El misterioso caso de los «ataques acústicos» a diplomáticos en Cuba

Raúl Castro, presidente de Cuba.
Raúl Castro, presidente de Cuba. / REUTERS

Raúl Castro se ofrece a colaborar con EE UU y Canadá para aclarar el supuesto «atentado sónico» sufrido por 26 funcionarios en la isla

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO

Raúl Castro quiso poner fin ayer al caso del «ataque acústico» que entre noviembre del 2016 y la primavera siguiente causó «síntomas físicos» a 21 diplomáticos estadounidenses y a cinco canadienses. En un gesto sin apenas precedentes, el presidente convocó al embajador de Estados Unidos, Jeffrey DeLaurentis, para negarle, en primera persona, su implicación en el «atentado sónico», expresarle su «perplejidad» por lo ocurrido y ofrecerle -algo más inusual si cabe- que el FBI inspeccionara sobre el terreno el misterioso caso.

Las historias de espionaje a funcionarios acreditados en la isla son antiguas. No pasaban de movimientos de muebles cuando los ocupantes de las viviendas estaban ausentes y huellas evidentes de la presencia ajena. Por causa de esa leyenda urbana, muchos extranjeros todavía hoy hablan del tiempo dentro de sus viviendas mientras, con señas, invitan a su interlocutor a salir a la calle para charlas «sin ser escuchados» por supuestos micrófonos.

En cualquier caso, ni el FBI, ni la Policía Montada de Canadá -también invitada por Castro a realizar una inspección en la isla- han podido llegar a una conclusión razonable ni acusan al Gobierno cubano sobre lo ocurrido. Los afectados relatan situaciones y síntomas diferentes. Una de ellas ocurrió en el recién remodelado Hotel Capri, gestionado por la española NH. Un ruido estruendoso hizo saltar de la cama a un diplomático. Al parecer, el sonido paró cuando se alejó del dormitorio y volvió a sonar cuando regresó. Después de este episodio notó sordera y dificultad para hablar.

Otros funcionarios extranjeros aseguran haber sufrido los efectos del «ataque sónico» en sus propias casas. La mayoría referían síntomas como mareos, náuseas, jaquecas severas, problemas de equilibrio y un prolongado zumbido en los oídos. Los expertos defienden que no hay ningún dispositivo acústico que provoque ese tipo de reacciones. Todos los diplomáticos mejoraron al abandonar la isla. Para Fulton Armstrong, un exfuncionario de la CIA acreditado en La Habana, «nada de esto tiene una explicación razonable (…) Es misterio tras misterio tras misterio». Sus especialistas barajaron teorías dispares: desde un «arma sónica» usada por el Gobierno cubano o por una facción disidente de sus fuerzas de seguridad hasta la implicación de Rusia o Corea del Norte.

Puros venenosos

En Cuba ya nada sorprende, teniendo en cuenta que Fidel Castro sufrió nada más y nada menos que 640 intentos de asesinato, según cuenta Fabián Escalante, encargado de su seguridad durante años. Lo intentaron con todo tipo de artefactos; desde un puro venenoso y explosivo hasta un traje de neopreno envenenado con esporas y bacterias, la «pluma-jeringa hipodérmica» o la caracola explosiva.

El Departamento de Estado norteamericano admitió que el pasado mes de mayo exigió la salida de dos diplomáticos cubanos por el caso de los ataques acústicos, al que el ministerio de Relaciones Exteriores cubano respondió ofreciéndole su total colaboración.

Se da la circunstancia de que el mismo día que salió al la luz este caso -el pasado viernes- las delegaciones de EE UU y Cuba mantenían en Washington la tercera reunión bilateral sobre aplicación y cumplimiento de la ley. Entre los temas tratados figuraron la lucha el terrorismo, el tráfico ilícito de drogas y personas y los ciberdelitos. Las partes aprovecharon la cita para hablar sobre los llamados «ataques acústicos», que el Departamento de Estado rebajó a «incidentes».

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