Restaurantes

Una bodeja con fogón de campeonato

Un comedor donde disfrutar de platos como la ensalada de codorniz en escabeche o pescados a la brasa./ARIZMENDI
Un comedor donde disfrutar de platos como la ensalada de codorniz en escabeche o pescados a la brasa. / ARIZMENDI

DAVID DE JORGE

No será fácil que les escriba de un restorán situado a escasos metros del lugar en el que nací, crecí y correteé como un salvaje, sin caer en la descripción de aquellas meriendas colosales que nos metíamos entre pecho y espalda en alguna de las campas cercanas a la plaza de toros de Hondarribia y a la vieja fábrica de huevos. Y cosas de la modernidad, muchos caseríos fueron transformando los establos en comedor de merendero y cambiaron las duras tareas de labor, ordeño, siembra y madrugón por otras no más fáciles, pero sí más agradecidas, aterrizando en un nuevo mundo llamado hostelería, convertidos en tasqueros, camareros y cocineros.

Hiruzta (Hondarribia)

Dirección
Bº Jaizubia, 266.
Teléfono
943104060.
Web
www.hiruzta.com.
No perderse
Carrilleras de ternera guisadas en vino tinto.

Aquellas laderas del Jaizkibel fueron pródigas siglos atrás en variedades de uva menuda y ácida con la que se elaboraban vinillos que sirvieron para darle chispa y desahogo económico al núcleo familiar y al barrio, por lo que Hiruzta, el local que hoy nos entretiene, no es más que una semilla adormecida vuelta a la vida hace unos años en un entorno paradisíaco que es cuna del único vino con pedigrí del que podemos presumir bien orgullosos los guipuzcoanos.

Y no es menos emocionante, que de entre todas las propuestas lucidas en la carta de este soberbio asador hondarribiarra, podamos disfrutar de un buen sofrito de cebollas tiernas y pimientos verdes con bacalao desmigado cuajado en forma de tortilla, que es sin duda alguna el reflejo de que los vascos, al igual que muchos otros pueblos atlánticos, vivimos abrazados a la mar.

Podrán tomarse el aperitivo, si el tiempo y la autoridad lo permiten, en una terraza que ofrece vistas a las viñas y a la Bahía del Txingudi de verdadero infarto, pudiendo disfrutar, de entrada, con cualquiera de los vinos que produce la finca para empujarse un bonito y anchoíllas con guindillas y olivas aliñadas, o bien unas croquetas de jamón, calamares o esa tortilla de bacalao.

Hijo de carnicero

Reserven mesa porque el lugar, por su gran belleza, confort y apañado servicio, suele estar muy solicitado. Puedo sugerirles que compartan la ensalada de codorniz en escabeche, aliñada con piñones y granada, o ahora que abunda la verdura de ‘rama’, aprovechen el buen momento de la menestra o de las almejas en salsa verde. Por último, arreen a las brasas y denle al besugo, al rodaballo o a lo que en ese momento les dicte el cuerpo, sin olvidar que quién gestiona la cocina es hijo de carnicero y atesora unas chuletas de muerte, solomillos, carrilladas y callos y morros guisados tradicionales. Como a nadie le amarga un dulce, se ocuparán de apañarles las torrijas, los helados y las tartas finas de manzana y queso.

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