Protesta en tinta china

Ilustración de Badiucao contra las corruptelas del régimen chino. / R.C.

Tras el seudónimo de Badiucao se esconde un joven artista que utiliza el humor para denunciar en viñetas las injusticias del régimen comunista

Zigor Aldama
ZIGOR ALDAMA

Badiucao no tiene nombre. Ni rostro. Badiucao es un seudónimo absurdo carente de cualquier significado, y el artista que se esconde tras él solo aparece en público si puede preservar su identidad tras una máscara. «Podría ser cualquier persona», dice. Como Banksy. Hay quienes consideran su actitud una estrategia comercial, pero no lo es: Badiucao se enfrenta al régimen totalitario más poderoso del planeta. «No quiero que se sepa quién soy por seguridad. Por la mía y por la de mi familia», cuenta en conversación telefónica desde Melbourne, donde reside el artista y disidente chino que desnuda la dictadura comunista con sus viñetas.

La censura en las redes sociales.

Son dibujos directos, sin estridencias. Trazos negros sobre fondos de colores planos. Sobre todo, el rojo. Badiucao utiliza rostros muy conocidos y símbolos universales: desde Mao Zedong hasta ‘el hombre del tanque’ de la masacre de Tiananmen. Últimamente Liu Xiaobo, Donald Trump, y Winnie the Pooh también han ganado protagonismo en sus ácidas creaciones. A todos los convierte en armas para combatir la tiranía y señalar la injusticia.

«Publiqué mi primera viñeta en Weibo -el Twitter chino- en 2011, cuando dos trenes de alta velocidad chocaron en Wenzhou. La gente quería conocer la verdad sobre lo sucedido y el Gobierno trataba de ocultarla. Me pareció estar presenciando en internet algo insólito: una batalla entre la sociedad civil china y el poder. Inmediatamente supe que quería participar en eso y decidí hacerlo dibujando», recuerda Badiucao, nacido en Shanghái en la década de 1980. Es un ‘millennial’ que sabe cómo influir en sus coetáneos.

Hace un lustro las emergentes redes sociales de China eran un oasis de libertad en el que los internautas podían expresar sus opiniones y publicar información sobre escándalos que tumbaron a políticos corruptos. En la Red se daba cuenta de sus desmanes económicos y de su exuberante tren de vida, y se dejaba al descubierto su hipocresía cuando aparecían fotos con sus amantes o con prostitutas. La censura actuaba, pero tarde y con medios rudimentarios. Así que los dibujos de Badiucao creaban sensación.

«Pero ahora la censura se ha sofisticado. Hay que proporcionar la identidad real para poder tener una cuenta en Weibo o WeChat, y las armas informáticas del Gobierno, sus algoritmos secretos, son capaces incluso de identificar imágenes ‘peligrosas’ y no solo palabras clave». Badiucao lo tiene claro: «La irrupción de internet fue algo glorioso para la libertad en China, pero ya no queda nada que celebrar».

El gato y el ratón

Ahora, para lograr que sus dibujos no sean eliminados, o para que duren algo más en el ciberespacio, los internautas chinos tienen que buscar métodos imaginativos, como darles la vuelta en Photoshop o modificar sus proporciones. «Es el clásico juego del gato y el ratón. La diferencia es que ahora las consecuencias de arremeter contra el Gobierno pueden ser mucho peores, porque el gato es un tigre», comenta el treintañero, que ahora publica sus creaciones en Twitter, en el portal de noticias disidente China Digital Times y en diferentes medios de comunicación críticos con el régimen comunista. Cada vez son más los museos y las galerías que los exponen, y ya trabaja en el salto a creaciones tridimensionales.

Los sucesos de Tiananmen.

Pero la notoriedad le acongoja. Badiucao tiene el caso del artista Ai Weiwei muy presente -fue apaleado y detenido sin cargos- y, aunque se nacionalizó australiano hace poco, teme lo que le pueda suceder incluso fuera de China. Sabe bien de lo que habla, porque su familia fue víctima de la Revolución Cultural (1966-76) de Mao, uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de China. «A mis abuelos los mataron en aquella época, así que mi familia no quería que yo tuviese problemas. De hecho, tenían claro que sería mejor para mí que escapase del país», cuenta.

No obstante, aunque sus padres le contaban historias para no dormir, Badiucao creció como cualquier otro joven chino, sin el menor interés por la política. Hasta que, un día de aburrimiento, todo cambió: «Estábamos en la residencia de estudiantes de la universidad y uno de mis compañeros quería bajarse una película por internet. Cuando acabó de descargarse, vimos que duraba cinco horas y no la hora y media que se suponía. Comenzamos a verla intrigados y descubrimos que alguien había insertado en medio un documental sobre la masacre de Tiananmen, la única forma con la que dieron para hacerlo llegar a la audiencia china».

