May quiere de la UE lo que Londres elija sobre seguridad y defensa

May quiere de la UE lo que Londres elija sobre seguridad y defensa

Pide en Alemania un tratado urgente sobre datos y euro-orden y que su industria participe en programas de armamento

ÍÑIGO GURRUCHAGALONDRES

Theresa May quiere mantener el espíritu de la cooperación con la UE más o menos como está, en materia de seguridad interna y defensa exterior, pero con Reino Unido eligiendo las áreas específicas y con sus tribunales teniendo la última palabra. Eso es lo que se deduce del discurso que ha pronunciado la primera ministra británica en una conferencia internacional de seguridad, en Múnich.

Mujer tímida, es el suyo un gobierno propenso a los discursos. Es célebre el que pronunció en enero de 2017, en Lancaster House- anunció allí que 'Brexit' significa la marcha del mercado común y de la unión aduanera-, y también el de Florencia, el pasado septiembre, en el que adelantó que su Gobierno está dispuesto a pagar la factura de la marcha y a cumplir las reglas comunitarias en una transición.

Ahora, mientras avanza la negociación en Bruselas sobre ese periodo de transición, May y sus ministros han emprendido una gira de discursos. Boris Johnson, el cómico y liberal líder del 'Brexit', comenzó la serie el miércoles, animando a los británicos a unirse en la búsqueda del éxito más allá de la UE. La jefe de Gobierno ha pronunciado hoy el primero de los suyos.

No ha dicho nada nuevo, porque sus palabras reproducen documentos que publicó el Gobierno sobre estas materias a lo largo del verano, aunque estos contenían más detalle. Sobre seguridad interna, May quiere un tratado 'urgente' que mantenga el acceso británico a las bases de datos de Europol y Schengen, al registro de pasajeros de aviones, al sistema de protección de datos.

La exigencia es que la UE respete la soberanía británica y establezca con Reino Unido una relación única. El ejemplo más claro es la orden europea de detención y entrega. May dice: “Una solución con principios y al mismo tiempo pragmática para la estrecha cooperación legal será necesaria para respetar nuestro estatus único como tercer país, con nuestro propio orden legal soberano”.

Quiere mantener la orden europea pero que su Tribunal Supremo y no el europeo sea el de última apelación, con algún panel mixto para resolver disputas. Una directiva de la UE, convertida en ley doméstica por todos sus miembros, sería juzgada por los tribunales británicos en base a su ley doméstica. Y habría que añadir una institución al ya complejo entramado de la UE. May lo reclama por lo mucho que Reino Unido da al resto de la UE. «Arrestamos ocho personas con órdenes europeas de otros miembros por cada una que se arresta por una orden nuestra», ha dicho.

Números

Datos de la Agencia Nacional del Crimen (NCA) desvelan el artificio de esas cifras. Polonia o Alemania emiten cientos de órdenes por delitos menores y Reino Unido, no. Alemania pidió a Londres el arresto de 2.318 fugitivos en 2016 y Reino Unido, al resto de la UE, de 241. La Policía británica detuvo a 93 de los solicitados por Alemania; 150 de los buscados por los británicos fueron detenidos por otras fuerzas europeas. ¿Quién perdería más sin la orden? ¿Quién pagaría los costes legales de procedimientos de extradición más largos?

De la misma manera, Theresa May advierte, en su vaga propuesta de hoy para mantener los vínculos en Defensa exterior, que su Gobierno asigna el 40% del presupuesto agregado de todos los países de la UE a I+D en armamento. El aumento gradual del gasto en Defensa dentro de la UE va a crecer en los últimos años mientras el del Ministerio británico se enfrenta a serios dilemas. May quiere evitar un daño a su industria.

Aunque las capitales europeas aceptan que hay obvias razones para una estrecha colaboración tras el 'Brexit', los discursos del Gabinete británico reiteran cosas ya sabidas. También el tono político supremacista de los 'Brexiters'. Si Boris Johnson animó el miércoles a desatarse de la «anticuada ideología» de la Unión Europea, May ha dicho hoy que no puede rechazarse la colaboración que propone en nombre de «una arraigada ideología».

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