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Ama: un txakoli hecho mirando al satélite

Ama: un txakoli hecho mirando al satélite

La climatología excepcional de 2015 produce un vino singular, vendimiado el 23 de octubre y criado 22 meses en inoxidable

JULIÁN MÉNDEZ

El vino es como la vida. Una suma de circunstancias, casualidades, encuentros... Puro azar domesticado (solo en ocasiones) por la voluntad del hombre. El txakoli que hoy se asoma a esta página es la demostración patente de que siempre hay algo insondable encerrado en el interior de una botella singular. Con Ama, la última creación de la Bodega Gorka Izagirre, levantada en la misma ladera que corona el restaurante Azurmendi de Eneko Atxa, se cumple una de las geniales intuiciones de Pitu Roca. Las botellas de vino son cápsulas de tiempo, dice el mediano de los Roca.

Txakoli Ama

Bodega Gorka Izagirre
Larrabetzu (Bizkaia).
Precio
34€.

Cápsulas vitales, sarcófagos que contienen en su interior un concentrado de climatología, paisaje, suelo, uvas y trabajo, entre muchas otras cosas. Ama tiene algo de todo eso. Desde el mismo nombre, ilustra Josera Calvo, enólogo responsable de este pequeño milagro dorado, que hace referencia a las madres de cuantos han intervenido en el proyecto. Vicenta, Ina, Olga, Eugeni, Itzi, Tilla, Choni, Miren, Maritere, Nabel, Pilar... aparecen en las letras doradas impresas en la etiqueta. «El nombre de este vino es puro sentimiento. Lara, la hija de Gorka Izagirre, acababa de ser madre. Yo tenía a la mía en el hospital... Ama es un nombre que está siempre en boca de todos. Para cada uno de nosotros es una palabra que representa mucho. Todos tenemos una ama. Es un nombre universal», subraya Calvo.

La etiqueta recoge también, en esos zarzillos enroscados que sustentan los pámpanos y que permiten que no se rompa el racimo, el cuidado y el mimo de la planta madre hacia sus vástagos.

Las uvas con que se hizo Ama (100% Hondarrabi Zerratia) proceden de una parte de la finca Astoreka, en Larrabetzu. Apenas 4.000 kilos de uva vendimiados a finales de octubre de 2015, el día 23. «Una fecha muy tardía para un año cálido. Nos pasamos los días mirando el satélite meteo, a Galicia, viendo si nos podía llegar agua desde el oeste. Vimos que el viñedo estaba sano, que el tiempo aguantaba y decidimos dejar que la uva madurara todo lo que pudiera...»

Txakoli en evolución, vino de guarda

Ama está hecho en su mayoría con mosto yema (el que se obtiene solo por gravedad, antes de la primera presión), puesto a fermentar en acero inoxidable (90%) y en barricas nuevas de roble francés de grano fino (10%). Tras dos meses en contacto con sus lías, se juntaron los vinos y pasaron 22 meses en depósitos de acero inoxidable. «Fue embotellado el día de Santo Tomás de 2017», recuerda Josera Calvo. «Es un vino que va a evolucionar muy bien, con un 13,87% de volumen alcohólico», dice. Nos encontramos con otro ejemplo de un txakoli de guarda, vinos que rompen la convención del txakoli de consumo inmediato, de vino joven. «Ama es el resultado de un año singular. No hemos podido volver a hacer nada parecido», bromea Calvo. Se embotellaron 5.160 botellas y 481 mágnums.

«Ama nos traslada al origen, a la tierra. Es calidez, fuerza, sencillez, elegancia y exclusividad. Despierta sentimientos y muestra un nuevo horizonte en la evolución de los txakolis de Bizkaia». En nariz, tras las flores, promete hidrocarburos y piedra de pedernal.

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