El gran 'emperador' chino veta a los grandes medios de comunicación del mundo

El presidente, Xi Jinping, saluda, en el centro, rodeado por los miembros del comité permanente del politburó./REUTERS
El presidente, Xi Jinping, saluda, en el centro, rodeado por los miembros del comité permanente del politburó. / REUTERS

Xi Jinping sale coronado del congreso del Partido Comunista con los mismos honores que Mao y Deng, y sin señalar a un sucesor

Zigor Aldama
ZIGOR ALDAMA

Que el poder del presidente chino, Xi Jinping, no hace más que crecer se demostró ayer durante la presentación en sociedad del nuevo comité permanente del politburó, la cúpula del poder político chino formada por siete hombres. Pero no tanto por los nombres de los cinco que se sentarán en los asientos que quedan vacantes tras la jubilación forzosa de sus antecesores, sino por el veto que Xi impuso a algunos de los principales medios de comunicación internacionales que querían cubrir la conferencia de prensa que dio.

La cadena británica BBC, la revista ‘The Economist’ y los diarios ‘The New York Times’, ‘Financial Times’, y ‘The Guardian’, entre otros, no pudieron asistir al acto en el que se desvelaron los nombres de los miembros del selecto grupo, aunque algunos llevaban veinte años haciéndolo. Fue también el evento con el que se puso fin al 19º Congreso Nacional del Partido Comunista de China PCCh), en el que Xi ha anunciado el inicio de «una nueva era» y el «gran rejuvenecimiento de la nación china».

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Aparentemente, esa nueva era no será muy diferente a la anterior en lo que a transparencia y libertades se refiere. El Club de Corresponsales de China asegura que los medios vetados han sido castigados por su cobertura crítica con el régimen. No es la primera vez que sucede algo parecido, pero la exclusión de cabeceras tan importantes demuestra que Xi continuará cerrando su puño y que no le preocupa lo que de él se diga en el extranjero. Como ha puesto de relieve Reporteros Sin Fronteras, la libertad de prensa se ha ido deteriorando desde que fue nombrado presidente hace cinco años.

De la mayor confianza

Entre los cinco nuevos miembros del politburó, cuatro serán fieles escuderos y ninguno le llevará la contraria. Wang Yang, miembro directivo de la Liga de Jóvenes Comunistas, es el único que parece más cercano a las teorías de los expresidentes Hu Jintao y Jiang Zemin. El resto pertenece a la esfera de mayor confianza de Xi. Li Keqiang ya le ha acompañado en lo más alto como primer ministro durante su primer mandato y seguirá haciendo lo propio durante el segundo. Li Zhanshu presidirá el Parlamento y Zhao Leji dirigirá el temido organismo de disciplina del propio partido. El comité permanente del politburó lo cierran Han Zheng, exalcalde de Shanghái, y Wang Huning.

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Relevante es que ninguno de los seis hombres que acompañan a Xi al frente de la segunda potencia mundial podrá sucederle al final de la legislatura, porque en 2022 ya habrán cumplido todos los 67 años y deberán jubilarse. Esto demuestra que Xi tiene el poder suficiente como para romper con tres décadas de tradición y no ha nombrado a ningún sucesor al inicio del segundo mandato, teóricamente el último.

Y es evidente que Xi podría tratar de seguir aferrado al timón durante otros cinco años o incluso una década más. Es una posibilidad que tendría sentido también porque quien aparece como su más posible sucesor, Chen Min’er, acaba de ascender al politburó, el segundo escalón en la estricta jerarquía del poder chino. Quien vaya a ser coronado presidente debe antes pasar por el comité permanente, un peldaño que el actual secretario general del partido en la ciudad de Chongqing podría dar dentro de un lustro.

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En cualquier caso, Xi está ya al mismo nivel que los artífices de la China moderna: Mao Zedong, fundador de la República Popular, y Deng Xiaoping, impulsor de las reformas económicas que han dado como resultado la aparente contradicción de un comunismo político acompañado del capitalismo económico más exacerbado. Prueba de ello es que en el Congreso Nacional de este año la Constitución del partido ha adoptado la ideología de Xi con nombre y apellido, algo que estaba reservado a esos dos antecesores.

Contra la disidencia

Con este poder, Xi quiere hacer de China una gran potencia capaz de rivalizar con Estados Unidos coincidiendo con el centenario de la República Popular, en 2049. Para ello, el presidente ha prometido continuar ‘limpiando’ de corruptos el partido -una campaña que para algunos encierra también una purga política-, seguir mejorando el bienestar de la población y erradicar la pobreza en 2021 -coincidiendo con la celebración del centenario del partido-, modernizar el Ejército para que sea capaz de enfrentarse a cualquier enemigo y ahondar en las políticas de apertura al exterior que comenzó Deng.

Lo que también ha dejado claro durante la cita política quinquenal es que no tolerará la disensión. Continuará atajando con la hoz y el martillo todo tipo de activismo que pueda poner en peligro la armonía y la estabilidad social, y mantendrá la actual política de censura y de bloqueo de información libre en internet. Esa actitud contrasta con el papel que busca jugar en la esfera internacional, donde muchas veces aparece como adalid del libre comercio y de la globalización para contraponerse al proteccionismo que representa su homólogo estadounidense, Donald Trump.

Por lo tanto, es evidente que en esta segunda legislatura se verá a un Xi mucho más seguro y apabullante que en la primera. Pero también tendrá que dar solución a diferentes problemas: desde el crecimiento de la desigualdad social -un contrasentido para un país que se califica de socialista- hasta el frenazo en el crecimiento económico, pasando por la necesidad de desactivar las dos grandes burbujas que más preocupan a los analistas, la inmobiliaria y la de la deuda. La legitimidad del Partido Comunista reside en su capacidad para seguir mejorando la vida de sus 1.400 millones de súbditos, y para que continúe siendo «la columna vertebral del país» es imprescindible que no fracase en este punto. Solo con el puño de hierro no basta.

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