Funeral perpetuo en Tailandia

La Guardia Real desfila delante de un retrato de Bhumibol durante un acto de homenaje a su abuelo./EFE
La Guardia Real desfila delante de un retrato de Bhumibol durante un acto de homenaje a su abuelo. / EFE

El rey Bhumibol, fallecido hace un año, será incinerado hoy en una pira mausoleo. Trece millones de súbditos desfilaron por su capilla

Antonio Corbillón
ANTONIO CORBILLÓN

El monarca más longevo del mundo (70 años y 126 días en el trono de Tailandia) merecía unas honras fúnebres a la altura de su reinado. Bhumibol Adulyadej, noveno rey de la dinastía Chakri, falleció el 13 de octubre de 2016. Más de un año ha pasado hasta que sus restos desfilen hoy por Bangkok hacia el palacio crematorio más fabuloso que se haya conocido. Allí se convertirá en cenizas hacia las diez de la noche hora local (horario vespertino en España).

Un carro dorado trasladará el cuerpo de Bhumibol, que cuando murió estaba a punto de cumplir 89 años, desde el Gran Palacio hasta Sanam Luang, un enorme parque situado al norte del recinto real. Es la ‘tierra de cremación real’, el lugar de la capital tailandesa donde regresan al cielo las ‘casi’ divinidades monárquicas que, como Bhumibol, han visitado la tierra para hacer un poco mejor la vida de sus súbditos. Fue coronado con 18 años en 1946, apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial.

El palacio-crematorio supera los 50 metros de altura. En su parte superior se instalará la pira funeraria de nueve puntas. Todo el escenario intenta recrear el monte Meru, centro del universo hindú y también representado en la religión budista. La última vez que se encendió una pira allí fue en noviembre de 2008 para despedir a la princesa Galyani Wathana, hermana de Bhumibol.

Miles de personas lloran a su rey en las calles.
Miles de personas lloran a su rey en las calles. / N. Sangnak

Este monarca asiático ha batido récords difíciles de igualar en parafernalia dinástica. Supera (por seis años) a Isabel II de Inglaterra en años de reinado. Desde que falleció hace más de un año, el país vive casi paralizado por una intrincada agenda funeraria. «La gente va por la calle como si fuera un funeral permanente», resume el fotógrafo y periodista Asier Reino, que reside desde hace tres años en Chiang Mai, al norte del país.

En Tailandia se escuchan cifras mareantes de este año del adiós. Pero ningún dato del coste económico de despedir a Rama IX (título con el que reinó), incluido el mausoleo funerario. Todo parece poco para mitigar el dolor por la marcha del rey más rico del mundo. La revista ‘Forbes’, le calcula una fortuna de 23.000 millones de euros.

Un funeral en cada ciudad

«Mañana (por hoy) se paraliza el país. Hasta las embajadas nos han dado indicaciones a los extranjeros de que vistamos de negro para mostrar el máximo respeto. Este es un país muy tradicionalista y la población quería mucho al rey», explica Asier Reino. Desde su casa en Chiang Mai se puede ver el aeródromo de esta ciudad, la cuarta de Tailandia, reconvertido en un centro ceremonial con miles de flores en un intento de representar lo que se vivirá en la capital.

Crematorio real en Sanam Luang.
Crematorio real en Sanam Luang. / REUTERS

Cerca de 13 millones de tailandeses (el 20% de su población) desfilaron por palacio durante los tres meses que permaneció abierta la capilla ardiente. Dos millones de voluntarios se apuntaron a ayudar en todo este proceso. Y decenas de miles llevan días enteros haciendo cola para intentar estar cerca del cortejo ceremonial. «Es un pueblo de un civismo y una gestión de las aglomeraciones admirable», asegura Reino.

A la cremación de esta noche le sigue un programa de actos que se prolongará hasta el domingo. Y al que asistirán representantes de 26 países y 16 casas reales. A la española la representará la Reina Sofía. La relación entre ambas casas reales ha sido bastante estrecha. Juan Carlos I y Sofía visitaron a Bhumibol en 1987 y 2006.

Después llegará el traspaso de la corona a su único hijo varón, Maha Vijiralongkorn, que será Rama X. Le comparan con Carlos de Inglaterra porque llega al trono en edad de jubilación (65 años). Tendrá que ganarse el respeto de un pueblo tradicionalista al que escandalizó con tres matrimonios y una vida bohemia y poco ejemplarizante. Su padre no abdicó antes porque no confiaba en él. Tampoco los militares, que gobiernan el país, y que han anunciado elecciones democráticas en noviembre de 2018.

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