Cien años de voto femenino en Westminster

Constance Markievicz, la primera diputada británica./EFE
Constance Markievicz, la primera diputada británica. / EFE

La primera mujer elegida diputada, en 1918, fue Constance Markievicz, irlandesa y del Sinn Féin

LOURDES GÓMEZ

El Parlamento de Westminster dedica 2018 al centenario de la emancipación política de la mujer. ‘Voto 100’, título global del programa, rememora dos avances legales que facilitaron la participación femenina en el proceso democrático. La ley de Representación del Pueblo extendió el sufragio a mujeres mayores de 30 años, propietarias o universitarias, pero hubo que esperar una década más a la igualdad de género en las urnas. Un breve texto legislativo adicional dio luz verde a candidaturas femeninas en las elecciones generales del 14 de diciembre de 1918.

Constance Markievicz ha quedado relegada a un pie de página en los anales del Parlamento británico aunque marcó un hito en la historia del Imperio. Protestante anglo-irlandesa, casada con un conde polaco (su apellido de soltera era Gore-Booth) fue la primera mujer electa a los Comunes. La única victoriosa de las 17 candidatas a las legislativas de 1918, incluida la sufragista Christabel Pankhurst.

Markievicz defendía una circunscripción de Dublín por el Sinn Féin y aplicó la tradición absentista del partido republicano, que aún perdura en Westminster. El escaño quedó vacío, privando al movimiento sufragista de la anhelada fotografía de una diputada entrando en la Cámara Baja por derecho propio.

Mayores de 30 años, propietarias o universitarias pudieron ir a las urnas en 1918

Las escuetas referencias a la singular parlamentaria responden en parte a su agitada trayectoria. Markievicz participó en el Alzamiento de Pascua que proclamó la República de Irlanda en 1916. Comandó una brigada del Ejército de Ciudadanos Irlandeses, la fuerza obrera formada por el socialista James Connolly. Ocupó el cargo más alto confiado a una mujer en la revuelta armada, que aplastó el Ejército británico en una semana. Los siete firmantes de la declaración y otros nueve comandantes fueron ejecutados en la inmediata represión posterior. La condesa salvó la cabeza por su condición de mujer y madre de una niña. Su sentencia fue conmutada por una pena en prisión, que cumplió en Inglaterra hasta junio de 1917.

Una Constitución por actualizar

La República de Irlanda proclamada en 1916 se constituyó como una «alianza de todos los irlandeses e irlandesas» que «garantiza la libertad religiosa y civil, la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos…». Formar un «Gobierno nacional permanente, representativo de todo el pueblo irlandés y elegido por el sufragio de todos sus hombres y sus mujeres» destacaba entre sus principios fundamentales.

La Constitución de 1937, vigente todavía en Irlanda, garantiza el sufragio universal, pero relega a la mujer a la «función social» de esposa y madre. La carta magna reconoce que «con su vida dentro del hogar, la mujer brinda al Estado un apoyo sin el cual no se podría conseguir el bien común». Y compromete al Estado a esforzarse para «garantizar que las madres no se vean obligadas por necesidades económicas a dedicarse al trabajo descuidando sus deberes en el hogar».

«Me cuesta mucho explicar estos artículos de la Constitución a otros diplomáticos de la Unión Europea», comentó el embajador irlandés Daniel Mulhall antes de dejar su plaza en Londres con destino a Washington. El presidente Leo Varadkar ha anunciado finalmente la revisión constitucional de estas cláusulas aparentemente discriminatorias. Podrán ser enmendadas o abolidas en un referéndum previsto este mismo año.

Ministra de Trabajo

Londres no sofocó la sublevación irlandesa. Esa Semana Santa prendió la llama perenne de libertad y soberanía nacional, como sugiere William Butler Yeats en su poema ‘Pascua 1916’. «Todo ha cambiado, cambiado del todo/ Una terrible belleza ha nacido», dice el estribillo. Sinn Féin obtuvo la victoria moral de la insurrección y su pulso separatista comenzó a ganar simpatías que hasta entonces acaparaba el constitucionalista y autonomista Partido Parlamentario Irlandés. La causa republicana se benefició además del «llamado ‘complot alemán’, un fiasco de Inteligencia que llevó al arresto en masa de miembros destacados del Sinn Féin», según explica el historiador norirlandés Paul Bew.

En la campaña de 1918, Markievicz y otros 46 candidatos republicanos estaban en la cárcel por supuesta colaboración con Alemania en la Primera Guerra Mundial. Sinn Féin se hizo con la mayoría de escaños irlandeses con un manifiesto que proponía reinstaurar la República, establecer una Asamblea Nacional y recabar apoyo internacional en la Conferencia de Paz de París. El 21 de enero de 1919 se formó el primer Dáil (Parlamento) en Dublín, que declaró la República de Irlanda y a Eamon De Valera como presidente. Markievicz obtuvo la cartera de Trabajo en el autoproclamado gabinete, convirtiéndose en la primera mujer al frente de un ministerio ‘duro’, según su biógrafa Diana Norman.

Keats frecuentaba la finca de los Gore-Booth, ‘Lissadell’, en el condado de Sligo, y no siempre es generoso con la rebelde aristócrata. «Markievicz cultivó su imagen de militante. Fue una consumada propagandista. Generó polémica y aún es una figura polarizada. Algunas reacciones negativas se deben pura y simplemente al sexismo. En otros casos, incluido el de Yeats, se funden resentimientos más complejos en torno a la idea de que traicionó a su clase social, abusó de sus privilegios y se degradó», sostiene Lauren Arrington, académica de Liverpool y autora de ‘Revolutionary Lives: Constance and Casimir Markievicz’.

Constance Gore-Booth nació en la capital británica en 1868. Estudió bellas artes en Londres y París, donde conoció al pintor y dramaturgo Casimir Markievicz. Casados en 1900, se movieron entre la bohemia europea antes de emprender vidas amistosamente separadas una vez que ella adquirió conciencia de su identidad irlandesa y forjó lazos con el movimiento renacentista celta.

Persiguió desde entonces la soberanía nacional como meta para lograr la libertad de la mujer y del obrero. «Creía que la independencia nacional a través del establecimiento de una república llevaría a la igualdad de clases sociales y de género en la nueva Irlanda», explica Arrington. Markievicz se mantuvo políticamente activa hasta su muerte, en 1927. Yace junto a los rebeldes republicanos en el cementerio de Glasnevin, en Dublín.

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