Restaurantes

Cocina sin complejos

La hamburguesa Demanda y la burrata con chutney de mango son dos creaciones de Antonio Arrabal./RICARDO ORDÓÑEZ
La hamburguesa Demanda y la burrata con chutney de mango son dos creaciones de Antonio Arrabal. / RICARDO ORDÓÑEZ
La Jamada (Burgos)

DAVID DE JORGE

Les diré que hace ya unos años estuve a puntito de ser jurado del programa de televisión Top Chef, junto a los chiripitifláuticos Susi Díaz y Alberto Chicote. Pero finalmente no pudo ser, porque me rajaron el estómago y me dejaron sin cuerpo para meterme tropecientos platos entre pecho y espalda, aunque tuvieron la gentileza de convidarme un par de veces como estrellita invitada. En los concursos aparatosos de televisión, en los que se guisa atropelladamente, los cocineros están más perdidos que San Jerónimo en la fabrica de chocolate de Willy Wonka, y los que salen victoriosos de semejante movida, como el patrón de La Jamada, no olvidan jamás esa descalabrada sensación de haber estado inmersos en un cataclismo.

La Jamada (Burgos)

Dirección
Plaza Mío Cid, 4.
Teléfono
947108046.
Web
www.lajamada.es.
No perderse
Jamburguesas

Algunos salen ilesos para poder contarlo, así es, pues si visitan al amigo Antonio Arrabal en su garito burgalés, comprobarán que luce orgulloso las heridas de sus escabechinas por la cocina de la alta guerrilla del paripé, en la que hizo sus pinitos con nota sobresaliente. Tras sortear todo tipo de aguaceros y tempestades, se plantó en su Jamada, que no es otra cosa que un tasco moderno en el que sirve una recopilación de platos felices que apetece comerse a todas horas, sin necesidad de instrucciones de manejo, ni humos, ni peritas inyectables de plástico: el pan es pan, lleva relleno y chorrea. Y si chasqueas los dedos te alcanzan tu cervecita helada.

Los tiene bien puestos el chaval, pues se instaló en uno de los vértices de un triángulo precioso, el formado por la Casa del Cordón y en el extremo opuesto a Casa Ojeda, verdadera institución burgalesa que lleva la friolera de 105 años inundando la plaza con el aroma de sus guisos. Tomó al asalto la plaza con la sana intención de seguir ganándose la vida alegrando el morrete a los burgaleses, que disfrutan de una mesa apetecible, desacomplejada y muy bien fraguada, con buen producto y a precios de risa, todo hay que decirlo. Tapetes, servilletas de papel, convoy de salsas guarras, cada uno pilla sus cubiertos y el mérito del buen hombre consiste en plantarte ante los típicos platillos que inundan hoy todas las cartas del país, resueltos con mucho oficio, que no es moco de pavo, pues el mundo se volvió tan majara que las agencias de comunicación nos anuncian a bombo y platillo cartas repletas de originalidades como moles, ceviches, bollos bao y brochetas yakitori, fraguados con más pena que gloria.

Panecillos de Lerma

El grueso de la carta se compone de infalibles hamburguesas transformadas en ‘jamburguesas’, conteniendo todo tipo de golosinas que se calzan el mundo por montera, pues arropando a cortes picados de carne de vacuno de la sierra de la Demanda, pollo, cerdo ibérico y papada o ternera, campan a sus anchas el achiote, la salsa de tomate, la cebolla roja, el aguacate, el queso fundido, los jalapeños, el beicon crujiente, las berenjenas asadas o un filetón de morcilla, que convertido en bocadillo, flirtea con la menta, la rúcula, los pimientos y la mahonesa picante. Los panecillos son fantásticos, elaborados en Lerma con masa dulce de brioche y marcados a fuego con el logotipo de la casa, como si fuera el cuarto trasero de una vaca tejana.

Alrededor de tan pecaminosa gula, el patrón propone sus imprescindibles para abrir boca con la jugosa burrata con chutney de mango, la riquísima alcachofa plancheada con pelucón de tártaro de carne, las empanadillas criollas, algunas ensaladas bien vestidas con mordisco, alitas de pollo del señor Moreno o el pollo teriyaki frito. Denle a la birra cosa fina y disfruten con el jovencísimo personal.

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