Trump y Putin se reúnen por vez primera en la cumbre del G-20

Trump y Putin se saludaban al inicio de la cumbre.
Trump y Putin se saludaban al inicio de la cumbre. / REUTERS

Ambos mandatarios estrechaban sus manos a su llegada a la reunión que se celebra en Hamburgo

RAFAEL M. MAÑUECO

El presidente ruso, Vladímir Putin, es el único dirigente de los grandes países influyentes que no se ha reunido aún con el líder de la principal superpotencia, Donald Trump, seis meses después de la llegada de éste a la Casa Blanca. Por eso, Putin necesita cubrir el trámite del encuentro, sobre todo de cara a su propia ciudadanía. Esta tarde se verán por fin las caras.

De hecho, el encuentro ya ha ocurrido. Esta mañana, los dos mandatarios se saludaban al inicio de la cumbre del G20 que se celebra en Hamburgo, un apretón de manos que se producía tras la llegada de los líderes al recinto donde tiene lugar el foro, según ha informado el portavoz del Gobierno ruso, Dimitri Peskov a la agencia Tass. «Se han dado la mano y han dicho que se van a reunir aparte y pronto», ha dicho Peskov.

Trump, por su parte, ha declarado a través de las redes sociales que «espera con ganas todos los encuentros» con los líderes mundiales, «incluido el de Vladimir Putin».

Después de la euforia con la que la cúpula rusa acogió la victoria de Trump, el Kremlin trabajó a fondo para organizar una cumbre pero ha habido que esperar medio año y todavía no está claro si la reunión de hoy tendrá la duración mínima que exigiría la cantidad de cuestiones acumuladas en unas relaciones completamente devastadas.

Rusia, y más concretamente el régimen de Putin, está en el centro del debate en EEUU por su presunta injerencia en los comicios presidenciales, la supuesta connivencia con el equipo de Trump y la labor de zapa de ‘hackers’ «patriotas» que el Kremlin dice no poder controlar. También por el apoyo militar a los separatistas del este de Ucrania, sus simpatías hacia el dictador sirio, Bashar el-Asad, y la tibieza con la que trata las bravuconadas de Corea del Norte.

Altos cargos de la Administración norteamericana, especialmente la embajadora ante la ONU, Nikki Haley, y el secretario de Defensa, James Mattis, llevan tiempo lanzando puyas a Moscú. La semana pasada, Mattis denunció las «fechorías» que Putin perpetra «más allá de sus fronteras», en alusión al acoso que está sufriendo Ucrania. Ayer, Trump mostró en Varsovia una dureza inusual hacia Rusia al acusarla de «desestabilizar» el Este de Europa. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, le respondió señalando que «no estamos de acuerdo con ese enfoque».

En el terreno militar, son casi permanentes los incidentes entre aviones o barcos rusos y americanos en el Báltico, el Mediterráneo y el Mar Negro. El despliegue de la OTAN en el este de Europa está provocando un reforzamiento equivalente de fuerzas rusas en su frontera oeste. Y sin esperar a hablar con Putin, Washington reforzó la sanciones el mes pasado.

Los milagros de la química

Así que los rusos no son optimistas con los resultados que pueda arrojar la reunión de hoy. Aunque no lo ha dicho así, Putin confía en poder seducir a Trump. Sabe, por lo piropos mutuos que se han dispensado, que hay admiración entre ellos y que la química a veces hace milagros. Aunque la agenda que probablemente esté sobre la mesa está plagada de obstáculos. El más evidente es Ucrania, de cuya solución depende un eventual levantamiento de las sanciones. Pero Putin no va a devolver Crimea ni parece proclive a ceder en su apoyo a los separatistas de Donetsk y Lugansk. En la cuestión norcoreana puede haber esfuerzos comunes, siempre que Washington renuncie a la fuerza y a aplicar más castigos. En Siria los puntos de vista son divergentes, pero tendrán que coordinar sus acciones militares para evitar disgustos que puedan llevar a una escalada de enfrentamiento entre ellos realmente peligrosa.

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