Kitu, sabores desde el centro del planeta

Ernesto García y Luis Santos catan sus snacks./IGNACIO PÉREZ
Ernesto García y Luis Santos catan sus snacks. / IGNACIO PÉREZ

GAIZKA OLEA

Yuca, plátano macho, batata... a estas alturas ya tendríamos que estar acostumbrado a estos vegetales, porque hace tiempo que conviven con las patatas alavesas, los pimientos de Gernika o las piparras de Ibarra en los anaqueles de nuestras tiendas. Los sudamericanos que de unos años a esta parte viven y trabajan codo con codo con nosotros han favorecido la importación de un género que nos sonaba, como los gallinazos, a lo que contaban Gabriel García Márquez y otros escritores del continente. Pero eso es historia ya; algo que lleva el nombre de plátano macho merece que lo probemos para saber a qué sabe aquello que comían en casa de los Buendía. Es lo que intentan, aunque cocinado, dos hombres a los que ahora llaman emprendedores, pero que en otros tiempos pasarían por iluminados. O por ocurrentes.

Nada parecía indicar que Ernesto García Marqués y Luis Santos Velazques se dedicarían a producir e importar género comestible desde Ecuador cuando se conocieron en la escuela de negocios Eseune, asentada en el parque tecnológico de Zamudio, un lugar al que el imaginario popular ve como una cuna de ejecutivos especializados en informática, aeronáutica o esas ramas tan complicadas del conocimiento. Pero no. Uno, el leonés Ernesto, quería exportar delicias vascas a Noruega, mientras que el hondureño Luis proyectaba importar productos latinoamericanos.

Seis vegetales

El viejo asunto de la prueba-error les animó a aliarse para traer género preparado en forma de snacks, vegetales fritos en bolsas como esas que satisfacen nuestro ansia de sal y un refresco ante la televisión al tiempo que llenamos de migas la alfombra. Esto último no lo contéis en casa, sólo es un accidente. Le dieron vueltas al proyecto y eligieron un lugar del que, para qué negarlo, sabemos poco o nada. Su nombre, Ecuador, y lo conocemos más por la línea que marca el hipotético centro de la Tierra.

El objetivo era localizar allí a campesinos que produjeran diversos vegetales que, tratados en una empresa, llegaran a nosotros en forma de snack. Fritos, sí, pero saludables. Kitu, que es el nombre de la empresa, trabaja con seis productos (remolacha, batata naranja y morada, yuca, zanahoria blanca y plátano macho) fritos en aceite de girasol, que desde comienzos de año distribuyen en dos formatos de 70 (un mix de todos ellos) y 50 gramos (las dos batatas cosechadas en las laderas de los Andes). «Nos comparan con los snacks tradicionales de patatas, pero el respeto a los cultivos tradicionales y una elaboración cuidadosa, semiartesanal, nos permite distribuir un género con menos grasa, sin aditivos ni alérgenos», explica Ernesto García.

Sonrisas

Un producto, explica, ideal para atender las necesidades de los aficionados al deporte que se comercializa en tiendas especializadas, bares, herboristerías, hasta sumar más de 300 puntos de venta en España. Su estreno en la feria Berdeago de productos saludables en Durango, en enero pasado, «fue un éxito, porque la gente que lo prueba compra el producto». García Marqués y Santos Velazques no olvidan el componente social de su proyecto, que destaca el valor de los tres campesinos ecuatorianos que extraen de la tierra el producto.

Son María Vargas, José Benavidez y Silvia Portilla, que desde la web de Kitu se presentan sonrientes ante el planeta mientras exhiben los vegetales que cultivan junto a sus familias con técnicas ancestrales en las que no tienen cabida los pesticidas o los insecticidas. «Nosotros intentamos ayudarles con formación y dinero, que obtengan por su trabajo más de lo que cobrarían si vendieran a las multinacionales», añade García Marqués. En pocas semanas llegará a Euskadi otro contenedor con 2.100 cajas para seguir con esta pacífica invasión de las estanterías, mientras se plantean comercializar bolsas más grande para la hostelería y más pequeñas para vending.

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