues si viviera, estaría todo el día sentado en los escaños de la Audiencia Nacional. Por eso sigo aburriendo con mi «¡viva Rusia!», como un jubilado reclamando su cartón en el bingo de un centro de día, insistente hasta enronquecer, ¡vaya panorama! Así que el mundo es de los valientes y de tipos como Dmitrii Modestov, un chef que nos viene al pelo con todo esto porque estaba bien pancho en su Rusia natal, soñando vivir su oportunidad de currar con Ferran Adrià.

'Takatak' (San Sebastián)

Dirección
Plaza Zaragoza, 4.
Teléfono
943477215.
Web
www.takatakbar.com.
No perderse
La auténtica ensaladilla rusa de codorniz.

El buen hombre mandó su solicitud y para cuando llegó la carta y se dieron cuenta, pasó el tiempo, le cerraron el Bulli y siguió erre que erre haciendo lo posible para trasladarse a Barcelona con la familia, cerca de la suave brisa del mar. Se plantó en un despacho frente al gran Albert Adrià y vio con creces su deseo cumplido al integrarse en su plantilla de trabajo, rodeado de genio, currelo, sifones, métodos de trabajo exhaustivos, esferificaciones y demás. Más tenaz que un alicate de ferretería buena, pasó por grandísimas casas en las que asimiló conocimiento, buenas maneras y recetario, pelándose la pava en Tickets, Espai Kru o Rías de Galicia y rematando en el Etxebarri de Bittor Arginzoniz o en el Arzak del Alto Vinagres.

Producto de primera

Takatak es un lugar precioso para pegarse un homenaje con los amigos o la amante cautiva, en el que todo está colocado para el deleite de los ojos y las posaderas: materiales nobles, cocina abierta, sonrisas a mansalva, iluminación delicada y una localización en pleno centro por todos conocida, pues le ha dado vidilla y aspecto neoyorquino al recibidor del Orly, hotel donostiarra de toda la vida. Encontrarán producto de primera categoría y una cocina elaborada en un entorno de adopción, pues el ruso está feliz rodeado de verde, huerta y mar, orgulloso de que sus hijas gocen en el colegio y de ver pasar a las comparsas del carnaval.

Apoyado en el quicio de la puerta observa nuestras costumbres y se empapa de sirimiri, con la certeza de que está en el sitio exacto, sin átomo de dudas, mezclando los sabores del mundo con las golosinas de nuestra despensa, ejecutando recetillas muy bien formuladas sobre las que reflexiona cuidadosamente, generando un entorno placentero en el que todos gozan y brindan y lo pasan pipa. Bien cierto es que los cocineros nos buscamos las cosquillas, somos muy pedorros, pero los más valientes se alejan de su identidad para sumergirse en registros que les llevan más allá de su cultura y de su patria, como es el caso del Takatak.

Muchos son los platillos que ofrecen, tártaros de solomillo, burratas con tomate a la parrilla, la auténtica ensaladilla rusa de codorniz, linguine con botarga, arroz con pichón, pescados tratados a la nipona o incluso callos tradicionales guisados, pluma de cochino ibérico con guiso sukiyaki o unos pocos pero muy precisos postres tocados con el don del dulzor justo.

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