Restaurantes

En la mesa con Meg Ryan

Aunque los sándwiches y los fundidos entre pan y pan son lo más llamativo de la carta, en Copper Deli también se pueden comer unas deliciosas cremas de verduras que cambian cada día además de varios tipos de ensalada. La oriental, con pollo marinado, hinojo, shitake y anacardos, es casi una comida completa. Los más hambrientos disfrutarán con el fundido Thai, con cerdo asado, mozzarella, cebolla roja encurtida, pepinillos, cilantro y siracha. /MAITE BARTOLOMÉ
Aunque los sándwiches y los fundidos entre pan y pan son lo más llamativo de la carta, en Copper Deli también se pueden comer unas deliciosas cremas de verduras que cambian cada día además de varios tipos de ensalada. La oriental, con pollo marinado, hinojo, shitake y anacardos, es casi una comida completa. Los más hambrientos disfrutarán con el fundido Thai, con cerdo asado, mozzarella, cebolla roja encurtida, pepinillos, cilantro y siracha. / MAITE BARTOLOMÉ
Copper Deli (Bilbao)

Comer rápido, sano y barato es posible en un local cuyo sándwich de pastrami es capaz de evocar Nueva York sin salir del centro de Bilbao

GUILLERMO ELEJABEITIA

En la escena más famosa de ‘Cuando Harry encontró a Sally’ Meg Ryan finge un orgasmo que hace enmudecer a los clientes del restaurante en el que cena junto a Billy Crystal. No es un sitio elegante, sino uno de esos garitos a medio camino entre charcutería, comedor y ultramarinos que pueblan las calles de Nueva York. Delis, se llaman, y son la opción más barata para llenar el estómago en la ciudad de las oportunidades. Cuando Sally ha demostrado a su partenaire que es capaz de parecer convincente hasta en los momentos más íntimos, vuelve a hincarle el diente como si tal cosa a un sándwich de pastrami.

Este fiambre de ternera en salmuera aderezado con especias está a la altura de la pizza de peperoni y la hamburguesa con queso en el paladar de los neoyorquinos. Hoy pueden verse en casi todas las capitales europeas, pero los primeros ‘delis’ los fundaron a mediados del siglo XIX inmigrantes rumanos de origen judío. En su triunfo como símbolo del mestizaje culinario de la Gran Manzana tuvieron mucho que ver los constructores de los primeros rascacielos, que se alimentaban casi exclusivamente a base de sus nutritivos emparedados.

Copper Deli (Bilbao)

Dirección
Plaza del Museo, 3 (944657181) y Mazarredo, 6 (946570899).
Web
copperdeli.com.
No perderse
El sandwich de pastrami y las cremas de verduras.

Si Bilbao, como Nueva York, tiene su propio Guggenheim, también cuenta desde hace un par de años no con uno, sino dos ejemplares del popular bar yanqui. Ubicados estratégicamente junto al Museo de Bellas Artes y los Jardines de Albia, sus dueños no son rumanos, ni judíos, «ni siquiera teníamos experiencia en la hostelería». Marta Martínez y Jorge Muguruza se dedicaban al interiorismo y a la promoción inmobiliaria hasta que la crisis les planteó la necesidad imperiosa de reconvertirse. En una ciudad con una oferta gastronómica apabullante, «queríamos montar un lugar para comer día a día, rápido, saludable y alternativo al pintxo».

Apetito cosmopolita

Su versión del ‘deli’ tiene poco de la herencia eslava y sí grandes dosis de lo que el mundo entiende por un local cosmopolita. Un emplazamiento inmejorable, un estudiado desaliño en la decoración y unos platos pensados para lucir apetitosos bajo un filtro de Instagram. Podría parecer que Copper Deli es tan ficticio como el clímax de Meg Ryan en aquella comedia romántica y sin embargo hay que rendirse a la evidencia. Su comida está buena. Muy buena.

Con pastrami de primera calidad importado de Rumanía, una mezcla secreta de mostazas con el punto justo de intensidad, pepinillos y el delicioso pan de Saturio Hornillos, ¿qué podría salir mal? Pero además del afamado sándwich, la casa ofrece cada día una crema de verduras, varios tipos de ensalada y una variedad de emparedados que combina con naturalidad la excelente materia prima vasca con referencias de la gastronomía global.

Si a eso añadimos un precio competitivo y un ambiente distendido en el que es habitual compartir mesa, no es raro que a los yuppies de la villa se les quede a veces la cara de Billy Crystal.

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