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Salud

Nutrición, las conservas que más dan la lata

Nutrición, las conservas que más dan la lata

El actual ritmo de vida, sin tiempo para casi nada, ha disparado las ventas de los productos enlatados. Pueden sacarnos de un apuro y en un momento dado ser la base de una comida sana, pero abusar de ellas resultará perjudicial para la salud

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Siendo sinceros, que esto es una cosa entre usted y yo y no sale de esta página, tiene la despensa llena de latas. No se engañe. Que no son sólo de atún y sardinas en aceite de oliva. En ese armario que los dos sabemos, guarda usted latas de piña, espárragos, aceitunas, mejillones, paté, tomate, maíz, frutos secos, refrescos y también sopas, garbanzos, lentejas, judías, alubias... A veces tiene hasta callos con chorizo o a la madrileña, que le da vergüenza reconocerlo, pero bien que los disfruta. El actual ritmo de vida, que no deja tiempo para casi nada, ha disparado el consumo de productos enlatados, que -hay que decirlo- no están tan malos y, sobre todo, nos sacan de más de un apuro. Pero, ojo, no se pase. Un bocata de atún resulta más saludable que otro de salchichón, pero vivir a base de latas puede resultar perjudicial para su salud.

«La lata no puede ser un estilo de vida», recuerda la dietista de IMQ Zorrotzaurre Susana Cervero, autora del blog de nutrición infantil ‘Cerebrito Pérez’. Este tipo de productos, según explica, pueden formar parte de nuestra pauta alimentaria siempre que se utilicen con cabeza y «de una manera puntual. La lata -y éste es el mensaje principal de la especialista- jamás puede sustituir, como está ocurriendo, al alimento fresco y de temporada», elemento central de toda dieta sana y equilibrada.

Las latas de conserva de hoy son mucho más seguras de lo que fueron hace sólo unos años. Se las ve mucho más limpias y libres por supuesto de todo resquicio de roña. Ya ni siquiera es necesario tener en casa un abrelatas, porque la mayoría de las veces cuentan con sistemas de abrefácil que facilitan su consumo. En ese aspecto más pulcro e higiénico que lucen, ha desempeñado un papel fundamental el uso de un recubrimiento plástico (una especie de resina llamada bisfenol) que desde hace tiempo está en el ojo del huracán.

Trazas sospechosas

El bisfenol A es un producto químico que se sabe que es dañino para el organismo desde la década de 1930. En la actualidad se usa para fabricar no sólo latas, sino muchísimas otras cosas como extractos bancarios, discos compactos, biberones... Un estudio del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) de Atlanta, un instituto que forma parte de los servicios públicos de salud de Estados Unidos, concluyó que más del 90% de los estadounidenses tiene en su organismo trazas de esta sustancia, generalmente por debajo de la «dosis diaria tolerable».

Ante esta y otras evidencias, la Agencia de Alimentos y Medicamentos del país, la FDA, recomendó que se use «lo menos posible» en el revestimiento de latas, porque «podría filtrarse en el contenido de los alimentos», especialmente, de sopas y salsas. La Unión Europea, acostumbrada a regular a remolque del gigante americano, ha prohibido su uso sólo para la fabricación de biberones.

Mejor los tarros

Otro estudio más, uno solo, sobre esta cuestión. Investigadores de la Universidad de Harvard hicieron un trabajo con voluntarios a los que dieron de comer durante cinco días una sopa enlatada. Pasado ese tiempo, descubrieron, según relata Susana Cervero, que su orina presentaba una alta concentración de sustancias tóxicas. Los cinco días siguientes, se eliminó de la dieta toda comida en lata. ¿Qué ocurrió? Los niveles de tóxicos de todos ellos se redujeron de forma notable. La investigación concluyó que el consumo medianamente elevado de comida enlatada podría favorecer la aparición de trastornos hormonales y complicaciones metabólicas tipo diabetes.

No se asuste. El consejo que siempre oirá de todo buen experto en nutrición es que nada es bueno o malo por definición, sino que en el término medio -la moderación y el equilibrio- está la virtud. La merienda más sana que hay es el bocata de sardinas y el atún enlatado y los espárragos son fantásticos para la ensalada. Recuerde que las latas están llenas de sal, que se utiliza como conservante y, si quiere un buen consejo, haga caso a Susana Cervero. Si tiene que elegir, mejor tarros de cristal que latas. Y lave las legumbres antes de consumirlas para librarlas de todo conservante. Unas especias o un refrito propio no las convertirá en un producto fresco, pero casi.

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