El Correo

La mejor área de servicio de España

  • «Acá seguimos, yendo a Galicia menos de lo que a uno le gustaría, pero cruzando a menudo la meseta con esa rara costumbre de tener que desayunar, comer o cenar todos los días...»

Tiene uno dos carreteras anotadas en letras de oro en sus recuerdos de infancia, que no son otras que la ruta del norte, atravesando Cantabria, Asturias y Galicia hasta las mismísimas Rías Baixas, donde pasábamos los veranos retozando, y la Nacional 1, la otra autopista hacia el cielo, que sigo transitando con la ilusión de ida de las cosas por hacer en la capital del reino o las ganas de llegar a casa y pisar la hierba del regreso, cansado de prisas, ascensores, semáforos y esa ansiedad de sentir el aliento del peatón en tu nuca.

Así que acá seguimos, yendo a Galicia menos de lo que a uno le gustaría, pero cruzando a menudo la meseta en coche con la música a todo trapo y esa rara costumbre de tener que desayunar, comer o cenar todos los días. Y a pesar de lo que digan por ahí, disfrutamos de una red viaria atómica infestada de baretos, tascos, ventas y establecimientos de carretera con muchas ganas de atender al viajero.

Además del pincho, el bocata de tortilla de patata o el menú del día guisado con producto fresco y servido con sonrisa, los que nos atienden son sicólogos y nos reconfortan con información de ruta o con una bienvenida calurosa. Boquiabiertos, multiplican por cien las ganas de atender, y como lleva uno media vida intentando agradar repartiendo buen rollo sartén en ristre, recoges lo que siembras: cafés más calientes, triángulos de tortilla más gordos, lisos de vino tinto, filetes que se salen del plato, más tacos de bonito en la ensalada mixta y que tus compañeros de profesión estén orgullosos de atenderte.

Acierto pleno

En muchas ocasiones les hablé de todos esos locales que me recomiendan y en los que paran a estirar las piernas y a zampar como guepardos: Volante (Chinchilla), Castillo (Sasamón), Mesón Riscal (Carbonero el Mayor), Marchena (Zafra del Záncara) o el área de servicio de Boceguillas que hoy nos ocupa, recomendado por el trotamundos Miguel Rial, que es dardo en plena diana. Un local ejemplar con una buena cafetería y un comedor circular con vistas a Somosierra que ofrece lechazo, verduras y los típicos platos que apetecen cuando estás de viaje, huevos, ensaladas, sopas o un buen pedazo de pastel.

En Boceguillas currelan como tigres desde 1998, año en el que Conchi Domínguez y Ángel Tobar se liaron la manta a la cabeza y habilitaron aquel complejo junto a la gasolinera dirección Madrid, en las salidas 118 y 117, o volviendo a casa, dirección Burgos, en las salidas 115 y 116. En la barra podrán atizarse los clásicos bocatas fríos de anchoílla en aceite con tomate, jamón, salchichón o chorizo ibérico, además de los típicos calientes de tortilla con jamón y tomate, picadillo con tortilla de patata o beicon con dos quesos.

Triunfan los huevos fritos de corral con patatas, morcilla o matanza de pueblo y la amiga Conchi o Manuel, su jefe de cocina, se desgañitarán para que te sientas cómodo y pruebes las especialidades de la carta. Tienen ibéricos y buen queso de oveja, morcilla de Burgos con pimientos asados, ensaladas mixtas o camperas, y si lo que desean es cuchareo, podrán darle al potaje de garbanzos, a la sopa castellana con chorizo y al judión de La Granja con oreja. Si conducen, negocien con sus compañeros continuar ruta de copiloto y podrán así rematar con el corderito lechal asado en horno de leña o las chuletillas a la brasa y pimplarse un trago de orujo de hierbas para continuar relajado hasta casa.

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