Un estudiante expulsado mata a 17 personas en un instituto de Florida

ADVERTENCIA: Este vídeo contiene imágenes que pueden afectar la sensibilidad de algunas personas. / Escenas de dolor entre los jóvenes estudiantes.

Otros veinte jóvenes están heridos, cinco se encuentran en estado crítico. Se trata del tercer tiroteo estudiantil más mortal de la historia

MERCEDES GALLEGO

“¿Cómo le dices a alguien que Dios le ama cuando acaban de matarle a su hijo?”. Después de hablar con tantos padres dolientes en una sola noche, hasta el capellán Henry Ward parecía haber perdido la fe en este Miércoles de Ceniza y corazones rotos. La masacre del instituto Marjory Stoneman Douglas (Florida) sumaba anoche 17 víctimas mortales y aún puede aumentar, porque de los veinte heridos cinco se encuentran en estado crítico. Entre ellos no está el pistolero, un estudiante de 19 años expulsado el año pasado, que fue detenido sin oponer resistencia, por lo que podrá arrojar luz a tanta muerte sin sentido.

Designado por la policía como centro de encuentro para las familias, el hotel Marriott de Coral Springs se convirtió en una morgue sin cadáveres. En la frente de muchos católicos las cruces se habían emborronado de tanto llevarse las manos a la cabeza. Padres al borde de una crisis que ni siquiera podían llorar por sus hijos porque nadie les había dicho que estuvieran muertos. Simplemente sus teléfonos habían dejado de sonar a las 2.30 pm de la tarde, la hora en que Nikolaus Cruz abrió fuego contra un profesor y todos los que se encontraban alrededor. Pum, pum, pum, se oía en los vídeos que grabaron los estudiantes. Al principio, tímidos y sordos, luego rotundos y frenéticos, como si la visión de la sangre hubiera convertido la venganza en locura.

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A Gabriella Figueroa, de 16 años, un profesor asustado le cerró en la cara la puerta del armario en el que iba a refugiarse. “Otra más amable me cogió de la mano y se encerró conmigo en el armario de otra clase. Allí estuvimos dos horas hasta que nos sacó la policía con las manos en alto. Éramos diez, hacía un calor infernal, no paré de llorar en todo el tiempo”. Por los corredores ensangrentados vieron piernas que salían de debajo de los pupitres, rostros boca abajo en charcos de sangre, mochilas abandonadas por todos lados… Era la hora de irse a casa y sacar a la novia a cenar por San Valentín. Victoria, otra estudiante que anoche estaba en ataque de nervios, dice que vio muchos cadáveres pero no pudo reconocer a nadie “de tan ensangrentados que estaban”, explicó por ella su amigo Josh Levine.

En la imagen superior el autor de la masacre de Florida tras ser detenido. Debajo, uno de los heridos es trasladado a un hospital y el gran despliegue policial puesto en marcha en el instituto.

Quizás por eso a la policía le estaba costando tanto poner nombre a las víctimas, muchas de las cuales ya circulaban por las redes sociales mientras sus padres y familiares hacían guardia en el Marriott. La obstinada esperanza de que aparecieran inconscientes en un hospital se prolongó hasta la madrugada.

Tomy Glenn formaba parte de la escolta de amigos que acompañaba a Douglas Steoliny por los hospitales de la zona en busca de su novia Meadow Polloky, una joven de 18 años que no había dado señales de vida desde que su instituto saltó a las noticias. “Me quedé sin habla cuando vi que era el Douglas. Nunca pensé que eso pudiera pasar aquí”. El novio doliente decía haber rastreado el teléfono a través del GPS. Seguía en la escuela, acordonada por la policía, abandonada por los estudiantes que escaparon saltando por las ventanas y subiendo vallas, como una docena de cadáveres, a la espera de que el médico forense autorizase el levantamiento –el resto murió en la calle o en el hospital.

Después de apretar el gatillo hasta cansarse Nikolaus Cruz tiró de la alarma de incendios y aprovechó la confusión de 3.000 alumnos en estampida para caminar con calma entre los que creyeron vivir otro simulacro. El segundo del día, pensaron, cómo se pasan. Hubo quien lo reconoció y cuando la policía lo detuvo a tres kilómetros de la escuela no ofreció resistencia, pero respiraba con tanta dificultad que lo llevaron a un hospital. Hijo adoptado y con problemas mentales, se quedó huérfano en noviembre pasado, según contó un primo a la cadena ABC. Su madre murió por una gripe que derivó en neumonía. Su padre, hace trece años de un infarto.

“Todos tenemos problemas, pero el verdadero problema aquí es que es demasiado fácil conseguir un arma”, zanjó José Herminan, un dominicano que esperaba en el Marriott noticias de su sobrino Henry, de 17 años. Cruz le ha contado a la policía que compró legalmente el rifle AR-15 con que presuntamente perpetró la masacre. Con 270 millones de armas y 90 tiroteos masivos entre 1966 y 2012, sólo Yemen le gana a EE UU en esta olimpiada del dolor que son las masacres, pero todavía EE UU tiene más armas, según un estudio de la Universidad de Alabama. Sobre el duelo de esta nueva masacre estudiantil volverá a abrirse la brecha del debate político, tan crispado como estéril.

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