Cortar por lo sano

Un niño llora camino de su circuncisión en un hospital de Argelia./REUTERS
Un niño llora camino de su circuncisión en un hospital de Argelia. / REUTERS

Islandia estudia penas de seis años de cárcel por practicar la circuncisión. En otros países hay un fuerte debate. «No es dañino y tiene beneficios», insisten los líderes judíos y musulmanes

ANTONIO CORBILLÓN

Por una vez, judíos y musulmanes hacen causa común en la defensa de sus tradiciones. Ambas comunidades han unido sus argumentos en contra del debate que se está abriendo en Europa para poner en cuestión la práctica de la circuncisión masculina. La puerta la han abierto desde Islandia con una propuesta de ley que tramita su Parlamento y que plantea una condena de hasta seis años de cárcel para quien cercene la piel del prepucio a un bebé. «La circuncisión que no sea con fines médicos es una violación de los derechos humanos de los niños», afirma contundente el texto.

El asunto ha saltado en la capital más septentrional del mundo y en el único país de Europa que no tiene ni una sola sinagoga. Pero siempre ha sido un país pionero y ya reguló las condenas de cárcel para casos de ablación genital femenina en 2005. En Islandia (320.000 habitantes) apenas viven 250 judíos. A los que hay sumar los 1.500 musulmanes que tampoco podrían mantener su rito.

Pero el rechazo viene de atrás. En 2013, el Consejo de Europa aprobó, aunque de forma provisional, su resolución ‘Derecho de los niños a la integridad física’. En ella se instaba a «iniciar un debate público» sobre todas las prácticas rituales que afecten al físico de los menores. Un año antes, el Gobierno alemán atajó la creciente demanda de prohibición con una ley para mantener la legalidad de esta costumbre. Incluso permite que sean realizadas por personas (el ‘mohelim’ lo llaman los judíos) sin licenciatura médica.

Tradición milenaria

Obligación judía
El octavo día de vida es el elegido para hacer la circuncisión, símbolo físico de la relación con Dios. Un precepto a cumplir por el padre, como Abraham cumplió con su hijo Isaac. Es la más antigua costumbre hebrea y consiste en un corte circular en el prepucio del varón.
Opción musulmana
El Corán no exige la ‘tahara’ (purificación). Es una muestra de respeto a Abraham (profeta del islam). Tampoco hay una edad obligatoria. Los musulmanes de Europa aprovechan sus vacaciones en sus países para circuncidar a sus hijos. En Marruecos sale por unos 50 euros. En España, cuatro veces más.
45.000
judíos viven en España. Los musulmanes ya constituyen la segunda comunidad religiosa del país, con casi dos millones de personas.
Más prohibiciones
También hay un creciente rechazo en Europa a los rituales del sacrificio de animales, tanto hebreos como islámicos, que dan lugar a las comidas ‘kósher’ y ‘halal’, respectivamente. En Valonia (Bélgica) se prohibirá a partid de 2019 y en el resto de Europa hay fuertes campañas de grupos animalistas en el mismo sentido. Musulmanes y judíos argumentan que su método de sacrificio (un corte limpio en el cuello) es menos doloroso que el de los mataderos convencionales.

El proyecto islandés denuncia que «la operación se realiza sin anestesia» y en lugares que «no son centros quirúrgicos, sino hogares, y por líderes religiosos en lugar de médicos». En nuestro país, con más de 45.000 judíos, también se realizan cada año un buen número de estos rituales. Desde la Federación de Comunidades Judías de España, su secretario general, Elías Cohen, insiste en los mismos argumentos que estos días repiten los líderes europeos de su comunidad. «La circuncisión es una tradición milenaria, aceptada en todos los países europeos. Para el procedimiento (‘mohel’) reciben formación sanitaria, usan material esterilizado y siempre suele estar presente un profesional sanitario. No es una práctica dañina para la salud, ni para el desarrollo humano, y además ha demostrado ciertos beneficios médicos».

Antisemitismo

De hecho, en la nórdica Noruega, una ley protege desde 2015 el ‘Brit Milá’, nombre ritual de la circuncisión varonil. Por eso, las comunidades judía e islámica están usando todos sus medios de presión para bloquear el proyecto de la ‘isla de hielo’, antes de que otros estados lo tomen como ejemplo. Los líderes hebreos del resto de Escandinavia agitan el fantasma de la persecución y el antisemitismo. Razonan que, al no tener en la isla un colectivo organizado, «prohibir el ‘Brit Milá’ sería un elemento de disuasión eficaz y garantizará que no se establecerá una comunidad judía».

En su pulso con los políticos locales, han encontrado una sorprendente aliada en la arzobispa protestante de Reikiavik, Agnes M. Siguröardóttir, que advirtió del riesgo de que «judaísmo e islam se conviertan en religiones criminalizadas».

«Si no tiene fines médicos es una violación de los derechos humanos de los niños»

La llamada de los rabinos contra «un ataque que concierne a todos los judíos del mundo» tiene una primera reacción. El movimiento jasídico (ortodoxo) Jabad ha enviado a Reikiaivik desde Nueva York al rabino Avi Feldman, su esposa sueca, Mushky, y sus dos hijas. Espera abrir allí la primera sinagoga y un ‘mikvah’ (baño ritual). Además de convencer a los legisladores de que «tengan una cláusula de exención religiosa», explicó Avi a ‘The Israel Times’.

También desde España, Elías Cohen razona que hay «un debate innecesario, puesto que la mayoría de los judíos varones lo practican en total libertad de decisión». Es lo contrario que dicen los legisladores de Islandia, que lamentan que quienes sufren la intervención no pueden decir nada. Suelen tener ocho días de vida.

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