25 años de la matanza de Waco: 51 días de asedio que acabaron en tragedia

El asalto al rancho-fortaleza de los Davidianos terminó con la inmolación de los recluidos./Agencias
El asalto al rancho-fortaleza de los Davidianos terminó con la inmolación de los recluidos. / Agencias

David Koresh se ha había encerrado con 95 de sus fieles en un rancho fortificado a las afueras de la localidad texana. 86 de ellos perecieron en una inmolación colectiva

Jon Garay
JON GARAY

Eran casi las 6.00 horas de la mañana del 19 de abril de 1993 cuando un tanque arremetió contra las paredes del rancho-fortaleza del Monte Carmelo. Allí llevaban atrincherados desde hacía 51 días 95 miembros de la secta de los Davidianos. El FBI apostaba por que el asalto duraría dos horas y que los encerrados se entregarían. Los niños saldrían de la mano de sus madres. No fue así. Lo que registraron las cámaras de televisión allí desplazadas fue una inmolación colectiva que acabó con la vida de 86 de los seguidores de David Koresh. 17 de ellos eran menores.

Todo había comenzado semanas antes, el 28 de febrero. Ese día, las autoridades trataron de entrar en la granja donde residían desde 1955 los miembros del movimiento de los Davidianos Adventistas del Séptimo Día. Su ideario mezclaba profecías apocalípticas con una fe ciega en su líder, David Koresh, cabecilla del movimiento desde 1987 tras librarse a tiros de un rival que le disputaba la primacía.

Nacido el 17 de agosto de 1959, Vernon Wayne Howell, que así se llamaba realmente, tuvo una infancia difícil. Hijo de una madre soltera de tan solo 15 años que acabaría dejándole en manos de su abuela durante unos años para volver a su vida tiempo después, disléxico y con pocas dotes para los estudios, dedicó sus esfuerzos a memorizar el Antiguo Testamento. Tras ser expulsado de la congregación a la que pertenecía su madre, se trasladaría a Waco en 1981. Ya allí comenzó a propagar que era el elegido por Dios para desencadenar el fin del mundo, lo que le confería el derecho, entre otras cosas, de casarse con más de diez mujeres, incluidas niñas de apenas 12 años, y maltratar a los menores con palizas y privándoles de comer. En todo ese tiempo acumuló un enorme arsenal que fue precisamente el motivo de que aquel día de febrero las autoridades tratasen de entrar en lo que acabaría llamándose como 'el Rancho del Apocalipsis'. Murieron cuatro agentes del Departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego y cinco miembros de la secta.

David Koresh, el líder de la secta.
David Koresh, el líder de la secta. / Agencias

A la alarma provocada por estos hechos se sumaron las revelaciones de los abusos sexuales a los que Kosher sometía a sus discípulos. El FBI movilizó entonces a entre 400 y 500 agentes para poner fin a aquella situación. Llegaron a cortar el suministro de agua para obligar a los encerrados a salir. Incluso ponían música tibetana y villancicos navideños en altavoces día y noche para minar su moral. Ninguna de aquellas maniobras evitaron el desastre. Transcurridos 51 días, Bill Clinton aprobó el plan presentado por la fiscal general Janet Reno, que apenas llevaba un mes en el cargo y que también tendría que afrontar la caza definitiva del Unabomber, y comenzó el asalto definitivo.

Tras el embate inicial del tanque, que derramó gas lacrimógeno en el interior de la granja, le sucedieron seis horas donde se sucedieron varias explosiones. Finalmente, pasadas las 12.00, comenzó a salir una enorme humareda del rancho. El incendio tardaría en sofocarse precisamente porque las autoridades habían cortado el suministro de agua. Murieron 86 personas. El cádaver de Kodesh fue encontrado con un tiro en la cabeza. «Sentaos y esperad sencillamente hasta ver a Dios», había dicho a sus fieles.

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