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Cocineros

Edurne Albaina «Los niños acaban limpiando anchoas»

Edurne Albaina «Los niños acaban limpiando anchoas»
JESÚS ANDRADE
Academia Su Alai

Sara López de Pariza
SARA LÓPEZ DE PARIZA

Formada en la Escuela de Hostelería de Gamarra, Edurne Albaina impartió durante 18 años clases de cocina en los centros cívicos de Vitoria. Hace seis años, ella y su socia Adela Martínez de Lizarduy se liaron el delantal a la cabeza y montaron su propia academia. «Lo que más me gusta es pasármelo bien con los alumnos, me da lo mismo hacerles un lomo en salsa que una crème brûlée», asegura.

-Hace seis años deciden montar su particular ‘Masterchef’, ¿de dónde surge la idea?

-La verdad es que de quedarnos en el paro. Mi socia y yo dábamos clases de cocina en los centros cívicos y de la noche a la mañana nos quedamos en la calle. Pensamos en montar nuestro propio negocio y nos pateamos medio Vitoria buscando locales con chimenea.

-¿Notaron mucha diferencia entre impartir clases en los centros cívicos y en una academia?

-Aquí la gente te exige más, aunque en los centros cívicos no se quedan cortos. Pero lo mejor es que en la academia los cursos son más largos y cocina todo el mundo. Eso le encanta a la gente porque no quieren estar quietos, se aburren y se impacientan bastante. Hacemos tres platos a la vez y los alumnos se enteran, aunque en principio pueda parecer una locura.

-¿Qué se cocina en los fogones de Su Alai?

-En el curso de cocina básica, que dura como un curso escolar, empezamos con las lentejas, alubias o sopa de cocido, platos del día a día. El siguiente nivel podrían ser unas berenjenas rellenas o pollo con salsa de cerveza. Además, ofrecemos un cursillo vegetariano, el infantil o el de cocina avanzada y tenemos monográficos de arroces, bacalao, repostería, pasta fresca, cocina vasca y pintxos.

-Le habrá llegado gente que no sabe ni freír un huevo.

-¡Muchísima! Y al final aprenden todos. Eso sí, tienen que practicar porque sólo con lo de clase no solucionan nada. Hemos tenido alumnos que han repetido curso porque luego van a casa y no practican…

-¿Existe un perfil tipo del alumno?

-Tenemos de todo, pero por ejemplo en verano nos vienen muchos chavales que van a ir a la Universidad y necesitan aprender a cocinar sí o sí. Luego, es curioso porque en los monográficos de bacalao los hombres son mayoría aplastante y en los de repostería pasa lo contrario. En cuanto a la edad, abarcamos desde gente muy joven hasta jubilados.

El boom de los concursos

-Y, ¿cómo es trabajar con niños en una cocina?

-Muy divertido. Enseguida saben dónde está el peligro, se queman un día pero no más. Los más pequeños tienen seis años pero acaban limpiando anchoas, sacando la bechamel y dándole la vuelta a la tortilla. El problema es que en casa hay miedo a dejarles hacer cosas.

-Seguro que ha notado el boom de los concursos televisivos.

-Sí, claro. Cuando empezamos hace seis años con los críos venían uno o dos a clase. Ahora llenamos los cursos y tenemos que dejar niños fuera, alguna madre me ha llamado casi exigiendo un hueco porque su hijo había sido preseleccionado para ‘Masterchef’. Y en el caso de los adultos, se apuntan algunos que se las quieren dar de cocineros y no tienen ni idea. También viene gente pidiendo que les enseñemos hacer esferificaciones pero aquí lo más complicado que hacemos es un helado.

-Personalmente, ¿qué es lo que más disfruta guisando?

-La repostería me gusta mucho, pero tiene el inconveniente de que es muy exacta y yo no tengo mucha paciencia y las artes nunca se me han dado bien. En realidad, lo que más me gusta es pasarlo bien con la gente que viene, me da lo mismo hacerles un lomo en salsa que una crème brûlée.

-En Su Alai realizan también catas y maridajes.

-Hacemos catas de vino, cervezas y aceite. Y también damos muchos cursos de un día a despedidas de solteros que en vez de ir a un restaurante cocinan aquí y se montan la fiesta.

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