La UE y Reino Unido acuerdan las bases de su divorcio

Juncker y May, en Bruselas. / AFP

Comienza una nueva fase en la que los 27 y Londres deberán pactar cómo será su relación en el futuro

ADOLFO LORENTECorresponsal. Bruselas

Después de otra épica madrugada bruselense, la Unión Europea y Reino Unido han cerrado un acuerdo para firmar con cierta paz su divorcio. Así lo anunció a las 7.40 horas de este viernes el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y la primera ministra británica, Theresa May, a quien se ve muy satisfecha, sabedora del lío que tiene montado en casa. «La Comisión ha decidido formalmente trasladar al Consejo Europeo que se han hecho los progresos suficientes en los tres términos del divorcio para poder entrar en la segunda fase de la negociación», ha manifestado Juncker con solemnidad. A día de hoy, está previsto que el Brexit se consume el 29 de marzo de 2019.

Esta era la clave. Confirmar que se habían producido «progresos suficientes» para permitir a los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 comenzar las negociaciones sobre el futuro. La UE siempre dejó muy claro que no se hablaría del qué pasará sin acordarse cómo pasó y, en esto, como en casi todo, la postura comunitaria ha prevalecido ante Londres, que no ha tenido más remedio que asumir su derrota en los tres grandes asuntos que estaban en liza. Primero, aceptan pagar la factura que siempre exigió la UE. Fuentes comunitarias la han cifrado en una horquilla de entre 40.000 y 45.000 millones, frente los 60.000 que se pedían en un principio. No obstante, el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, ha vuelto a rechazar hablar de cifras porque lo importante, ha matizado, es acordar los compromisos sobre los que calcular una cantidad que será revisada cuando se consume el Brexit. Segundo, los derechos adquiridos por los ciudadanos quedan más o menos respetados con el Tribunal de Justicia de la UE como garante último. Y tercero, no habrá frontera dura entre las dos Irlandas. Se trata del último gran escollo de la negociación y que ha tenido a todas las partes implicadas negociando contra el reloj toda la madrugada.

Estas son las grandes líneas del acuerdo, pero no hay que olvidar que el diablo siempre se esconde en los detalles, en ese verbo que parece decir pero no dice o en esa cláusula que parece inofensiva, pero que al final esla clave de casi todo. Pero hoy no se trataba de hablar de tecnicismos, sino de política... y la política ha dicho sí. «Celebro la perspectiva de avanzar a la siguiente fase. Alcanzar este acuerdo significa que las empresas podrán tomar decisiones de inversión basadas en un periodo transitorio que ofrece una seguridad jurídica positiva para sus intereses», ha remarcado May.

Tusk marca las líneas rojas

Al concluir la comparecencia, al otro lado de la calle, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha ofrecido una rueda de prensa para felicitarse por el pacto, para avanzar que la semana que viene los líderes darán su plácet a este principio de acuerdo y para anunciar cuáles serán las líneas rojas de los 27 en esta segunda fase, la del futuro. Aunque Londres anunció que el Brexit se consumará el 29 de marzo de 2019, también ha pedido un periodo transitorio de dos años en los que seguirá contribuyendo al presupuesto comunitario como hasta ahora, con 10.000 millones al año. Asimismo, Tusk ha advertido de que si los británicos quieren esos dos años, deberán acatar toda la legislación comunitaria, la que está en vigor o la que se pueda aprobar. Es decir, que Reino Unido no estará sentado en el Consejo Europeo, pero se verá condicionado por él. Pero esto es lo que la UE pedirá. Ahora, empieza otra negociación. Sigan con los cinturones abrochados, aunque ya con algo más de tranquilidad.

El problema irlandés

El tema clave era Irlanda y, al final, se ha logrado un compromiso político para evitar que haya una frontera dura, como ha explicado el negociador jefe de la UE, Michel Barnier. No hay que olvidar que este asunto fue el que rompió la negociación a comienzos de semana, ya que los socios políticos de May, los unionistas irlandeses del Partido Democrático Unionista (DUP), no dieron su OK al principio de pacto alcanzado.

En el otro lado del teléfono estaba el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, que no estaba dispuesto a levantar de nuevo una frontera física en la isla. Al conocer el acuerdo, ha mostrado sus satisfacción porque cumple con «todas» las demandas planteadas por su Gobierno, ya que el texto «propone que las dos jurisdicciones de la isla no tendrán divergencias reguladoras tras su divorcio y protege el acuerdo de paz del Viernes Santo (1998)

De esta manera, dijo, se evitará el restablecimiento de una frontera estricta en la isla, clave para sus economías, y los ciudadanos norirlandeses seguirán teniendo derecho a la nacionalidad irlandesa y comunitaria, como establece el acuerdo de paz. «Hemos logrado todo lo que nos habíamos planteado en la primera fase de estas negociaciones. Hoy es un día importante para Irlanda», ha enfatizado Varadkar.

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