Bodega

Juan Luis Ortega: «No puedo tener las mismas botellas que un supermercado»

Juan Luis Ortega: «No puedo tener las mismas botellas que un supermercado»
JESÚS ANDRADE
Vinoteca Rubio

Julián Méndez
JULIÁN MÉNDEZ

Pocas personas habrá que conozcan tan de primera mano la transformación que ha experimentado el consumo de vino en nuestro país como Juan Luis Ortega Preciado (Ausejo, 1957). Nacido en la Rioja Baja, Ortega atendió durante doce años la barra de la bodeguilla Rubio, junto a la almendra medieval, uno de esos locales honrados donde jubilados y «trabajadores de buzo» almorzaban bocatas de sardinillas y chorizo que ayudaban a pasar con un porrón de fresco vino tinto. «Vengo de la cultura del vino como alimento. De crío iba cada 15 días a la cooperativa San Miguel a por la cántara de 16 litros para casa. Entonces el vino era más importante que el agua. Yo he llegado a conocer a un señor de Ausejo, ‘Maruso’, que presumía de no haber probado el agua en su vida... Claro que eran hombres que tiraban de morisca y pasaban todo el día detrás del mulo. Se echaban un trago de vino al cuerpo y eso les revitabilizaba, les daba energía».

-Abre la bodeguilla en 1985 y echa la persiana en el 97. Se lanza con una vinoteca...

-Vi una oportunidad. Hace 20 años no había ningún centro comercial en Vitoria. Vendía vino a la gente del barrio. Los vecinos bajaban a saludarme y me fui haciendo una clientela. El negocio funcionaba...

-¿Qué pasó luego?

-Cambiaron las costumbres. Hoy es muy difícil que alguien tome vino en la comida. Se hace el mismo gasto que antes, pero solo se bebe los fines de semana, cuando hay tiempo. Y llegaron las grandes superficies. Ahora todo el mundo vende vino. Así que tocó especializarse. Hoy ni la tienda ni los vinos tienen nada que ver con los de hace 20 años. Aquí hemos visto toda la evolución: el paso del cosechero al crianza y, luego, la búsqueda de elaboraciones diferentes como vinos naturales o ecológicos...

Guardaviñas, de Abel Mendoza

Abel Mendoza es para Ortega un referente de la viticultura con sentido. Este Guardaviñas que recomienda es un vino natural: Tempranillo sin sulfuroso. Viñedo biodinámico en San Vicente de la Sonsierra de 0,56 hectáreas plantado en 1979. Un vino «pensado y trabajado, gustoso, frutal y potente. Le costó cinco años sacarlo». Seis meses en depósito y ocho en barrica. «Abel es un productor singular que hace cosas distintas», dice. Precio: 20 €.

-¿Publicidad o cambio de gustos auténtico?

-Son los clientes quienes dan un paso más. Quieren conocer nuevos vinos y me preguntan por ellos. A esa gente les busco cosas más pequeñas, de menor producción aunque tenga también vinos para todos los públicos. Está claro que si vienen a comprar unas botellas para una comida familiar, les recomiendo un crianza de Rioja Alavesa. Pero yo no puedo tener las mismas botellas que una gran superficie. También hay clientes que me preguntan qué les he traído de nuevo. Y auténticos frikis que me llaman en cuanto descubren algo nuevo para ponerme sobre la pista...

-¿Tiene muchos clientes entusiastas?

-Diría que entre un 15% y un 20%. Buscan nuevas sensaciones. Hay un mundo infinito de sabores; pero para descubrirlos hay que ser abierto: cuanto más sepas de vinos, mejor. A algunos de mis clientes les he visto emocionarse. Recuerdo uno que me compró una botella de Abel Mendoza 2010. Viura. Un vino blanco de Rioja con sabor. Una rareza entonces. Luego me dijo que había sido uno de los diez mejores vinos que había probado en su vida. Son momentos que se graban en la memoria y permanecen ahí para siempre.

-¿Qué vinos le gustan hoy a la gente ?

-No siguen las D.O. Buscan sensaciones y sabores sorprendentes. Ofrezco confianza absoluta porque cato todos los vinos que tengo. Sabiendo lo que le gusta a un cliente, la próxima vez que venga podré darle otro que le rompa. Tengo claro que la gente joven es más abierta, les puedes abrir cosas. Son más atrevidos...

La sorpresa de El Muelle

Juan Luis se levanta, se acerca a los estantes y regresa con una botella de El Muelle y una sonrisa de oreja a oreja. «Mire. Uva Palomino. Lo hace Luis Pérez. Te lleva a Cádiz de cabeza. Y tiene un precio espectacular: 9 euros». Esas son sus bazas.

En el local de Ortega se dan la mano unas 200 referencias distintas (de 7 a 20 € en su mayoría). Los vinos más especiales (como los champanes) andan entre 40-50 €. Ortega mira mucho a La Rioja más cercana (su ojito derecho es Abel Mendoza, de San Vicente de la Sonsierra, y su mujer Maite), con presencia de jóvenes alaveses como Roberto Oliván o Sandra Bravo (entre otros) y se fija en Galicia (Luis Anxo R. Vázquez) o en lo que preparan Raúl Pérez y Rodrigo Méndez en Ribeira Sacra...

-¿Se vende más vino en Navidades?

-Se cuadriplican las ventas. Pero son botellas para una noche. Aquí sí que hablamos de etiquetas tradicionales. Vinos ‘segurolas’.

-¿No le parece que a veces en esto del vino hay demasiada tontería?

-Con los buenos productores, no. A veces hay más tontería en los recién llegados a las bodegas que en los viticultores de toda la vida. Ves que detrás de algunas etiquetas no hay nada. Pero para eso estamos nosotros...

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