El misterio de los paquetes bomba aterroriza Austin

Fuerte despliegue policial en Austin./AFP
Fuerte despliegue policial en Austin. / AFP

La Policía, despistada por la disparidad de los objetivos, busca a los autores de cuatro atentados con explosivos que ya han costado dos vidas

MERCEDES GALLEGO

Hay un terrorista suelto en Austin (Texas), pero la Policía prefiere llamarlo «serial bomber» (criminal en serie), lo que hace sospechar que tiene suficientes pistas como para descartar el fanatismo islámico, para el que suele reservar el término. El FBI ha movilizado también a su división internacional, aunque no registra mezquitas, sino que con cada bomba -cuatro en diez días con la del domingo por la noche- las autoridades suben la oferta por información que conduzca a su captura.

Van ya 115.000 dólares (93.000 euros) de recompensa. Alguien tiene que conocerlo en una ciudad de menos de un millón de habitantes que acaba de superar, en medio del pánico a los paquetes bomba, el mayor evento del sur de Texas. La mayoría de los miles de visitantes que acuden al festival multidisciplinario de South by Southwest (SXSW) ni se enteró de que dos personas habían muerto y una tercera luchaba por su vida hasta que el sábado hubo que cancelar un concierto de The Roots ante una amenaza de bomba que resultó falsa.

No hubo avisos para la explosión del domingo por la noche, que no buscó uno de esos escenarios atiborrados de víctimas potenciales que le hubiera dado mayor impacto mediático, sino un barrio tranquilo y residencial del oeste de la ciudad. A diferencia de los tres atentados previos, las víctimas no eran miembros de minorías, sino dos jóvenes de piel muy blanca con los que se desvaneció la teoría de los crímenes de odio.

Eran víctimas fortuitas que pisaron con sus bicicletas el cable que detonó la bomba instalada en una acera. Puede que el autor observara a distancia el resultado de su artefacto, una bomba más sofisticada que las anteriores, posiblemente construida por alguien con entrenamiento militar, cree la Policía.

Sin explicación

Si no buscaba maximizar el número de víctimas ni expresar su odio sobre las minorías, ¿por qué lo hizo? «Queremos entenderlo, esperamos que la persona o personas (que cometieron estos atentados) nos estén viendo y se pongan en contacto con nosotros antes de que haya más muertos», suplicó el jefe de policía Bryan Manley ante las cámaras de televisión.

La cuarta bomba había cambiado todo el planteamiento. Hasta ahora los artefactos se habían construido con materiales disponibles en cualquier droguería y, por tanto, difíciles de rastrear. El autor sabía a por quién iba. Los dejó en la puerta de las casas de dos familias afroamericanas con un historial de activismo que hizo pensar en un componente racial. El primer muerto tenía 39 años y se llamaba Anthony Stephan House, padre de una niña de 8. Era también el presidente de la asociación de vecinos del barrio e hijo adoptivo de un prominente pastor, lo que hizo pensar en alguna vendetta personal. Hasta que días después le explotó otro paquete similar a Draylen Mason, de 17 años. Su madre también resultó herida. Como lo abrieron dentro de la casa, fue más fácil recolectar restos minúsculos que el FBI investiga cuidadosamente y de los que podría sacar hasta huellas.

Son ya más de 500 agentes federales sobre el terreno que intentan conectar las piezas. La tercera víctima, una mujer hispana de 75 años cuya identidad no se ha hecho pública, también recibió el paquete en la puerta de su casa. Hasta ayer nadie quería hacer ruido, pero el SXSW ha terminado. Ya no basta con decir a la población que tenga cuidado con los paquetes que les lleguen, el peligro se ha expandido a las aceras de cualquier barrio, rico o pobre. «Te cogeremos», advirtió el jefe de policía.

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