May pospone la hora de la verdad y los irlandeses se felicitan

La conclusión de la primera fase de las negociaciones del Brexit ha dejado a los irlandeses con algunos 'regalos' imprevistos y ha permitido a la primera ministra británica evitar un momento de pánico en las empresas establecidas en Reino Unido

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

«Hemos logrado los objetivos que nos planteamos en esta primera fase», ha afirmado el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, tras la presentación en Bruselas del documento acordado por la Comisión Europea y el Gobierno británico para obtener la próxima semana el visto bueno del Consejo y que se abra la negociación sobre la nueva relación tras el Brexit. «Pero esto es solo el principio del final», ha añadido el 'taoiseach' irlandés.

La recta final de la negociación se centró en la evitación de una frontera irlandesa 'dura'. El Gobierno de Dublín incluyó la cuestión fronteriza en la agenda preliminar, el resto de la UE lo apoyó y, con su actitud exigente en los últimos días, Varadkar ha logrado algunas garantías imprevistas y un salto en los sondeos de opinión. De la casi igualdad con sus eternos rivales del Fianna Fail, ha pasado a tener una ventaja de once puntos, 36%-25%.

En Irlanda del Norte, un reciente sondeo han arrojado una sorpresa mayor. El 47,9% de su población quiere permanecer en la UE mediante la unión con la República del sur. El 45,4% lo hace en favor de abandonar la UE, permaneciendo en Reino Unido. Aunque los sondeos sobre la unidad irlandesa dan cifras mucho menores de partidarios, en la región ganó la permanencia en el referéndum sobre la UE (56%-44%). Su mayor partido, el DUP, pidió el Brexit.

La líder del DUP, Arlene Foster, ha mostrado moderada satisfacción por los cambios que su rebelión del lunes habría logrado en el documento- seis sustanciales, ha dicho-, pero ha reconocido los límites de su 'lealismo'. «Se nos ha acabado el tiempo» para negociar, ha dicho Foster, porque su partido no quería impedir que Theresa May viajase hoy a Bruselas, «en el interés nacional». El documento tiene sobre Irlanda lagunas extensas.

Foster celebra que no se considere el traslado de la la frontera irlandesa tras el 'Brexit' a las costas de Irlanda del Norte. Y puede celebrar que se dé al Ejecutivo y a la Asamblea autonómicos la última palabra sobre regulaciones diferentes a las del resto de Reino Unido, si son necesarias para que no haya frontera. Ese cambio da al Sinn Fein la tentación de prolongar la situación actual. Londres gobierna la provincia porque no hay acuerdo para restaurar la Asamblea.

La más chocante celebración de Foster es que se incluya en el documento el compromiso de Londres de abandonar el mercado común y la unión aduanera. En Suiza o en Gibraltar, que no forman parte de esa unión ni del régimen de IVA, hay fronteras y control de los bienes que transitan. «Hay asuntos pendientes», ha dicho Foster. Es tan obvio en su caso como lo es en el caso de la primera ministra británica.

Cita en 2021

Theresa May, por su parte, ha logrado evitar un momento de pánico en las empresas establecidas en Reino Unido, que no podían posponer la decisión de trasladar sedes a territorio comunitario sin un acuerdo urgente como este, al que seguirá otro sobre una transición de dos años. Su partido es débil en el Parlamento, su reputación está muy dañada, Nigel Farage califica el acuerdo preliminar de «humillación» y sus correligionarios eurófobos la acusan de «traición».

En la política del poder y no de la ideología, el espectáculo de hoy combina cinismo y humor. Los ministros Michael Gove y Boris Johnson, urdiendo en la trastienda conspiraciones para desbancar a May y hacerse con el liderazgo, recorren estudios de televisión, emiten comunicados y escriben tuits, elogiando a la líder por su gran triunfo. May, Gove, Johnson y los demás están atrapados por la realidad económica y el peligro de abrir la puerta a una victoria laborista.

Catherine McGuinness, en nombre de la Corporación de la City de Londres, que representa al sector financiero, ha rendido parabienes al acuerdo pero ha insistido en el argumento expresado por Varadkar, Donald Tusk, Michel Barnier y voces británicas: ahora comienza lo realmente difícil, la negociación sobre la futura relación. «Simplemente, un acuerdo como los ya firmados por la UE o uno basado en equivalencia realzada no será suficiente», ha dicho McGuinness.

Barnier afirma que el acuerdo posible será similar al firmado por la UE con Canadá. Establece el reconocimiento recíproco de estándares en bienes, un mecanismo de arbitraje y elimina aranceles. En servicios- casi el 80% de la economía británica, la partida con superávit en las balanzas comerciales con la UE y con el resto del mundo- el acuerdo de libre comercio con Canadá es muy limitado. No sirve para el renacimiento comercial prometido por el Brexit.

May aplaza la batalla final. Será sobre las líneas generales del acuerdo que regulará el futuro- deben conocerse el próximo otoño- y sobre la duración del periodo transitorio, que según todos los altos funcionarios que han liderado el Tesoro, no podrá ser de dos años sino de cinco o siete. Cuando se vayan agotando las horas hasta ese encuentro con la realidad, en marzo de 2021, si hubiese sobrevivido en su puesto, la victoriosa May de hoy, y también los 'brexisters' Johnson y Gove, estarían en vísperas electorales.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos