Restaurantes

Jabalí y caballero

La sala de The Boar no se parece a la de un restaurante ni tampoco a la de un bar. Una barra cruza el espacio, pensado para compartir raciones de forma informal. Colgados del techo, unos grandes bidones almacenan varios tipos de cerveza, que se combinan después para elaborar mezclas que representan el gusto cervecero de diferentes ciudades del mundo y que se pueden maridar con las propuestas de la carta. Desde una ligera rubia con ensaladilla hasta una morena potente con steak tartar./MAITE BARTOLOMÉ
La sala de The Boar no se parece a la de un restaurante ni tampoco a la de un bar. Una barra cruza el espacio, pensado para compartir raciones de forma informal. Colgados del techo, unos grandes bidones almacenan varios tipos de cerveza, que se combinan después para elaborar mezclas que representan el gusto cervecero de diferentes ciudades del mundo y que se pueden maridar con las propuestas de la carta. Desde una ligera rubia con ensaladilla hasta una morena potente con steak tartar. / MAITE BARTOLOMÉ
The Boar (Bilbao)

El equipo de Yandiola se propone dar un ambiente golfo al último rincón de la Alhóndiga con una propuesta a medio camino entre el pub inglés y la tasca más castiza

GUILLERMO ELEJABEITIA

La voz de Grace Jones entonando ‘Libertango’ a todo volumen, una hipnótica iluminación naranja, un colosal mapamundi vistiendo las paredes y hasta el imponente bigote del camarero... los estímulos se suceden reclamando imperiosos la atención del cliente que, desconcertado, tarda en identificar lo que tiene ante sus ojos. ¿Un bar elegante en el que dejarse ver a la hora del aperitivo, un pub inglés donde saborear una copa a media tarde o una tasca para tomar unas cañas y ver el partido con los amigotes?

The Boar (Bilbao)

Dirección
Plaza de Arriquibar, 4.
Teléfono
9444714740
No perderse
El steak tartar.

Todo eso es The Boar, un jabalí que busca afanoso la trufa del éxito en el concurrido bosque de la hostelería bilbaína. El guía es Ricardo Pérez, chef de Yandiola, que despliega en este rincón de la Alhóndiga una propuesta de envoltorio rompedor, pero tejida con mimbres tan tradicionales como una lata de sardinas o una copa de vino. Consciente de que ya cuenta con un restaurante de alto copete, una acogedora cafetería y una espectacular terraza, todo en el mismo complejo, el reto era ofrecer algo diferente en un espacio que no terminaba de despegar. «Queremos crear durante el día un ambiente un poco golfo donde se pueda comer y beber algo de manera informal», explica el cocinero y empresario.

La oferta culinaria de The Boar tiene poca cocina y mucha selección de producto. Tras catar las mejores conservas de la zona, Ricardo Pérez y su equipo se decidieron por algunas joyas como los mejillones de las rías gallegas, que sirven con algas y vegetales de costa o la ventresca que embota Emilia en Santoña. El célebre steak tartar de Yandiola también está en una carta que no por sencilla deja de ser cuidada.
La oferta culinaria de The Boar tiene poca cocina y mucha selección de producto. Tras catar las mejores conservas de la zona, Ricardo Pérez y su equipo se decidieron por algunas joyas como los mejillones de las rías gallegas, que sirven con algas y vegetales de costa o la ventresca que embota Emilia en Santoña. El célebre steak tartar de Yandiola también está en una carta que no por sencilla deja de ser cuidada.

Una serpenteante barra que cruza el local de punta a punta se encarga de hacer saltar por los aires la encorsetada distribución de mesas y sillas de la mayoría de restaurantes, y de paso consigue imprimirle carácter a un entorno desenfadado, en el que lo ideal es poder echarle mano al plato mientras uno suelta una carcajada, se marca un baile o canta un gol. Pero que las maneras pequen informales no quiere decir que la carta lo sea. Pérez sabe que los bilbaínos se toman muy en serio las cosas de comer y ha diseñado una propuesta pensada para caballeros, aunque a veces se comporten como jabalíes.

Latas y embutidos con clase

En The Boar se puede comer más o menos lo que uno abriría en una reunión de amigos para darse un homenaje sin manchar mucho la cocina: una buena selección de conservas del mar o de la huerta y los mejores embutidos. Por ejemplo, unos robustos espárragos de Navarra con mahonesa y vinagreta, unos sardinillas del Cantábrico sobre mollete antequerano o unas delicadas alcachofitas con aceite de humo, servidas con pan de cristal y salsa romescu. Mención especial merecen la suculenta mortadela trufada -todo un descubrimiento- y la cuidada selección de quesos artesanos. Todo ello regado con una chispeante carta de bebidas en la que detrás de nombres descarados y diseños atrevidos se esconden algunas propuestas tan interesantes como Mokofin, capaz de redefinir su concepto de la sidra.

Y tras un rato en el local la atención dejará de estar en las luces o el mobiliario, para dedicarse por completo a saborear un espléndido steak tartar, que parece estar hecho con la música de Grace Jones.

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