Jantour

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Lo mejor del mundo

Gusta mucho en estos tiempos que vivimos ordenar y clasificar

CARLOS MARIBONA

«¿Se han dado cuenta ustedes de que ahora todo es «lo mejor del mundo»? Gusta mucho en estos tiempos que vivimos ordenar y clasificar. Y en un ejercicio de maximalismo, gusta hablar siempre de ‘lo mejor’. Contribuyen a ello con entusiasmo los medios de comunicación y las redes sociales, buscando el mensaje directo y contundente que llegue con más facilidad al público. Este fenómeno ocurre en todos los ámbitos de la vida, pero lógicamente me fijo más cuando se produce en el terreno de la gastronomía, donde cada vez es más frecuente.

Cuántas veces hemos escuchado declarar con absoluto desparpajo, incluso a reputados especialistas, que tal o cual restaurante es el mejor del mundo. ¿Lo es? Para hacer una afirmación tan contundente habría que conocer todos los que existen en el planeta, algo absolutamente imposible. Bastaría con decir «el mejor de cuantos conozco» para no caer en una evidente falsedad. Tampoco es el mejor del mundo porque lo proclame la discutible lista anual de una revista.

Desde hace un tiempo, esto de «lo mejor del mundo» se ha trasladado al terreno de los campeonatos de cocina. «La mejor croqueta del mundo» se elige todos los años en Madrid Fusión. Y a la ganadora se le aplica este adjetivo sin rubor alguno. ¿Es de verdad la mejor del mundo? Para empezar, participan seis cocineros seleccionados con criterio profesional, sí, pero sólo entre los que los organizadores conocen, que no son todos. Y lo que es más importante, por razones evidentes no concursan los verdaderos maestros de las croquetas, los que las bordan.

¿Cómo podemos hablar de la mejor croqueta del mundo si no están en liza las de Marisa Paniego, en Echaurren, o las que hace Nacho Manzano en Casa Marcial? Bastaría con hablar de la mejor croqueta del año, que ya es bastante maximalista pero al menos sería menos discutible. Si tenemos en cuenta que la última ha sido la cuarta edición del concurso, ya hay por España cuatro croquetas que se consideran «la mejor del mundo». Muy buenas las cuatro, sin duda, pero ninguna de ellas es ni siquiera la mejor que he comido en mi vida.

Lo preocupante es que el fenómeno se extiende. Y ahora nos hablan de la mejor fabada del mundo, de la mejor tapa del mundo, de la mejor tarta de chocolate del mundo… Lo más triste es ver como los medios de comunicación y las redes sociales se hacen eco de la noticia sin el menor espíritu crítico. Así nos va.

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