Jantour

Los secretos de la granada, una fruta de temporada

Los secretos de la granada, una fruta de temporada

Es una fruta de las más curiosas, con un interior repleto de granos que explotan en la boca dejando rastros de frescura y dulzor

ISABEL LÓPEZ

La granada es vistosa por fuera y por dentro. ¿Cuántas semillas o granos contiene cada una? Pueden contarse pero no merece la pena perder el tiempo en cálculos cuando lo mejor es disfrutar de una de las frutas más ricas del otoño y del invierno, que llega al mercado a mediados de septiembre pero que está en plenitud ya entrado el otoño. Hay que saber elegir la fruta, sin cortes, arrugas ni magulladuras. La piel debe estar dura, brillante y tersa y de un color vivo con matices marrones. Los ejemplares deben ser de buen tamaño y de elevado peso respecto a su medida.

Las granadas se mantienen en buenas condiciones durante varios días a temperatura ambiente pero si no se van a consumir pronto es mejor conservarlas en el frigorífico. Es una fruta de muy bajo valor calórico por su escaso contenido de hidratos de carbono, siendo el agua su componente mayoritario. Generalmente sus granos se comen crudos, una vez extraídos de las amargas pieles blanquecinas que rodean el interior de la piel. La granada es habitual en las ensaladas de esta época del año, sobre todo en compañía de la escarola, otro producto de temporada. Son la pareja perfecta, y no solo por el contraste cromático de verdes y rojos sino por la combinación de los dos sabores. Lo mejor es aliñar el conjunto con zumo de limón, ya que el vinagre no liga tan bien ni con la granada ni con la escarola, aunque en cuestión de gustos ya se sabe que no hay nada escrito. Si se añade a esta ensalada unos daditos de jamón, nueces y piñones tostados, el festival gastronómico es insuperable por colores, texturas y sabores.

Y si le gustan los postres, tampoco lo dude: la granada va que ni pintada en una tarta fría de yogur, con una mousse de queso, con un granizado de mango y, sin necesidad de cocinar, mezclando sus granos con un sencillo yogur.

Zumo especial

El jugo que se obtiene de la granada es muy refrescante y, sin duda, su derivado comercial más conocido. La granadina se elabora añadiendo azúcar al zumo de la granada y es muy utilizada en la preparación de cócteles como el San Francisco o el Tequila Sunrise, a los que añade color y dulzor. Quizás por este uso se piensa que la granadina contiene alcohol cuando no es así. También se utiliza para dar sabor a helados y en la fabricación de jaleas, confituras y mermeladas. Y puede tomarse como refresco, combinándolo con soda o con agua.

Sacar los granos

Pelar una granada es tarea latosa para muchas personas, aunque algunas disfruten extrayendo sus granos uno a uno y comiéndolos como si fueran pipas. Una forma fácil de sacar las semillas es partir la fruta por la mitad, coger media granada, apretar un poco la piel para que se aflojen los granos y, sobre un plato, con el corte hacia abajo, golpear la piel con una cuchara. Otro truco es cortar la granada en cuatro partes y desde cada una de las esquinas hacer un corte poco profundo que descienda hasta la piel en el extremo opuesto. Los granos saldrán con facilidad.

Mucha historia

La granada aparece representada en la tumba de Ramsés IV y es citada el Antiguo Testamento y en ‘La Odisea’. Su origen se sitúa en Persia, desde donde se expandió por el Mediterráneo de la mano de los cartagineses. En España la introdujeron los árabes.

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