Trump explota en insultos contra el director del FBI al que despidió

Comey se abotona la chaqueta durante su comparecencia ante un comité del Senado./B. Smialowski / afp
Comey se abotona la chaqueta durante su comparecencia ante un comité del Senado. / B. Smialowski / afp

El presidente de Estados Unidos acusa de «soplón» y «probado mentiroso» a James Comey por las revelaciones que hace en un libro

MERCEDES GALLEGOCorresponsal Nueva York

James Comey le llama en su libro mafioso, «mentiroso compulsivo». Donald Trump contraataca en Twitter acusándole de «soplón», «probado mentiroso» y, lo nunca visto, «bola de baba», que viene a ser gusano. «¡El peor director que haya tenido el FBI! ¡Es un honor haberle despedido!», proclamaba ayer en sus airados tuits del amanecer. A ese nivel de ordinariez ha degradado el magnate la institución de la presidencia que, hasta hace poco más de un año, era sagrada para los estadounidenses.

El libro más esperado del año llegará a las librerías el martes, pero el adelanto al que han tenido acceso algunos medios y la airada reacción del presidente lo han convertido ya en todo un éxito de ventas. La editorial ha mandado imprimir 850.000 copias de 'Una lealtad superior: verdades, mentiras y liderazgo' solo para la primera edición. Como le ocurrió a Michael Wolff con 'Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump', no hay mejor escaparate publicitario que ponerse en la diana del presidente.

Desde la Fox, a Comey le lanzan banderillas sin parar: «Arrogante, inmoral, engañoso, llorón, una rata, tiene delirios de grandeza, está mal de la cabeza (…)», decía ayer uno de sus tertulianos, que se refería a Trump como «mi buen amigo el presidente». El resto de las cadenas se deleitan con la esperada ristra de entrevistas. La primera, mañana con George Stephanopoulos en ABC. Comey se ha tomado la promoción de su libro como un servicio a la patria y planea peregrinar sin descanso, ciudad por ciudad, hasta junio.

Por lo que se sabe, no revela nada que no se conociera o se imaginase, pero con su entrenado ojo de FBI realiza una descripción demoledora del presidente y sumerge al lector en las escenas más claves de su historia con vívidas descripciones. «Su rostro parecía ligeramente anaranjado con medias lunas blancas debajo de los ojos, donde asumo que se coloca las pequeñas gafas de bronceado, un impresionante peinado, cabello rubio y brillante, que al inspeccionarlo de cerca parecía suyo… Según me extendió la mano tomé nota mental de su tamaño. Era más pequeña que la mía, pero no inusualmente pequeña».

Sus encuentros comienzan en la Torre Trump, donde le tocó informarle del polémico dossier de Christopher Steele con el que los rusos podían chantajearle. Había información sobre sus negocios muy comprometedora, pero lo que realmente le «obsesionaba» eran los detalles más soeces sobre su presunto encuentro con prostitutas en un hotel de Moscú, a las que habría pedido una «lluvia dorada» sobre el colchón en el que habían dormido los Obama.

Exigencia de lealtad

Trump no solo quería que el FBI le exculpase frente a cuantos ya conocían el contenido. Quería convencer a Comey de que no era cierto. «¿Me ves a mí como alguien que se acuesta con putas?», le decía. «Además, tengo fobia a los gérmenes. Ni de coña iba a dejar que se orinasen a mi lado». El exdirector del FBI, un verdadero conservador al que meses después despediría por no rendirle la lealtad exigida, no le hace ningún favor al compartir su cálculo de que la suite del Ritz es lo suficiente grande como para haber podido contemplar la escena desde la distancia sin mancharse.

En los avances de la entrevista revela también su sorpresa al explicarle Trump que necesita que desmienta la escena «por si hay un 1% de posibilidades» de que su esposa la crea. «Pensé para mí: ¡Un 1%! ¿Cómo puede creer su esposa que es capaz de eso? Soy un hombre con muchos fallos, pero literalmente hay un 0% de posibilidades de que mi esposa crea que he estado acostándome con prostitutas que se orinaban delante de mí».

A esas alturas Comey era ya un hombre atormentado por la responsabilidad que tenía en la elección del presidente más inmoral de la historia, que «se desvincula de la verdad y se esfuerza en envolvernos a todos en su realidad alternativa». Su decisión de reabrir la investigación sobre los emails de Hillary Clinton a diez días de las elecciones pudo haberle costado la presidencia a la demócrata. Un mes después, cuando medio país se encontraba aún en 'shock' por el resultado, Obama absolvió al alto funcionario. «Te elegí para ser director del FBI por tu integridad y capacidades. Quiero que sepas que nada, absolutamente nada de lo que ha ocurrido en el último año, me ha hecho cambiar de opinión», le dijo el mandatario demócrata. Él lo miró agradecido con lágrimas en los ojos. «Oh, Dios, esas eran las palabras que necesitaba oír. Solo intentaba hacer lo correcto».

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