El exespía ruso Skriptal y su hija siguen en estado crítico

Foto: Afp | Vídeo: Atlas

Sergei Skripal, condenado a 13 años de prisión por pasar secretos de Estado al Reino Unido, se encontraría en estado crítico

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

Al disidente búlgaro Giorgi Markov lo mataron en 1978 con ricino, inyectado con la aguja que remataba la punta de un paraguas cuando esperaba en una parada de autobús, en el puente de Waterloo. A Alexander Litvinenko lo envenenaron, en 2006, con plutonio disuelto en una taza de té, en la cafetería de un lujoso hotel, en el barrio de Mayfair, a cuatro pasos de la antigua embajada de Estados Unidos.

Hay otras muertes que han dejado dudas sobre su causa y cuyas circunstancias nunca han sido esclarecidas. La escena del posible envenenamiento de Sergei Skripal y de su hija Yulia ofrece de nuevo estética de novela. Fueron descubiertos en un estado de intoxicación grave en un banco de un pequeño parque, en el centro comercial de la exquisita capital de la planicie de Salisbury, rica en restos neolíticos.

Boris Johnson, ministro de Asuntos Exteriores, ha sido solemne en el Parlamento: "Digo a los países del mundo que ningún intento de cobrarse la vida de inocentes en suelo británico quedará sin sanción y sin castigo". Ha sugerido que, si se confirma que Rusia está detrás del crimen, la selección inglesa de fútbol podría ausentarse de la Copa del Mundo de fútbol este verano.

El ministro no culpa directamente a Moscú, que se ha ofrecido a colaborar en la investigación y ha denunciado que las primeras reacciones son "el guión de una nueva campaña contra Rusia". El jefe de antiterrorismo de Scotland Yard, Mark Rowley, reconoció que los precedentes señalan al Kremlin, pero que no hay que olvidar "que los espías rusos no son inmortales".

La Policía ha recogido de un gimnasio próximo al parque donde Sergey y Yulia Skriptal estaban en un estado crítico la imagen extraída de una cámara. Muestra a un hombre mayor, con pelo blanco y barba o perilla, y una mujer rubia, alta, aparentemente más joven que su pareja. El propietario del gimnasio la mostró a una agencia de noticias, que la ha publicado como una imagen que interesa a la Policía.

Interrogantes

Los datos que emergen sugieren interrogantes. Por qué emprendería Moscú, en vísperas electorales, una peripecia criminal otra vez en Inglaterra cuando la traición de Skriptal como agente de los servicios británicos de inteligencia le costó una condena de solo 13 años en 2006 y por qué matarlo si lo había dejado libre en 2010 en un canje con espías rusos, que operaban fundamentalmente en Estados Unidos.

En aquel juicio, le acusaron de cobrar unos 80.000 euros por sus servicios a Londres. Un año después de su puesta en libertad, compró con dinero en mano y con su nombre una casa de 300.000 en Salisbury. Yulia Skriptal vivía en Moscú y visitaba regularmente a su padre. Si la inteligencia rusa no lo había localizado por el registro catastral, la hija era un conducto sencillo hacia su padre. ¿Por qué los matarían juntos?

Por el momento, los expertos británicos se afanan para identificar el posible veneno. Los medios retratan al exespía que perdió a su mujer por un cáncer, a su hijo, que vivía con él, en un accidente en San Petersburgo. Nadie puede responder aún a otra pregunta: ¿de qué vivía ahora este hombre habitualmente vestido con un chándal?

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