Nutrición

Las horas de la comida

Las horas de la comida

El cuerpo humano está preparado por naturaleza para hacer cinco comidas al día; la dieta debería ajustarse a sus necesidades biológicas, pero el actual ritmo de vida acaba imponiéndose

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Desayunamos poco y, muy a menudo, llegamos a casa por la noche y vaciamos la nevera. Lo hacemos muy mal. La sociedad ha avanzado a un ritmo tan rápido que no ha dado tiempo al cuerpo humano a evolucionar lo suficiente como para adaptarse a sus necesidades. Deberíamos comer cinco veces al día, especialmente cuando las jornadas de trabajo se alargan hasta la noche y más allá; y también ajustar cada una de esas ingestas a las necesidades nutricionales del momento del día. Pero lo ideal no siempre es posible y, al final, se hace lo que se puede. El dietista Álvaro Vargas acaba de publicar un libro, 'A comer se aprende', en el que basándose en la dieta mediterránea, aporta sus claves para «mantener una dieta sana en el día a día». Una de ellas es saber qué se necesita tomar en cada momento; y, si es posible, hacerlo.

«Nuestra organización de vida no coincide con los ritmos circadianos», defiende. «Lo fundamental es que seamos capaces de sacar el tiempo necesario para llevar las riendas de nuestra alimentación». ¿A qué se refiere con esto? A que se haga un esfuerzo, al menos, en ir al supermercado para comprar producto de temporada, más sano y más barato, que nos permita mantener una dieta saludable, un concepto que, a su entender, «no tiene por qué significar que pasemos largo tiempo en la cocina. Mientras se cuecen las lentejas, podemos aprovechar para limpiar la casa», sostiene el autor.

La hora del infarto

A las siete de la mañana, según cuenta, el organismo deja de producir melatonina, que es la hormona que regula el ciclo del sueño. Es el momento de ponerse a funcionar y de hecho es cuando se registra la mayor presión sanguínea. «Por eso mucha gente tiene la tensión alta, palpitaciones...» y por eso esa suele ser una hora crítica para sufrir un infarto.

Después de una buena ducha, sería el momento de realizar un desayuno «realmente saludable, no de aeropuerto. El llamado continental, «popularizado por los hoteles de Estados Unidos», consiste en un café con leche, una tostada con mantequilla y mermelada o una pieza de bollería y un zumo de naranja. «No interesa», sentencia rotundo, porque contiene «demasiada grasa, demasiada azúcar e incluso demasiada cafeína». Su propuesta, una tostada de pan «realmente integral con aceite y tomate o con hummus (crema de garbanzos), aguacate o taína (pasta de sésamo), una pieza de fruta, que nos permita conservar su fibra, 5 ó 6 almendras y una bebida vegetal o infusión, mejor sin cafeína o teína».

Una cena ligera

Entre las diez y las once, llegaría el almuerzo, un tentempié para la hora en que «alcanzamos nuestro nivel máximo de lucidez»: basta con una pieza de fruta. El objetivo de tan frugal comida, como el de la merienda, sería evitar el picoteo de entre horas, que calma la ansiedad, pero es lo peor para nuestra salud alimentaria. La ingesta principal del día debería hacerse entre las 12.00 y las 13.00 horas, preferiblemente a base de verduras, legumbres, pescado y fruta.

La hora del té inglés, las cinco de la tarde, es propicia para algo ligero, como «una infusión, de nuevo fruta o un zumo de verduras». Por último, la cena, ligera para ayudar a conciliar el sueño, debería realizarse entre las ocho y las nueve, cuando el cuerpo vuelve a producir melatonina. Vargas se declara vegano, pero no contrario a la ingesta de carne «en su debida proporción. Lo hago por una cuestión de militancia, de concienciación con la defensa de los animales».

Su propuesta, basada en la dieta mediterránea, tiene la pega de que contiene productos que no siempre hay en una casa. «Pero todo puede sustituirse», anima.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos