Restaurantes

Descanso y buena cocina

El equipo del restaurante brinda en el comedor./ARIZMENDI
El equipo del restaurante brinda en el comedor. / ARIZMENDI
Jaizkibel (Hondarribia)

DAVID DE JORGE

Como les conté la semana pasada, Christine Guérard, la musa e inspiradora del universo Eugénie-les-Bains, falleció dejando un legado que será la mejor herencia para todos aquellos que aman el estilo y el saber vivir a la francesa. Mujer de acción, trasladó todas sus inquietudes personales y su particular gusto exquisito a su imperio hotelero, cuya joya es Les Prés d’Eugénie, donde su marido, Michel Guérard, estuvo todo este año celebrando con su equipo, clientes y amigos, la friolera de 40 años sucesivos ostentando las tres estrellas de la guía Michelin.

Les cuento todo esto para explicarles que existen negocios y establecimientos brillantes que son la prolongación de una manera de ser, recibir, imaginar y vivir de quienes los gestionan. Cuando las barreras son casi inexistentes entre el paisaje familiar y particular de un empresario y el negocio que atiende, surge entonces la magia y todo adquiere el brillo y ese toque excepcional de una gran casa.

Jaizkibel (Hondarribia)

Dirección
Baserritar Etorbidea, 1.
Teléfono
943646040
Web
www.restaurantejaizkibel.com.
No perderse
Huevo termal con pastel de patata y ravioli de setas.

Pichón con crema de castañas e higos.
Pichón con crema de castañas e higos.

Y puede ocurrir en un tasco, no todo es oropel, o en una fantástica cervecera de inspiración industrial, reflejo de un empresario urbanita, electrónico e inoxidable, o como en el lugar que hoy nos entretiene, el hotel Jaizkibel, casa de Marga Gaztañaga y Diego Rodríguez, que es la interpretación de una manera de vivir reflejada en la arquitectura, los cálidos espacios, la decoración, los fogones, las cómodas habitaciones y un pedazo de jardín, que no es otra cosa que la prolongación del de la casa familiar de Beraun, uno de los más preciosos de Gipuzkoa.

Ravioli de pato y hongos sobre falso risotto de patata.
Ravioli de pato y hongos sobre falso risotto de patata.

A la familia Rodríguez Gaztañaga muchos la conocen como «los de Remelluri», apelativo cariñoso que refleja una geografía y una bodega. Dormir allá a pierna suelta, bajo vigas centenarias y vistas al jardín del árbol verde encantado o disfrutar de un opíparo festín de cocina de la tierra, es una experiencia vital que refleja la forma de vivir de una familia, como les dije al comienzo. Por eso, el Jaizkibel pertenece a ese mismo tronco y sus ramas tienen el brillo y la luz que irradia un equipo gestionado por Sara, Rebeca y Jaime, responsables de recepción y administración, Consuelo, maestra gobernanta, Igor Fernández a los mandos de la cocina, Arantxa, jefa de barra y eventos y un recién incorporado Ion Dorronsoro, responsable de sala y custodio de una bodega que alberga una selecta y personal colección de botellas: desde grandes elaboradores nacionales e internacionales, a pequeños y singulares productores de zonas más desconocidas.

Sin fuegos de artificio

Comerán fabulosamente componiendo un menú con platos sugerentes, buen jamón ibérico, ensalada de tomates tardíos bien pringados de cebolleta y aceite, setas guisadas con cebolleta pochada, carpaccio de gambas, huevo termal con pastel de patata y ravioli de setas, un ajoarriero desmontado que rompe la pana, el pisto sofrito en la base coronado por unas lascas de bacalao sonrosadas y bañadas en salsa pil pil que son puro desmelene, merluza albardada con panceta y espinacas o un postre de yema de huevo que es un canto a la gula y a la sabrosura más elemental.

Cocina conclusiva de mecha larga y sin fuegos de artificio, que asegura paz, sosiego y sobremesa relajada. El punto fuerte del Jaizkibel es la celebración de bodas, pues coordinan semejante tinglado en continuo contacto con las parejas, buscándoles un toque personalizado en cada una de las ceremonias de relumbrón que organizan en el jardín.

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