«Criticar al Gobierno es cada vez más peligroso: el gato se ha convertido en tigre»

Fue entonces cuando Badiucao se percató de lo poco que sabía sobre la historia más reciente de su país. Supuso un bofetón a su conciencia. «Me fijé en ‘el hombre del tanque’ y pensé que era un tipo normal, como nosotros en ese momento. Pero él había logrado detener el avance de una columna de tanques y ahí estaba yo, sin hacer nada de nada». Badiucao es incapaz de quitarse esa escena de la cabeza. En sus viñetas la traslada a diferentes situaciones de la China actual para demostrar que el país no ha cambiado tanto en lo político a pesar de que el impresionante crecimiento económico lo haya convertido en la segunda potencia mundial. «Me gustaría inspirar a la gente como ese hombre anónimo hizo conmigo», sentencia.

Badiucao cree que dibujar viñetas es la única forma a su alcance de irritar al poder absolutista de China. Poco a poco, ha ido reduciendo el grado de seriedad de sus imágenes para dejar más espacio al humor, que considera más efectivo. Un buen ejemplo de cómo lo hace es su uso de Winnie the Pooh, un oso de dibujos animados que se asocia con el presidente chino, Xi Jinping, desde que alguien vio grandes similitudes entre ambos durante una visita de Barack Obama.

Pekín cierra el puño

Aunque muchos esperaban que el actual presidente chino, Xi Jinping, pusiese en marcha reformas políticas que diesen aire a los diferentes movimientos sociales, lo cierto es que el Partido Comunista cada vez cierra más el puño. La disicencia no es tolerada, y diferentes organizaciones de derechos humanos comparan el grado de represión actual con el de la época posterior a la matanza de Tiananmen. Activistas de todo tipo, desde feministas hasta abogados, han sido encarcelados, y el acceso a internet está cada vez más restringido. Por otro lado, provincias problemáticas como Xinjiang o Tíbet se han convertido en territorios policiales completamente sellados.

«Los censores han llegado a prohibir que se publiquen fotos de Winnie, algo que me parece extraordinariamente ridículo. Así que cuando uso esta figura en una viñeta, pase lo que pase, sé que voy a salir victorioso: si la censuran, porque dejan en evidencia el miedo que tiene el Gobierno y el absurdo en el que vive; y si no la censuran, porque la gente entenderá el código oculto en el lenguaje visual y se reirá de ellos».

No obstante, Badiucao también ha utilizado a Winnie en algunas de sus creaciones más tristes. Sobre todo, en las que retrata al premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo y a su esposa, Liu Xia. El primero murió bajo custodia hace casi dos meses después de haber desarrollado un cáncer de hígado, y su fallecimiento provocó una tormenta de críticas hacia China; la segunda lleva desaparecida desde el funeral de su esposo, y todos los intentos por dar con su paradero han sido en vano. El artista ha retratado a la pareja en varias ocasiones, una de ellas también con el oso de Disney, que, curiosamente, decoraba la taza que sujetaba Liu en una de sus últimas fotos con vida.

El artista posa enmascarado para salvaguardar su identidad.

«El caso de Liu Xiaobo demuestra la crueldad del régimen chino y es una declaración de guerra contra la Humanidad. Sobre todo por la tortura a la que está sometiendo a su familia», dispara Badiucao. «También ha dejado al descubierto cómo las potencias occidentales ya no hacen nada para impedirlo, porque han sido compradas por el poderío chino». Aunque Badiucao no cree que el resto del mundo esté obligado a presionar a China para que adopte un sistema democrático, denuncia el doble rasero que supone invadir Irak para imponerlo por las armas y, a la vez, hacerse arrumacos con China para lograr inversiones o la venta de productos. «Occidente no está haciendo un buen trabajo a la hora de promover la democracia por el mundo», apostilla.

Una sociedad robotizada

Badiucao también critica el inmovilismo de la juventud china. Pero culpa de ello al sistema educativo «que crea robots» y a la creciente sofisticación de la propaganda. «El Gobierno chino es muy astuto y ha sabido adoptar el lenguaje de la juventud. Ahora sus mensajes llegan con música rap o enmascarados en superproducciones cinematográficas como ‘Wolf Warrior 2’. Los dirigentes están alentando el ultranacionalismo para protegerse. Y eso también explica que China cada vez tenga abiertos más conflictos internacionales, con India, Japón o los países del sudeste asiático».

Sorprende que, aunque considera que su país natal «está ahora mismo en el invierno de ‘Juego de Tronos’», Badiucao sigue siendo optimista. «El efecto del grial del crecimiento económico, que es lo que da legitimidad al Partido Comunista, se está agotando. Una crisis económica, que terminará llegando, puede marcar el punto de inflexión que muchos esperamos en el ámbito político. La gente ve que se hace rica pero que no tiene libertad. Y eso es sostenible durante un tiempo, pero dudo que lo sea durante otros 30 años». Él tiene muy claro que hará todo lo posible para que sea durante el menor tiempo posible.

Fotos

Vídeos