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Cómo entender las dichosas etiquetas

Cómo entender las dichosas etiquetas

La información contenida en los rótulos de los productos se ha simplificado mucho, pero aún resulta demasiado engorrosa. A las puertas de la reforma prevista, los especialistas en salud alimentaria piden un modelo más claro

Fermín Apezteguia
FERMÍN APEZTEGUIA

Las etiquetas de los alimentos siguen siendo una pura liada. Cada vez son más claras y, por supuesto, cumplen con todas las normativas existentes, pero no están diseñadas para el mundo en qué vivimos. Salvo turistas, no hay ni un sólo consumidor en Euskadi, ni en el conjunto de España, que necesite que todos esos textos aparezcan en francés, alemán, inglés y portugués. Sin embargo, el número de posibles compradores que se ven obligados a ponerse las gafas para poder leer la información contenida en ellas resulta cada vez mucho mayor. Se quiera o no, la población vasca, como la española, está cada vez más envejecida; y a partir de los 45 ó 50 años, la presbicia comienza a hacer estragos. Hay tantos datos en la rotulación y en tantos idiomas que muchas veces resulta imposible no ya comprenderlos, sino leerlos. Los nutricionistas ya están pidiendo que se tomen medidas, aprovechando la revisión de la normativa sobre aditivos de la Unión Europea, anunciada para 2020.

«En Euskadi, podrían tener sentido etiquetas en euskera y castellano, porque son las dos lenguas oficiales; pero tendría que ser una información más sencilla, entendible con un golpe de vista», defiende el especialista médico Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Nutricionistas y dietistas tienen claro lo que quieren. Pero sus deseos es muy posible que choquen directamente con los intereses de la industria.

Los expertos en salud y alimentación plantean que la información nutricional se facilite mediante el formato de los colores del semáforo. Los productos nutricionalmente más bajos llevarían un distintivo rojo de alerta; los medianamente buenos, uno amarillo; y los mejores, el verde. Otras propuestas van más allá y defienden la implantación de un logo -consistente en una llave también verde- para distinguir los alimentos más saludables.

Los peros de la industria

Ambas alternativas plantean problemas diferentes. El primero, que los consumidores deberían aprender a interpretar esta nueva forma de información más directa. ¿Por qué? «Porque un producto como el aceite de oliva virgen extra, por tratarse de grasa, podría lucir un distinto rojo, pero todos sabemos que es bien sano», responde Javier Aranceta. El otro escollo tiene que ver con la industria, a la que es más que posible que todo este asunto no le haga demasiada gracia. En buena lógica, se comparta o no, a muchas empresas no les gustará ver sus productos sin llave y que los de la competencia, con los que rivalizan en la misma estantería del supermercado, parezcan la tienda de un cerrajero.

De momento, lo mejor será llevarse las gafas de cerca a la compra y tener cuatro nociones que nos ayuden a descifrar el contenido de la información que facilitan los fabricantes. Las etiquetas en la actualidad contienen dos tipos de datos, los referidos a los nutrientes (proteínas, azúcares y grasas) y la referente a los aditivos de todo tipo que llevan los productos elaborados.

Todo tiene su salvedad

La información sobre azúcares y grasas suele darse porcentualmente, en unas ocasiones por cada cien gramos y en otras por porción. Este último es un concepto que no está reglado, pero una porción vienen a ser entre 25 y 30 gramos. La idea general es que los productos no tengan más de un 10% de unos y otras, aunque esta norma, como todas, tiene sus lógicas excepciones. Los cereales del desayuno no deberían contener mucho azúcar, pero una mermelada tiene que llevarla por fuerza. Con el jamón pasa algo parecido. Si lo quiere sin grasa, mejor se compra otra cosa.

Los aditivos son todas esas sustancias que en la etiqueta se anuncian precedidas por una E de Europa, por ser la UE quien los autoriza o desautoriza. Unos buscan realzar sabores y otros conservar los alimentos comestibles durante más tiempo. En 2020 toca revisar la lista, de ahí lo de las etiquetas. Entretanto, lo mejor, es aprender a distinguirlos. Y, si tiene algún recelo, no lo dude: el mejor alimento es el que no lleva aditivos, el fresco.

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